Top ten Filipinas

Éstas han sido, para nosotros, las diez mejores cosas que hemos vivido en Filipinas. Como siempre decimos, cada uno vive el viaje de una forma distinta. Pero si tuviéramos que repetir la experiencia nunca nos perderíamos ésto:

1. Bucear con los tiburones zorro en la isla de Malapascua. Ver a estos animales a treinta metros de profundidad, es una una cosa que jamás olvidaremos.  Nosotros aprovechamos para sacarnos el “Advanced Open Water”. Además, puedes ver mantas rayas y miles de peces de colores. La mezcla de ambiente mochilero junto a la gente local, hacen que este lugar sea mágico.

2. Pasar una noche en una isla desierta de El Nido. Desde el principio éste fue uno de los sitios que más ganas teníamos de ver y no nos defraudó. Contratamos una excursión de dos días y una noche en barco y fue una experiencia brutal. Pero lo mejor fue dormir en tiendas de campañas alrededor de una hoguera en una isla completamente virgen, y sólo para nosotros.

3. Hacer una ruta para ver el volcán Pinatubo. Ha sido el primer volcán al que hemos subido caminando. Con aguas cristalinas y rodeado de montañas verdes, el crácter del Pinatubo nos dejó sin palabras. El camino hasta llegar hasta allí, es igual de increible.

4. Jugar con tortugas y sardinas en el mejor coral que hemos visto, en la playa de Panagsama. Llegamos a este sitio por casualidad, y sin duda ha sido donde hemos visto el coral más bonito de todo Filipinas. Sin necesidad de hacer ninguna inmersión se pueden ver tortugas, y se puede disfrutar de un snorkel alucinante.

5. La comida filipina. Aunque muchos mochileros nos habían dicho que este país se comía mal, para nosotros ha sido todo lo contrario. Hemos disfrutado mucho de la gastronomía local, que nos ha recordado a los típicos guisos de las abuelas de España. ¡Qué rico hacen el pollo en adobo!

6. Bañarse en las aguas turquesas de Nacpan Beach. Ha sido una de las mejores playas que hemos visto en este país. Con varios kilómetros de arena blanca y palmeras, este lugar nos pareció un paraíso. Además no está nada masificado y se puede disfrutar de un día de playa tranquilo  y relajado.

7. Ver las chocolate Hills. Hay más de mil montañitas redondas en Bohol, que crean un paisaje único. Sólo por esto, merece la pena ir hasta allí. Si tienes tiempo hay mucho más que ver y hacer en esta isla.

8. Tomarse una cerveza viendo el atardecer en Las Cabañas. En esta playa, a la que se puede ir andando desde El Nido, hemos visto uno de las mejores puestas de sol de Filipinas. Aunque está un poco masificada, es uno de los único puntos de El Nido desde donde se puede ver el sol meterse en el océano. Hay muchos bares y chiringuitos donde se puede comer y beber, aunque a precios algo elevados.

9. Los tarsiers. Estos diminutos primates que vimos en Bohol parecen sacados de una película de dibujos. Son monísimos y nos encantó verles en el centro de conservación que han montado en la isla. Si hubiéramos podido, nos habríamos llevado un par de ellos para achuchar en casa.

10. La cerveza y el ron. En este país nos hemos levantado más de un día con resaca. La cultura de salir de fiesta está muy implantada en Filipinas y además el ron es baratísimo. Nosotros nos quedamos con la cerveza Red Horse de San Miguel. ¡Cómo la vamos a echar de menos!

Malapascua

Filipinas es uno de los mejores destinos del mundo para bucear, y nosotros después de mucho leer e informarnos, decidimos ir a la isla de Malapascua para sacarnos el certificado avanzado de buceo. Esta pequeña isla de 1,6 km de largo y 1 km de ancho, está situada al norte de la Isla de Cebú. El nombre se lo pusieron los colonizadores españoles en 1520 después de se quedaran atrapados allí el día de Navidad, debido al mal tiempo. Solamente se puede llegar por barco y en ella, hay hasta ocho aldeas diferentes. Nosotros cogimos un vuelo desde Puerto Princesa hasta Cebú City, y luego un taxi hasta la estación Norte de autobuses. Allí nos montamos en el último bus local, sobre las 6 y media de la tarde, por 160 pesos (3 €) cada uno. Iba tan lleno de gente que por un momento nos vimos durmiendo en la estación, pero donde caben cien personas, caben ciento tres. Eso sí, tardamos más de tres horas en pillar un asiento libre, menos mal que aún nos quedaban otras tres horas de ir sentados. El trayecto se hace muy pesado porque el conductor va parando en todos los pueblecitos por los que pasa. Menos mal que tenían de banda sonora baladas de los noventa, y nos partimos de risa escuchando como el conductor cantaba como si estuviera en un concurso de televisión.

Llegamos a la última parada en el pueblo de Maya, sobre las doce de la noche, sin poder llegar a Malapascua y sin alojamiento. En el bus habíamos conocido a una guiri rubia, la Vero, que se vino con nosotros en busca de un sitio donde dormir. Encontramos el Abba Family Logde, uno de los peores sitios en los que hemos dormido. Prácticamente sin luz ni agua en el baño compartido, y unas habitaciones de peli de terror, pero claro, pagamos 150 pesos cada uno (menos de 3 €). Lo mejor de la noche fue cuando Paco escuchó como la Vero practicaba frases de ligoteo en español con el móvil. No sé dónde se pensaba que estaba, pero lo de: “¿Quieres ir a un sitio más tranquilo?” debe funcionar a escala mundial.

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