Tokio parte IV

Volvimos a Tokio usando nuestro último día de Japan Rail, para visitar algunos lugares que se nos habían quedado en el tintero, y para despedirnos de nuestras amigas, que tenían que volver a Madrid. ¡Qué pena! Con lo bien que nos lo estábamos pasando con ellas y lo mucho que nos estábamos riendo. Esta vez cogimos un apartamento por Airbnb un poco más apartado, al norte de Shinjuku, pero mucho más barato. Esta aplicación es la mejor opción para encontrar alojamiento barato en Tokio, no lo olvidéis.

Akihabara

Dejamos nuestras maletas y cogimos un tren, (también se puede ir en metro), hasta el barrio más friki de todo Japón: Akihabara. El paraíso de los amantes de los cómics, los muñequitos, los video juegos y el cine de ciencia ficción. A mí Víctor, lo que más me interesaba de esta zona era el mercado de segunda mano de artículos de electrónica. Seguíamos sin cámara de fotos y ya era hora de comprar una decente. Pero Irene estaba en su salsa. Si existía un cielo en la tierra para ella, era este barrio. Así es ella, una friki metida en cuerpo de animadora obsesionada con Star Wars y todo lo que le rodea.

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Akihabara vuelve a ser uno de esos sitios en los que tienes mil estímulos por todas partes y no sabes dónde mirar. Por un lado están todas las tiendas frikis, con miles y miles de muñequitos, que llega un momento que te saturas de ver tantos… Después están todas las japonesas vestidas de lolitas que intentan llevarte a sus cafeterías. A nosotros nos captó una que no hablaba nada de inglés y nos llevo a un callejón donde había un ascensor muy sórdido. Al final resultó ser un café ambientado en un castillo medieval, en el que nos cobraban una pasta por entrar. Así  que nos dimos media vuelta y nos fuimos.

Luego están los edificios de 6 pisos solo de vídeojuegos. En la planta baja había cientos de máquinas rollo tragaperras, pero con canicas de metal y personajes manga. En otra, máquinas grúa expendedoras de peluches, sushis de plástico y todo tipo de frikadas. Pero lo más llamativo fue el ruido, el humo de tabaco y ver a ejecutivos con su traje y su bolso de señora. Sí,  todos van con bolsos y carteras de señora, una mezcla muy extraña. Las plantas más altas suelen estar dedicadas a los más jóvenes, con juegos arcade y clásicos de siempre como Mario Bros. Irene y Anita jugaron a una de zombis, era tan real que les subieron las pulsaciones a 140 según el pulsometro que incluía el mando.

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Después volvimos a Shibuya para hacer las últimas compras y nos fuimos a cenar los famosos yakitori de la calle Omoide Yokocho, en Shinjuku. Los yakitori son siempre dos brochetas que se hacen a la parrilla. Pueden ser de verduras, carne, pescado, marisco… Nosotros elegimos de bacon con tomate y puerro, pero cuidado que aquí les gusta mucho la casquería.

Lo mejor es la zona, callejuelas de un metro de ancho, con restaurantes donde caben como mucho 6 personas, y donde te acabas haciendo amigo del que tienes al lado de lo cerca que está. Nosotros estuvimos de charla con un chef japonés que vivía en Australia y una chica que nos habló de las islas tropicales de Okinawa al sur de Japón. Eso lo dejamos para la próxima visita a este maravilloso país.

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Mercado del pescado Tsukuji

Era nuestro último día con las chicas y queríamos hacer algo que no habíamos conseguido aún: ir a primera hora al mercado de pescado y ver la lonja. Para eso había que madrugar, y no era fácil con cuatro chicas en casa a las que le gusta dormir y se tienen que arreglar con un solo espejo. Decidimos no ir a la subasta después de leer varios blogs. Tienes que estar allí a las cuatro de la mañana, y no te aseguras la entrada.

Al final llegamos a desayunar a hora española, pero coincidió que era miércoles y no había habido subasta (tampoco  hay los domingos). Aún así comimos en los puestos callejeros el mejor maki de atún de Tokio, y a un precio muy asequible. Para los que no les guste el pescado, también se puede comer ramen de lomo de cerdo que estaba delicioso.

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Después fuimos pasendo hasta los jardines Kamarikyu aprovechando el buen tiempo que hacía. Están rodeados por un foso de agua salada que viene de la bahía y la entrada cuesta 150 yenes (una pelota de arroz de las caras). Dentro hay un gran estanque rodeado de miles de metros cuadrados de césped,  árboles y flores. En mitad del laguito está la casa del té,  donde se puede disfrutar de la ceremonia de preparación de éste, y de los postres típicos de judía roja y té matcha. Una vez más lo mejor fue el gran contraste de los rascacielos de fondo con el verde y rojizo del parque.

