Moalboal

Isla de Cebú

Con mucha pena pero huyendo de la lluvia, dejamos Malapascua para seguir recorriendo la isla de Cebú. Como nuestro amigo Paco sólo tenía dos días más en Filipinas, buscamos un destino que no estuviera lejísimos del aeropuerto y que fuera diferente a lo que ya habíamos visto. Y así encontramos las cascadas de Kawasan y decidimos instalar el campamento base en Moalboal, un pequeño pueblo en la costa sudoeste de la isla de Cebú. Para llegar, tuvimos que coger un bus de seis horas desde Malapascua a Cebú City, después un taxi a la estación sur de autobuses de la ciudad y allí volver a pillar un bus local dirección Moalboal. Al llegar a la estación alucinamos con la cantidad de gente que estaba esperando en la parada. Menos mal que un señor se puso a pelearse con la chavalada y consiguió reservarnos unos asientos, sin tampoco consultárnoslo antes. Al final, por supuesto, nos pidió dinero por ello. Y así nos metimos tres millones de personas, con equipaje incluido, en un pequeño autobús, como si fuéramos sardinas en lata y sin aire acondicionado. Allí olía a humanidad que tiraba para atrás, pero aún así fue divertido. Sólo había un problema. Como siempre, en Filipinas el autobús iba a tardar más de la cuenta en llegar al destino y no teníamos nada reservado para dormir, ni siquiera nada mirado por Internet. La idea era llegar a la playa de Panagsama, donde habíamos leído que había bastantes opciones de alojamiento. Pero a las once de la noche en Filipinas, la mayoría de las familias están en la cama porque madrugan mucho. Así que ya teníamos otra aventura preparada. Os avanzamos que fue una de las búsquedas más difíciles que hemos vivido en más de cinco meses, y que casi lloramos.

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El Nido parte II

Entre hogueras, ron y estrellas

Tal y como os hemos contado en El Nido parte I, nos encontrábamos 14 personas más la tripulación del barco, en una isla desierta, con tiendas de campaña y una hoguera. Cuando terminamos de cenar, el capitán abrió la veda del ron y apareció con una nevera de plástico, con un toque muy ochentero, llena hasta arriba de botellas de ron y coca-cola. Allí no había ni vasos, ni hielo, ni pajitas. Pero nos dio exactamente igual a todos. Para coger confianza, Paco, propuso un juego musical donde uno decía una palabra y los demás debían adivinar la canción. Todo esto en inglés, obviamente. Aquello fue una guerra de gritos, desafines, risas y muuucho ron. Estuvo graciosísimo y nos sirvió para conocer más al resto de personas. Así descubrimos a una chica holandesa con acento americano que viajaba sola por Asia y jugaba de manera profesional al póker; a un chico parisino, que después de trabajar con la gente más rica de su país, había decidido viajar por el mundo para cambiar el rumbo de su vida; y a otra pareja de franceses muy graciosos. El resto se fueron a dormir pronto, porque eran todos un rollo, pero aquellos cuatro resultaron ser muy guays. Nos lo pasamos genial y aprovechamos para hacer una sesión de fotos nocturas de las estrellas. Y alrededor del fuego pasamos la noche, cantando, bebiendo, y hablando cada uno de su vida.

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El Nido parte I

Nos levantamos en Manila entusiasmados con la idea de volver a ver playas paradisíacas. Y así de subidón nos fuimos al aeropuerto donde volaríamos hasta Puerto Princesa, la capital de la isla de Palawan. Habíamos comprado unos billetes low cost con la compañía Cebú Pacific, pero si lo llegamos a saber hubiéramos mirado otras opciones. Ha sido la peor compañía con la que hemos viajado en Asia. Sus puntos fuertes son: un caos de organización, vuelos retrasados y aviones diminutos.

En fin, después de una horita de vuelo aterrizamos en Palawan. Nuestra idea era ir directamente a El Nido. Este pueblecito del norte de la isla, había sido desde el principio la razón principal por la que decidimos ir a Filipinas. Habíamos visto mil fotos de sus playas, habíamos leído todo tipo de opiniones en otros blogs y nuestras expectativas eran muy altas, quizás demasiado altas después de haber estado viajando 5 meses por el sudeste asiático. Pero ya no había marcha atrás,  y en breve sabríamos si realmente merece tanto la pena ir a El Nido como dicen. Llegar hasta allí, es fácil pero pesado. Según sales del avión en Puerto Princesa ya te están ofreciendo plazas en furgonetas para 9 personas. Nosotros negociamos 500 pesos cada uno (algo más de 9 €) por recorrer las 5 o 6 horas que separan ambos destinos. Durante el viaje se hace una sola parada, así que id al baño antes, consejo de señora de libro.

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Justo al anochecer estábamos entrando en El Nido. Pero nuestra primera impresión no fue tan buena como esperábamos,  aquello sólo eran pitidos, motos, triciclos, y mucha, mucha gente por la calle. Leer más →