Tokio parte I

Japón ha sido una de las mejores experiencias de nuestra vida. Nos lo hemos pasado en grande. Hemos disfrutado como niños cada sitio que hemos visitado, hemos tenido sorpresas, nos hemos reído muchísimo, hemos corrido por las calles como si fuera Pekín exprés, lo hemos dado todo en un karaoke, nos hemos quedado con la boca abierta en mil ocasiones, hemos saboreado cada comida, hemos hecho el friki, y en definitiva, hemos acumulado un montón de experiencias geniales que os iremos contando en este blog. Pero empecemos por el principio, la noche que llegamos a Japón.

Llegada a Tokio

Dejamos la tranquila y pacífica Sri Lanka para meternos de lleno en la locura de la mayor urbe japonesa: Tokio. Cogimos dos vuelos de Air Asia: Colombo-Kuala Lumpur y Kuala Lumpur-Tokio. En la capital malaya tuvimos que pasar una noche pero no nos importó nada porque nos encantó. Ya visitaremos este país más adelante. Viajamos sin facturar las maletas. Llevábamos 10 kg cada uno, y aunque permiten 7kg, nos dejaron pasar sin problema. Aterrizamos en el aeropuerto de Haneda a las 23h y fuimos directos al encuentro de nuestras amigas: Arancha y Anita, con las que pasaríamos 13 días en Japón.

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Fue todo un subidón verlas después de dos meses de viaje. Yo, Irene, solo quería abrazarlas sin parar. Es genial encontrarte con tus amigas en Japón después de tanto tiempo sin verlas. Pero dar con ellas no fue tan fácil. Habíamos quedado en hacerlas una llamada perdida cuando llegáramos a la estación de metro de nuestro barrio, Nishi Shinjuku go-chome, pero no teníamos red y no podíamos hacerla. Para contactar con ellas tuvimos que pedir a un vecino de la zona que nos compartiera su wifi portátil y así poder escribirlas. Con esto, nos dimos cuenta de dos cosas importantes sobre los japoneses: Uno, que no tienen ni idea de hablar inglés, y dos, que son súper amables y siempre que puedan van a ayudarte.

Después de ponernos al día y darnos mil millones de besos y abrazos, nos fuimos a tomar algo a Shinjuku, que es zona de bares y marcha, y nos pillaba a 15 minutos andando de casa. Ya la primera toma de contacto con la ciudad nos encantó. Todos los edificios con luces de neón, una puerta enorme que daba paso al barrio rojo lleno de bares, restaurantes diminutos donde cabían solo cuatros personas, mucho ambiente y mucho respeto, a pesar de las horas y el lugar. Pero lo que más gracia nos hizo fue ver a un montón de japoneses borrachos perdidos, con sus trajes impolutos de ejecutivos, tirados en el suelo durmiendo. Tan a gusto, total, la calle está tan limpia que se podría comer en ella. Aunque en el barrio rojo vimos dos ratas del tamaño de un gato, pero nos parecieron monisimas.

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Día 1 en Tokio

Nos despertamos en nuestro mini apartamento super mono de Nishi Shinjuku, que habíamos alquilado por Air Bnb, y nos pusimos guapos para pasar el primer día en esta ciudad. Pero algo raro estaba pasando. Anita y Arancha hablaban por teléfono con alguien y desaparecían durante mucho tiempo con excusas malísimas como que había cola para comprar café o un pasacalles por la zona. No entendíamos nada pero nos daba igual porque estábamos muy contentos. Mientras ellas hacían sus cosas, estuvimos dando un paseo por nuestro barrio que era como un pequeño pueblo tranquilo a pesar de la cercanía con la zona de rascacielos.

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Cuando nos cansamos de dar vueltas, fuimos a por las chicas y allí descubrimos todo el pastel. Estaban esperando a alguien más, que venía de sorpresa desde Madrid, pero se había perdido porque le habían dado las indicaciones para llegar desde el aeropuerto de Haneda y venía desde Narita. ¡Qué ilusión! ¿Quién más vendría a vernos? Yo estaba súper nerviosa y no me imaginaba quién podría ser. Llegó el momento. Me taparon los ojos, avanzamos un poco y alguien que me abrazó. Abrí los ojos y allí estaba mi pequeña amiga con una mochila más grande que ella. ¡Era Hell! Nos pusimos a llorar como tontas, yo de la emoción y ella por lo mismo y por lo mal que lo había pasado hasta llegar allí.

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Después de que Hell se diera una ducha y yo me pusiera fina a jamón serrano que había traído con ella, salimos por fin del barrio para ver más ciudad. Eran las 3 de la tarde así que había que darse prisa porque en Japón anochece muy pronto, sobre las 17:00hs.

Harajuku y el parque Yoyogui

Era domingo, el día perfecto para visitar la zona de Harajuku y el parque Yoyogui, así que compramos un billete de metro sencillo y fuimos para allá. Nos costó 170 yenes, poco más de 1€, pero el precio varía según donde vayas. Nosotros estábamos cerca. Más adelante os contaremos todas las opciones que existen para moverse en transporte local por Tokio, y lo que cuesta cada una. Pero ahora vamos a lo que importa.

