Bohol

En nuestro último día en Filipinas, en vez de descansar y relajarnos, decidimos que íbamos a ver todo lo que pudiéramos de Bohol. Esta isla se encuentra al sureste de Cebú, y es una joya de naturaleza y vida marina. Desde Cebu City salen tours organizados que te llevan a los sitios más turísticos de la isla, pero cuestan un ojo de la cara, y encima vas con miles de personas. Como nosotros ya teníamos experiencia mochilera y desparpajo, nos levantamos pronto en nuestro hotel cutre Cuatro Pier y fuimos andando al puerto para intentar coger el siguiente barco que nos llevara hasta allí. Como pasa en las estaciones de autobuses filipinas, aquello era un auténtico caos de locales haciendo cola, y pequeñas agencias de viaje que parecían de otro siglo, viejas, sucias y llenas de personas. Preguntando a la gente, llegamos a una de las más cochambrosas, la que vendía billetes para Catagbacan, que era a donde queríamos llegar. Allí conocimos a una chica filipina que nos informó de los horarios y nos aconsejó comprar asientos de primera clase, por 50 pesos más (80 céntimos) para ir más cómodo. El trayecto se suponía que iba a durar unos 50 minutos y nos costó por persona 230 pesos (unos 3 euros). Un dato curioso, sólo se puede comprar el billete una hora antes de que salga el barco.  Después de pagar una tasa de salida de 20 pesos, pasar un control de armas, y esperar en una sala rollo aeropuerto, nos metimos en el barco, bastante viejo y  con el aire acondicionado a tope. Salió muy puntual y en menos de una hora, ya estábamos atracando en el puerto de Catagbacan. Ahora tocaba la parte más difícil, encontrar un medio de transporte que nos permitiera ver lo que queríamos de la isla en solo un día, sin que nos costara una pasta.
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