Trekking Kalaw – Lago Inle

Viaje de Bagán a Kalaw

En Myanmar ocurre una cosa muy curiosa y es que los autobuses nocturnos siempre llegan antes de lo que te dicen. Además, las horas de llegada son siempre absurdas. Nosotros cogimos un bus desde Bagán a las 7 de la tarde y nos plantamos a las 2 de la mañana en Kalaw. ¿Qué necesidad hay de salir tan pronto si vas a llegar en mitad de la noche? Pues así es, y son lentejas. El bus al menos es barato, 11.000 kyats (8 euros) por persona, pero te mueres de frío y llevan la música puesta todo el camino. Como si la fueran a prohibir.

Kalaw

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Este pueblecito en mitad de la montaña no tiene prácticamente ningún interés, pero es el lugar desde donde se contrata el trekking para ir hasta el lago Inle. También puedes ir directo al lago sin hacer el trekking en el mismo autobús en el que viajábamos nosotros. Pero merece la pena hacerlo si tienes tiempo. Y nosotros lo teníamos.

Al llegar a Kalaw cometimos un error de principiantes. No llevábamos ningún alojamiento cerrado y nos metimos en el primero que nos ofrecieron. Pero hacía frío, eran las 2 de la mañana y estábamos destrozados. Era el Golden Lily, y estuvimos unas pocas horas en una habitación simple sin baño por 6 euros los dos. Al día siguiente nos cambiamos al Golden Kalaw Inn, que ya lo teníamos fichado por Booking. Hicimos el tonto porque la gente que había reservado este hotel pudo entrar el día anterior a las 2 de la mañana sin pagar un extra. Al menos allí conocimos al que sería nuestro compañero de aventuras para los siguientes cuatro días: Omer.

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Omer es de Israel, también lleva tiempo viajando, y conectamos enseguida con él. Era súper divertido y tenía un humor muy parecido al nuestro. En este viaje estamos viendo que la gente de Israel tiene un carácter muy similar al de los españoles. Les gusta el cachondeo, reírse, cantar y hablar alto. A nosotros nos encanta juntarnos con ellos. Nos lo pasamos pipa. De hecho, esa misma noche Omer organizó una cena para celebrar Hanuka con un grupo de cuatro chicas israelíes graciosísimas, a las que empezamos a llamar desde ese momento “Chiquititas Hanuka”. El nombre viene de un culebrón argentino que les encanta.

En cuanto al trekking, estuvimos buscando varias agencias y al final nos decantamos por Ever Smile, cuya dueña nos vendió la excursión de una manera asombrosa. Toe Toe, así se llama, fue una mujer muy muy pobre en su día, su marido murió de cáncer y se quedó a cargo de sus dos hijas. Montó la agencia en 2012 y en pocos años se ha forrado gracias a que ésta, sale en la Lonely Planet. El trekking, de tres días, aunque también puedes hacerlo de dos, nos salía a 40.000 kyats (28 euros) por persona, con todo incluido menos las bebidas, y un guía que, según ella, hablaba perfectamente inglés. También nos dijo que los grupos no eran de más de seis personas. Aquí donde la veis, tan maja que parecía, resultó ser: “la gran mentirosaaaaaa”.

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Día 1 de trekking

Nos pusimos en marcha desde Kalaw las nueve personas que íbamos en nuestro grupo. No seis como nos había dicho Toe Toe, sino nueve. Primera mentira. Perdimos mucho tiempo en el mercado, porque el guía tenía que comprar algo más de comida al ser tanta gente. Un guía de 55 años que no hablaba casi nada de inglés. Segunda mentira. Ya estábamos un poco mosqueados con el tema, pero queríamos disfrutar al máximo la experiencia y no hacernos mala sangre.

Pasar tres días en un trekking por las montañas de Myanmar es como un pequeño gran hermano. El primer día ya se habían definido los perfiles e incluso se iban haciendo pandillas. Nuestro grupo al ser más numeroso tenía mucho más contenido que cualquier otro. Y si no, ya estábamos nosotros para ir creando las tramas. Victor, yo (Irene), y Omerito, el israelí, que le iba el cotilleo casi más que a nosotros. El grupo estaba compuesto por: una camboyana con una gran historia de superación personal, una francesa muy alegre y educada, otra francesa de origen camboyano que las acompañaba a ambas; una pareja de gays jóvenes australianos con cara de no querer relacionarse con los demás, un alemán aparentemente tímido que entrañaba muchas sorpresas, el israelí locaza que no paraba de hablar, y nosotros dos que junto a éste último parecíamos tres porteras en pleno apogeo.

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El trekking en sí es bastante sencillo. El camino es llano y vas haciendo muchas paradas. El primer día andamos unos 20 kilómetros. El paisaje que vimos no fue nada fuera de lo común, pero la gracia de esta excursión no son las vistas, sino los pueblecitos y  la gente local que te vas encontrando por el camino.

También te vas cruzando con otros grupos, como el de nuestras amigas las “chiquititas Hanuka”. Ellas habían contratado la excursión con la empresa Sam’s family, el mismo sitio donde cenamos la noche anterior. Su guía hablaba perfectamente inglés y les iba contando un montón de cosas, no como el nuestro, que el pobre se esforzaba pero no llegaba. Además, llevaban cocinero propio. De haberlo llevado nosotros, Víctor le podría haber hecho mil preguntas. Con lo que le gusta cocinar. Así que si venís hasta aquí, ya sabéis que tenéis que ir a Sam’s family y no a Ever Smile. Lo mejor de ese día fue cuando pasamos por una escuela local. Los niños birmanos son para llevárselos a todos a casa. Son ultra mega adorables.

