Trekking Poon Hill parte 1

Llegó el día de comenzar el trekking de Poon Hill que habíamos planificado para 4 etapas/días. En la primera iríamos en coche desde Pokhara hasta Nayapul y allí empezaríamos a andar hasta Ulleri donde pasaríamos la noche. La segunda etapa consistiría en ir desde Ulleri a Ghorepani y dormir allí. En la tercera subiríamos a Poon Hill y de allí caminaríamos hasta Ghandruk y en la cuarta volveríamos a Nayapul.

¿Seríamos capaces de terminarlo estando en tan baja forma? Porque Raúl y Laura están entrenados pero Víctor y sobre todo yo, Irene, eso es otra historia…

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Dia 1 desde Pokhara hasta Nayapul

Lo primero era llevar una mochila con lo básico para cargar lo menos posible. La mochila grande la dejamos en el hotel con el compromiso de volver a alojarnos en él a la vuelta del trekking. Llevábamos dos camisetas y un pantalón para la caminata, un cambio para las noches, una sudadera, el chubasquero, tres cambios de ropa interior, cepillo de dientes, jabón, toalla, chanclas, crema solar y gafas de sol. En los pies llevábamos nuestras zapatillas de deporte aunque es verdad que unas de montaña habrían sido mejor opción. Fue difícil dejar atrás mi secador de viaje, mi rímel y mis planchas de pelo. Sí, sí, leéis bien, en esa mochililla de 10 kg llevo hasta unas mini planchas para el flequillo. Gracias mamá por el regalo. Un truco de belleza que me enseñó Laura para estas ocasiones: hay una leche de coco (de la marca Parachute) que vale como hidratante para cuerpo y pelo, incluso para quemaduras y picaduras de insectos. Encima está tirada de precio.

Conseguimos negociar con los de nuestro hotel (Lake Breeze) para que nos subieran en su coche hasta el punto de partida por 1.600 rupias (unos 14 euros), que es un poquito menos de lo que te piden los taxis por recorrer los 47 kilómetros que hay de distancia. Llegamos y lo primero que hicieron fue pedirnos todos los permisos, por si alguno se pensaba que podía colarse sin pagar la tasas. ¡En ese momento sí que sí comenzaba el trekking!

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Antes de meternos en terreno pantanoso hicimos una cosa que nos habían recomendado: ponernos los calcetines por encima de los pantalones y rociarnos el calzado con Relec y sal, porque las montañas están llenas de lichis (sanguijuelas) que trepan como alma que lleva el diablo para buscar algo de piel donde succionar. Tuvimos algún que otro percance con estos bichos pero eso fue más adelante… Las pintas que llevábamos eran todo un poema pero mas valía prevenir que curar.

El inicio parecía bastante fácil, siguiendo el curso del río con poco desnivel, pasando por puentes colgantes, interactuando en las aldeas con niños muy curiosos y descalzándonos para cruzar pequeños riachuelos. La única pega era el calor sofocante que nos dejaba sin aliento. Victor y yo nos hicimos los montañeros valientes pero estamos seguros de que Laura y Raúl se partieron de risa al ver a dos novatos con la cara roja como un tomate y sudando como pollitos que somos…

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La cosa se complicó al final de la primera etapa cuando empezamos a subir escaleras como si no hubiera un mañana, como si fueran a desaparecer todas las escaleras del mundo, como si hubiera que subir hasta el fin del universo… un infierno vamos. Cualquier montañero que lea esto pensará que somos unos pipiolos exagerados pero así es como lo vivimos nosotros. Encima cada vez que le preguntábamos a algún local cuánto quedaba para Ulleri nos decían: ¡one hour! Siempre era one hour y ya nos entraba la risa floja del cansancio.