Decimos que el domingo hay que visitar este parque porque hay mucho ambiente y se supone que hay jóvenes que se reúnen con sus trajes de cosplay (disfraces adaptados de videojuegos o cómics), en el puente que une el parque y el tren. Pero no los vimos, no sabemos si porque era ya tarde o es que se han cambiado de zona. Hemos leído que ahora se les ve más por la isla de Odaiba. Lo que sí había era muchas japonesas jovencitas con trajes como de época que iban a hacer sus compras frikis a la calle Takeshita Dori. Imprescindible darse una vuelta por ella. Nosotros antes de hacer el friki visitamos el parque y su templo.

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El parque Yoyogui está rodeado de todas estas puertas gigantes llamadas Toris, que hemos visto de diferentes materiales y tamaños por todo Japón. Esta fue la primera que vimos y nos impresionó un montón. Estos Toris son la puerta que separa el mundo terrenal del recinto sagrado.

El parque es precioso, parece que estás de repente en un bosque lejos de la ciudad, pero en realidad estás en medio de ella. Además está lleno de contrastes. Primero vimos a un grupo de rocabilies japoneses entregados a la música por amor al arte, como si estuvieran participando en el talent más prestigioso del mundo. Después, un grupo de visitantes locales vestidos con máscaras de animales como si fuera super normal. Y en medio del parque, el santuario Meiji.

Aquí son sintoístas, es decir, creen en los espíritus de la naturaleza, los kami, y son a ellos a quienes dedican sus templos, aunque suelen estar construidos en honor a algún emperador. Como en este caso, que lo hicieron por el emperador Meiji. Lo primero que hay que hacer al llegar a uno, es purificarse con el llamado ritual temizu. Consiste en lavarse las manos, primero la izquierda y luego la derecha, y finalmente la boca, con unos cacitos que hay en una fuente a la entrada. Después, para rezar, haces dos reverencias, das dos palmas para espabilar a los kamis y luego haces la plegaria con las palmas de las manos unidas sobre el pecho. La oración termina con otra reverencia. Si vas en domingo y tienes suerte, como nosotros, puedes ver una boda sintoísta allí mismo. Fue genial ver a la novia que casi no podía andar con ese traje tan estrecho.

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Se hizo de noche y tocaba pasear por la calle Takeshita y cenar por la zona. Es alucinante la cantidad de estímulos que recibes en un segundo. Hay tantos colores, tanta gente,  y tantos locales curiosos que tienes la sensación de que no te da tiempo a abarcarlo todo. Nos pasaba a los cinco. Íbamos mirando a todos lados y queríamos entrar en cada tienda y tocarlo todo.

Si te gustan las frikadas, los disfraces y los muñequitos, esta es tu ciudad. Y eso que acabábamos de empezar y aún no habíamos visto nada. Pero es que hasta las balizas para separar las obras son de Hello Kitty. Da la sensación de que es todo muy infantil a pesar de que ellos son serios. Japón es genial.

Víctor y yo nos pasamos media hora metidos en una especie de fotomatón, donde nos podíamos agrandar los ojos, pintar los labios, ponernos un millón de accesorios y todo a cámara rápida porque te ponían una cuenta atrás para editar las fotos. Aquí está claro que no se aburren, cualquier cosa que te puedas imaginar ya se les ha ocurrido a ellos. Son como una especie superior que han evolucionado a un futuro de dibujos animados manga. En un día ya amábamos profundamente este país.

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Y para terminar la noche fuimos a cenar a un sitio que recomendaban para comer gyozas, que son como las momos de Nepal pero con pasta de arroz y mil veces más ricas. Se llamaba Harajuku Gyoza Ro y estaba hasta arriba de gente. La cola daba la vuelta a la calle. Pero no tuvimos que esperar mucho porque en este país pasa una cosa muy graciosa, que es que la gente come en 10 minutos. Los japoneses suelen ir solos, engullen la comida rapidísimo y se van por donde han venido. Ellos no conocen lo que es la sobremesa, fliparían con las nuestras.

Otra cosa que nos llamó la atención fue el precio. Mucha gente dice que Japón es carísimo, pero en este lugar te puedes zampar un plato de 6 gyozas por 250 yenes (1,8 €). Si te lo montas bien, te puedes gastar muy poco dinero en comida, y si ves que te pasas del presupuesto, te lías a comer pelotas de arroz en un supermercado y sobrevives. Japón es asequible para todo el mundo, depende de tus prioridades y de cómo te lo montes. Eso sí, beber cerveza es carísimo, cuesta más que comer. Aunque la Asahi está tan rica que no te puedes resistir. Al menos nosotros.

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Y para terminar este maravilloso primer día en Tokio os dejamos con esta canción que refleja nuestro estado de ánimo.

 

3 thoughts on “Tokio parte I

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