Bali parte II

Habíamos llegado a Ubud, al hotel de ensueño que habíamos reservado para dos días, saltándonos un poco el presupuesto. Aunque tampoco a lo bestia. Y como lo prometido es deuda, yo, Víctor, os cuento la que lié en la entrada del alojamiento. Resulta que por Booking había reservado parking, y cuando vi la señal de Tini Villas, me metí “to tieso” como un toro, sin mirar, por un camino diminuto pegado a una acequia. Obviamente eso no llegaba a ningún sitio, solo podían pasar motos, y el coche se quedó atravesado taponando la entrada de una calle por la que venía un millón de locales con sus motos. En dos segundos aquello se llenó de chavales que pitaban y cantaban sin parar mientras yo, histérico, era incapaz de ir marcha atrás en la curva sin tirar el coche al agua. Se me empañaban hasta las gafotas del estrés. Al final un taxista local fue el que nos sacó del embrollo, aunque le costó lo suyo maniobrar. Fue un momento horrible pero todo quedó en una anécdota sin importancia cuando vimos el paisaje de arrozales donde se encontraba situado el hotel. ¡Qué maravilla!.

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Bali parte I

Nos quedaban seis días en Indonesia y decidimos pasarlos en Bali. Al principio teníamos nuestras dudas porque mucha gente nos había dicho que era demasiado turístico, pero nuestras amigas de Gili Air nos aconsejaron que alquiláramos un coche y recorriéramos la isla a nuestro rollo, huyendo de las zonas más concurridas. Nos pasaron el contacto de una empresa local (móvil +6287860131999) y conseguimos alquilar por 12 € al día un “Jimmy”, un pequeño 4X4 que estaba viejo y hecho polvo, pero que nos haría un buen apaño. Vaya si lo hizo…

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Mandalay

Lo de los autobuses nocturnos en Myanmar es de coña. Además de llegar a horas intempestivas, en plena madrugada, llevan los altavoces a todo trapo. Con música o con algún programa de televisión. Son como los bakalas que abren la ventanilla del coche con la radio a un volumen ensordecedor, para que todo el mundo participe del horror con ellos. Cogimos un autobús de estas características desde el lago Inle, y a las 2 de la mañana llegamos a Mandalay. Menos mal que los del hotel que teníamos reservado, el Goldem Dream, nos dejaron entrar sin ningún problema en la habitación a esas horas.

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