Top ten Myanmar

Aquí os dejamos las mejores experiencias vividas en este país. Para nosotros, lo mejor de Myanmar es:

1. Ver el amanecer desde lo alto de un templo en Bagán. Levantarse a las 5 de la mañana y pedalear unos 4 kilómetros a oscuras, realmente merece la pena para ver este espectáculo. Hay muchas pagodas desde donde se puede ver como sale el sol entre la niebla, mientras globos cruzan el cielo. Sin duda lo mejor de Myanmar.

2. Conocer el Myanmar más rural y real gracias a los trekkings. Para nosotros el mejor fue el de Kalaw al lago Inle. Durante tres días pudimos ver como vive la gente del campo, y conocimos a un montón de mochileros de diferentes países. Tienes que estar preparado para dormir en el suelo con mantas, y pegarte una ducha con cubos de agua fría.

3. La gente de Myanmar. Es de lo mejor que tiene este país. Sus habitantes aún no están maleadaos por el turismo, y en general hemos dado con gente súper amable y con buen fondo. Los niños pequeños son todos monísimos y te tiran besos al pasar mientras gritan ¡mingalaba!

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Hsipaw

A las 3 de la mañana nos tuvimos que levantar en Mandalay, para coger el tren hasta Hsipaw, que salía a las 4 am. Puedes ir en bus a una hora más decente, pero te pierdes el viaje en tren, que es toda una aventura. El billete, en primera clase, cuesta 3950 kyats (menos de 3 euros) por persona, y solo se puede comprar un día antes directamente en la estación. Tarda en recorrer los 200 kilómetros que separan Mandalay de Hsipaw, 11 horas. Va lentísimo. La gracia de este viaje es que el tren se mueve muchísimo, y es bastante divertido. El paisaje que vas viendo es interesante, la gente local que se sube al tren vendiendo comida, lo es aún más; pero el gran hit lo protagoniza el viaducto de Goteik. En el momento en el que lo cruzas, todo el mundo saca la cabeza por la ventanilla para hacerse la foto pertinente. Menos mal que va tan lento que da tiempo a todo.

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Mandalay

Lo de los autobuses nocturnos en Myanmar es de coña. Además de llegar a horas intempestivas, en plena madrugada, llevan los altavoces a todo trapo. Con música o con algún programa de televisión. Son como los bakalas que abren la ventanilla del coche con la radio a un volumen ensordecedor, para que todo el mundo participe del horror con ellos. Cogimos un autobús de estas características desde el lago Inle, y a las 2 de la mañana llegamos a Mandalay. Menos mal que los del hotel que teníamos reservado, el Goldem Dream, nos dejaron entrar sin ningún problema en la habitación a esas horas.

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