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Esa noche dormimos bastante bien la verdad, en casa de una familia local, que las acondicionan con colchonetas y mantas en el suelo. Estas familias que ahora acogen turistas, siguen viviendo en las mismas casas que antes, con su ganado y sus cultivos. Son todas muy pobres, aunque ahora están un poco mejor gracias a que los guías les pagan por llevar gente allí. Además cocinan para ti. Nosotros nos metimos todos en la cocina para ver cómo hacían la cena. Estaba todo riquísimo. La dueña tenía un bebé de seis meses con el que no paramos de jugar. Los mejores momentos de este tipo de excursiones siempre son cuando interactúas con la gente local.

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Día 2 de trekking

Este fue sin duda el mejor día. De paisaje y de contenido en nuestro grupo. Encima, vinieron dos personas más. Éramos once, lo nunca visto en un trekking como este. La Toe Toe se estaba cubriendo de gloria. Nosotros y nuestro amigo Omer, nos lo tomábamos todo a risa pero no era normal ser once personas en lugar de seis. Sobre todo porque las casas locales no están acondicionadas para tanta gente y tienes que dormir apretadito. Y sin ducharte, claro, porque con el frío que hace en esta época y que solo hay agua fría, cualquiera lo hace. Hay que lavarse como en modo gatito.

Ese día estuvimos andando otros 20 kilómetros y pasamos por unos lugares preciosos. Un paisaje lleno de colores gracias a los cultivos de sésamo, chili rojo, hojas de mostaza, arroz, girasoles y trigo. Conocimos el Myanmar más rural y pudimos observar a la gente trabajando el campo.

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Este es sin duda el lugar más auténtico en el que hemos estado. Cada vez hay más turistas, eso es verdad, pero la gente aún no ha perdido la inocencia y no tienen ese concepto de turista/monedero que hay en otros países como Vietnam o Tailandia.

Nuestro grupo estaba cada vez más interesante. La pareja de australianos no hacía nada por relacionarse con los demás y se habían convertido en los aburridos del grupo. De tener que nominar, lo teníamos clarísimo. La camboyana nos había contado su historia personal y había subido puestos en el ranking de personaje. Nos contó cómo nació en una familia muy pobre, que se dedicaba a vender plátanos en el mercado, y gracias a sus habilidades personales, porque no había podido estudiar nada de nada; había llegado a ser la CEO de una empresa mundial de pastelerías. Omer por su lado nos había puesto al día en todo lo relacionado con las costumbres de Israel, nos enseñó palabras graciosas en hebreo tipo bajurila (mujer/gorila) o kalba (novia petarda), y nos hizo un resumen del conflicto en la franja de Gaza. El alemán, por su parte, había protagonizado un momentazo cuando pasamos por un pueblecito de agricultores lleno de niños, y sacó peluches y cuadernos con rotuladores de su mochila.

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Y aunque todo lo que veíamos nos gustaba, de Myanmar y sus costumbres aprendimos más bien poco, porque nuestro guía no nos explicaba nada. Nos moríamos de envidia cuando veíamos a otro guías contándoles cosas a sus respectivos grupos sobre la gente local o los lugares por donde pasaban. Además esa noche dormimos en un sitio bastante pequeño, la comida no fue nada buena y parecía que Morgan Freeman solo quería coger atajos para llegar lo antes posible y ponerse fino a ron. Así le llamábamos nosotros, Morgan Freeman, porque se parecía bastante. Nos daba un poco de pena porque le veíamos mayor, y nos contó que era profesor de primaria pero trabajaba de guía porque ganaba más dinero. Intentaba dar lo mejor de sí mismo pero hacía fatal su trabajo. Menos mal que con todo lo que hablaba Omer no había ni un solo segundo para aburrirse.

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Día 3 de trekking

Este día fue el que menos andamos, tan solo unos 12 kilómetros, y el paisaje no fue tan bueno como el día anterior. Pasamos por una parte bonita, un bosque con mucha niebla entre las montañas, pero la última parte del trayecto nos sobró un poco. Además, estábamos deseando llegar a un hotel y poder darnos una buena ducha de agua caliente… O no…

Y por fin llegamos al lago Inle. Comimos unos noodles en un sitio horrible y una barca cruzó el lago para llevarnos hasta el pueblo Nyaung Shwe,  donde están todos los hoteles. Fueron casi dos horas de trayecto. Normalmente es menos, pero le pagamos 1.000 kyats (70 céntimos) más cada uno al barquero para que lo hiciera más largo, y poder disfrutar más del lago. Pero de éste, hablaremos en el siguiente post. Esta foto la hice en un momento en el que nos seguían miles de gaviotas en busca de algo de comida.

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A pesar de que nos habían engañado en la agencia, habían sido tres días geniales, y estábamos de muy buen humor. Nuestra canción de hoy es la que fue elegida como “la que más buen rollo da del mundo”.


Irene G. Morenos

Màs de Myanmar

Podéis ver fotos de Myanmar, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace:

Myanmar – Birmania

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