Gran Barrera de Coral

Australia

Nuestro paso por Australia fue una auténtica aventura. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Para empezar, llegamos sin los deberes hechos. Australia es un país civilizado y cuadriculado, donde la gente planifica sus vacaciones con meses de adelanto. Nosotros teníamos claro que queríamos recorrer la costa este desde Cairns hasta Melbourne en 23 días, parando en algunos sitios para hacer excursiones. Lo primero era que habíamos destinado poco tiempo a hacerlo, y lo segundo, que todo teníamos que haberlo reservado con tiempo. Veníamos de Asia que allí es todo “aquí te pillo, aquí te mato”, y claro, nos dimos de bruces con la cruda realidad del primer mundo. Yo, Irene, doy comienzo oficialmente al relato de nuestro particular “road trip” por la tierra de los canguros y los koalas. Una amiga me dijo hace poco, que lo mejor de viajar por Australia no es lo que ves, si no el viaje en sí mismo. Vaya si tenía razón!.

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Borneo – Sipadan

Teníamos muchas expectativas puestas en Sipadan. Se trata de una isla situada en el Mar de Célebes al este de Borneo. En 2004 fue declarada reserva natural y solo puede visitarse de día y por un número limitado de personas. Según los buceadores, es el mejor lugar de Asia para hacer inmersiones, y probablemente esté dentro de los 10 mejores del mundo. Se acercaba el gran momento. Estábamos muy nerviosos y excitados por llegar allí y comprobar en nuestras propias carnes que todo lo que decían era verdad. Pero como cualquier trofeo, conseguirlo no fue fácil, y tuvimos que pasar por alguna que otra dificultad… ¡Atención spoilers! Nuestro sueño de bucear en Sipadan se vio acompañado por ratas, basura, tormentas, pérdidas de oxígeno, peleas con EVO Banco y fallos de electricidad.

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Malapascua

Filipinas es uno de los mejores destinos del mundo para bucear, y nosotros después de mucho leer e informarnos, decidimos ir a la isla de Malapascua para sacarnos el certificado avanzado de buceo. Esta pequeña isla de 1,6 km de largo y 1 km de ancho, está situada al norte de la Isla de Cebú. El nombre se lo pusieron los colonizadores españoles en 1520 después de se quedaran atrapados allí el día de Navidad, debido al mal tiempo. Solamente se puede llegar por barco y en ella, hay hasta ocho aldeas diferentes. Nosotros cogimos un vuelo desde Puerto Princesa hasta Cebú City, y luego un taxi hasta la estación Norte de autobuses. Allí nos montamos en el último bus local, sobre las 6 y media de la tarde, por 160 pesos (3 €) cada uno. Iba tan lleno de gente que por un momento nos vimos durmiendo en la estación, pero donde caben cien personas, caben ciento tres. Eso sí, tardamos más de tres horas en pillar un asiento libre, menos mal que aún nos quedaban otras tres horas de ir sentados. El trayecto se hace muy pesado porque el conductor va parando en todos los pueblecitos por los que pasa. Menos mal que tenían de banda sonora baladas de los noventa, y nos partimos de risa escuchando como el conductor cantaba como si estuviera en un concurso de televisión.

Llegamos a la última parada en el pueblo de Maya, sobre las doce de la noche, sin poder llegar a Malapascua y sin alojamiento. En el bus habíamos conocido a una guiri rubia, la Vero, que se vino con nosotros en busca de un sitio donde dormir. Encontramos el Abba Family Logde, uno de los peores sitios en los que hemos dormido. Prácticamente sin luz ni agua en el baño compartido, y unas habitaciones de peli de terror, pero claro, pagamos 150 pesos cada uno (menos de 3 €). Lo mejor de la noche fue cuando Paco escuchó como la Vero practicaba frases de ligoteo en español con el móvil. No sé dónde se pensaba que estaba, pero lo de: “¿Quieres ir a un sitio más tranquilo?” debe funcionar a escala mundial.

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