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Y al final llegamos a Ulleri y elegimos quedarnos en el Guest House de un pequeño nepalí que nos cayó muy bien. Al no haber casi gente, puedes negociar y te dejan la habitación gratis a cambio de cenar y desayunar en el mismo sitio. Aunque lo acabas pagando porque la comida es bastante cara en los pueblitos de las montañas. Son los mismos precios cerrados en todos los restaurantes y la misma oferta de platos. Todo muy bueno pero sosísimo, ¿dónde está la famosa sal del Himalaya? Eso sí, duchita estupenda con agua caliente, un lujo que no nos esperábamos.

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Día 2 desde Ulleri a Ghorepani

El segundo día empezó muy bien, viendo a lo lejos el pico del Annapurna Sur, que tiene casi 8000 metros. Un estímulo más para seguir subiendo escalones.

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Esta segunda etapa fue menos dura, o eso nos pareció a nosotros. Sí que es verdad que seguíamos subiendo más de 1000 metros de desnivel en cuatro horas pero igual ya nos habíamos acostumbrado. El paisaje era espectacular: cascadas, musgo, bosques con árboles sacados de una película de Tim Burton, montañas a lo lejos, niebla, humedad, y los primeros lichis del camino. Esta vez les ganamos la batalla gracias a la sal.

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Como íbamos con tiempo aprovechamos para hacer una parada en el camino y comernos el jamón serrano y el lomo que les habíamos traído a Laura y Raúl desde España. Acompañado de unos biscotes que compramos en Pokhara, aquello sabia a medias noches de cumpleaños. ¡Riquísimo! La verdad es que calculamos muy bien la comida que llevamos para el trekking. Hacíamos el desayuno y la cena en cada guest house y entre medias comíamos frutos secos, barritas de cereales, caramelos y chocolatinas. En cuanto al agua, el primer día sí que pudimos comprar en las aldeas que nos íbamos encontrando botellas de agua mineral, a cuanto más altura más caro, claro. Pero el segundo día lo que te hacían era un refill (recarga) de botellas gigantes traídas de un centro local de purificación de agua de montaña, ¡así que no perdáis vuestras botellas! Con esto se genera menos basura y se suman puntos de karma.

Sobre las 3 de la tarde llegamos a Ghorepani (a 3000 metros de altitud), el pueblo de montaña que más nos ha gustado con diferencia.

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Nos quedamos en el Green View, que era mil veces mejor que el del día anterior, aunque la ducha no tenía mucha presión y era un poco oscura. Eso sí, en el baño había hasta suavizante de las hijas de los locales que regentaban el guest house. ¡Qué gustazo lavarse el pelo con champú de verdad! Cenamos caro pero muy rico y estuvimos jugando a adivinar películas con dibujos junto a la chimenea. Fue una noche genial, guardamos un gran recuerdo de ese día y de ese pueblecito con tanto encanto. En este alojamiento también nos dejaron la habitación gratis por cenar y desayunar allí.

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A las 8 de la tarde nos fuimos a la cama porque había que madrugar mucho al día siguiente para intentar ver el amanecer desde Poon Hill. Al llegar a la habitación nos esperaba una sorpresa. Desde la ventana se podía ver la cumbre del macizo montañoso iluminada por la luz de la luna llena, ¡uoooooo! ¡Qué ilusión! ¿Veríamos al día siguiente los Annapurnas? ¿Amanecería despejado? ¿Llovería? ¡Qué nervios!

¡QUÉ SALGA EL SOL!

CONTINUARÁ…

Pueden ver fotos y vídeos de Nepal, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/nepal/

7 thoughts on “Trekking Poon Hill parte 1

  1. Pingback: Nepal-Ciudades y gastos del viaje-

    • Irene&Victor Post author

      Que va, una pena. Pero de verdad que cuando tienes una al cuello no te acuerdas de las fotos. Y encima notas como muerde. Aún tengo la marca

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    • Irene&Victor Post author

      Pinto, pinto gorgorito… Se abren apuestas para el picotazo y la zona afectada jajaja

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