Desde una de las salidas del recinto, se podía coger un barco bus que nos llevaría por el río hasta nuestro último destino del día, la zona de Asakusa.

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Pero tuvimos la mala suerte de perder uno de los barcos por lo que decidimos amortizar el JR e ir en tren, que ya lo teníamos dominado.

Asakusa

Lo más conocido de Asakusa es el templo Senso-ji, el más antiguo de Tokio y el más visitado con veinte millones de personas al año. Para llegar desde la estación es fácil, solo hay que seguir a los miles de zombis que van en procesión. Para nosotros este barrio ha sido el más turístico de todos. Esta todo lleno de tiendas de souvenirs y de puestos donde se venden postres de arroz inflado. Comimos varias muestras y nos encantó el de sésamo negro y el de caramelo.

El templo es sí, es como todos aquí, muy amplio, y con una puerta gigante a la entrada de la que cuelga un enorme farolillo rojo de papel con letras negras. Esto sí que nos gustó, aunque fue difícil sacar una buena foto con tanta gente. Aprendimos en este santuario, que el humo que sale de los inciensos se mueve con las manos para respirarlo y se usa para purificar el alma de enfermedades y malos espíritus. Además aprovechamos la última tarde para posar con las jóvenes japonesas, que se visten de gala para ir a adorar a la diosa Kannon y hacerse las fotos de perfil del Facebook.

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Para poner fin al viaje con las chicas decidimos volver a nuestro barrio de Shinjuku, y cenar en un izakaya. Se trata de un restaurante de comida tradicional japonesa, donde van los ejecutivos a la salida del trabajo. Nos dejaron una sala cerrada con paneles para nosotros cinco, y probamos varios platos. El mejor fue el de carne de buey a la brasa con salsa picante, riquísimo pero muy pequeño y caro.

Con mucha pena y con los pies molidos de tanto caminar, nos fuimos a casita para hacer las mochilas. Al día siguiente nos cambiábamos de alojamiento y las chicas volvían a Madrid.

Solitos por Tokio

Durante los siguientes tres días en Tokio estuvimos durmiendo en una habitación con futones en el suelo, en el barrio de Kanda. La pillamos por airbnb a 31 euros la noche, con baño compartido. Era un sitio muy limpio pero algo pequeño, para nosotros una gozada después de los sitios que vimos en India. Decidimos bajar el ritmo del viaje y dedicar tiempo a descansar y a escribir el blog, ya que muchos nos estabais metiendo prisa con este tema.

Pero también fuimos a ver zonas que no conocíamos de la ciudad, como Ueno park y sus alrededores. Lo llaman el parque de los museos, porque dentro están los más importantes. Es agradable pasear por él, tiene lagos, templos y hasta un zoo; pero no te pierdes gran cosa si no vas.

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Lo más divertido de esos días fue ir al museo del terremoto de Ikebukuro. Está situado al este de la estación y nos costó encontrarlo porque está dentro de un edificio de bomberos. Allí te enseñan todo lo que debes saber sobre los terremotos y como actuar ante una situación real. Nosotros nos saltamos toda la teoría y fuimos directos a la sala donde simulan un terremoto de 7 grados. Primero nos explicaron en japonés que debíamos hacer y después nos sentamos a vivir en primera persona la experiencia. Alucinamos con el vaivén del suelo y lo difícil que es moverse en esa situación. La recomendación es coger un cojín para taparte la cabeza y agacharte debajo de una mesa, agarrando una pata como si fuera lo más importante de tu vida. Nos echamos unas buenas risas, y encima fue todo gratuito. Si tenéis tiempo de sobra, merece la pena acercarse allí. Por cierto, en este barrio, en la tienda Yamada Labi compramos la nueva cámara de fotos por 80 euros menos que en Amazon. Eso sí, con garantía solo válida para Japón y menús en inglés.

Además, repetimos las zonas que más nos habían gustado, como Akijabara, Shibuya y Odaiba. En esta última, al fin pudimos ver la puesta de sol en la tarde de Halloween y volvimos a vivir la parte más graciosa de Japón: su gente. En menos de una hora vimos: desfiles hipercoordinados de niños samurais, sesiones de fotos de novios con bigote y gafas, partidos de volley playa con Mario bros y personas disfrazadas a juego con sus perros, a los que pasean por los centros comerciales montados en carritos de bebé. Sin duda Odaiba es uno de nuestros sitos preferidos de Japón.

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Y como era sábado noche y encima Halloween, quedamos con un amigo de Madrid que estaba por aquí, para cenar y ver el centro del frikismo de Tokio en esta fiesta, Shibuya. Llegar fue una odisea de empujones, policía, fotos y agobios; pero mereció la pena.

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Pueden ver fotos y vídeos de Japón, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/japón

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