Sulawesi – Tana Toraja

Se acercaba un gran momento para nosotros. Íbamos a conocer Indonesia, el último país asiático de nuestra lista. Tras él, pasaríamos a Oceanía y Sudamérica, por lo que disponíamos de un solo mes más para despedirnos de nuestra querida cultura asiática. Teníamos que explotarla a tope. Pero al igual que Filipinas, Indonesia es un país con muchísimas islas y las comunicaciones entre ellas, e incluso dentro de la misma isla, son complicadas. Teníamos que elegir. Y la ganadora como primera isla a visitar sería: Sulawesi. Y hasta allí pusimos rumbo con una idea muy clara en la cabeza: conocer la curiosa y llamativa cultura de los Tana Toroja. Las tradiciones y los rituales de esta tribu tan especial, no nos dejaría indiferentes, haciéndonos pasar muy buenos momentos, pero también otros bastante desagradables.

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De Borneo a Sulawesi

Estas dos islas se encuentran tan solo a 200 kilómetros de distancia, pero viajar entre ellas en más complicado de lo que parece. Sobre todo para nosotros que estábamos en la parte malaya de Borneo. Había una opción que era pasar la frontera en barco, pero yo, Irene, me negaba en rotundo a correr ningún riesgo. Otra opción era cruzar a la parte Indonesia de Borneo en avión, pero había que hacer otras dos escalas para llegar hasta Makassar, la capital de Sulawesi. Total, que finalmente, lo más fácil era volver a Kuala Lumpur y desde allí volar a Sulawesi. Una vez más, todo gracias a Air Asia.
Volábamos desde Kota Kinabalu a Kuala Lumpur a las 12:00 de la noche, y el siguiente vuelo a Makassar era a las 7 de la mañana, por lo que una vez más pasamos una noche tirados en una moqueta del aeropuerto, muertos de frío por el aire acondicionado, acurrucados el uno junto al otro, y con las mochilas como almohadas. En realidad ya estamos acostumbrados, así que no nos molesta. Ya va siendo hora de que nos coloquen una habitación especial en el aeropuerto de KL con una placa que diga: “Para Irene y Víctor, mochileros de vocación y gorrones de moqueta”. Por la mañana llegamos a Makassar, nuestra primera ciudad de Indonesia. Y cómo sabíamos que allí no había mucho que ver, hicimos lo que hacemos siempre que un lugar no tiene mucha oferta turística: coger un hotel con piscina.

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Makassar

Esta ciudad es muy poco turística, hay gente que incluso no pasa por ella y va directa del aeropuerto a la región de los Tana Toroja, pero nosotros, después de la paliza, preferimos pasar un día descansando. De vez en cuando el cuerpo nos pide piscina. La elección fue el Whiz Prime hotel, muy nuevo y con un staff muy agradable. Pagamos 24 € sin desayuno y estuvimos muy a gusto. Antes de llegar al hotel, en el aeropuerto, una chica estupendísima de la oficina de turismo, Grace, nos ayudó a comprar los billetes nocturnos que nos llevarían, al día siguiente, hasta Rantenpao, desde donde contratas el tour Toraja. Grace, con su maquillaje impecable y un bigote como el de mi abuelo, (no quiero que me castigue el karma, pero qué necesidad…), nos comentó todas las opciones y optamos por un billete de precio intermedio, 180.000 rupias (12 €) con la compañía Primadona. Los hay desde 140.000 hasta 220.000 rupias.

Tras la compra, bajamos al nivel 1 para coger el autobús azul que te lleva hasta el centro por 27.000 rupias. Debe ser que ningún occidental coge nunca ese bus porque nos miraban como si fuéramos marcianos. Pero todo el mundo súper amable, aunque nadie hablaba ni una palabra de inglés. El conductor, majísimo, nos dejó en la misma puerta del hotel. A mi me encanta mantener conversaciones con personas que solo hablan idiomas incomprensibles para ti. Desarrollas un súper poder gesticular y acabas entendiéndote perfectamente. ¡Terry Makasi! (Gracias en indonesio).

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Makasar es una ciudad nada recomendable para el turismo. Es fea, tiene mucho tráfico, intentar cruzar una calle es un infierno, y hay muy poco que visitar. Pero en el fondo, lo de ser el único occidental en un lugar asiático tiene su punto. Y nosotros tenemos tiempo para perdernos en lugares a los que no va nadie. De hecho, gracias a eso, pasamos una tarde muy divertida con un grupo de universitarios locales.

Fuimos a visitar el Fort Rotterdan, un antiguo fuerte militar, herencia de la colonia holandesa, y tras hacernos varias fotos con la gente que nos las pedía, intentamos hablar con unos chavales para que nos explicaran cómo ir hasta la estación de autobuses, sin necesidad de coger un taxi. Como no entendían ni papa, nos llevaron a ver a su profesor de inglés, al que ellos llamaban cariñosamente Osama Bin Lala. Por el parecido, obviamente. Lala resultó ser un musulmán fundamentalista, al que le parecía muy gracioso hacer bromas sobre el ISIS, y decía cosas como “aquí no te matamos por ser europeo, solo por no saber jugar al fútbol, jajaja”. Todo en tono de broma, pero sinceramente, te cagas un poco. Cogimos confianza y Lala decidió que seríamos los invitados especiales en su clase de inglés. Él nos hablaría de los Tana Toraja y así sus alumnos aprenderían con nosotros.

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Nos dijo todo lo que teníamos que ver, nos dio contactos para contratar el tour, y nos habló de temas religiosos, postulándose totalmente en contra de los radicales criminales. Yo, que estaba cogiendo apuntes como la empollona de la clase, me temblaba el pulso cada vez que sacaba el tema. Víctor estaba tan tranquilo. Tras la clase, Lala eligió a tres chicos para que nos llevaran en sus motos a dar una vuelta por la ciudad, y después, hasta la estación de autobuses, que estaba a tomar viento. Todo gratis. A cambio practicarían inglés con nosotros. Lala nos pidió, además, que por favor enviáramos más occidentales al Fort Rotterdam para que los estudiantes pudieran aprender inglés. Así que ya sabéis. Si vais a Makassar, preguntad por Lala en Fort Rotterdam, y a practicar inglés con los chavales.

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Pasamos toda la tarde con los chicos, que estaban encantados haciéndose mil fotos con nosotros para su redes sociales. A última hora, nos llevaron a la estación y les invitamos a cenar en un sitio local baratísimo. Cogimos un bus de Primadona, totalmente decorado como si fuera un tigre gigante (había otro de hello Kitty pero era más barato), y a las 6 de la mañana llegamos a Rantepao.

Contratar el tour Toraja

Los tours para ver toda la región Toraja son bastante caros, porque tienes que contratar un conductor con coche, más un guía que hable inglés, si quieres empaparte bien de toda la cultura, y sobre todo, si quieres asistir a un funeral. A ver, se puede hacer por tu cuenta, pero nosotros en este caso no lo recomendamos. Lo que hay que hacer es regatear a muerte. Como siempre. Aunque en este caso es difícil bajarles del burro. Estuvimos investigando por Internet y ya antes de llegar al hotel, habíamos contactado con unos cuantos guías vía whatsapp.

Habíamos reservado el hotel Pias Poppies, por las buenas críticas que tenía en Tripadvisor, y la verdad es que no nos equivocamos para nada. El staff no hablaba nada de inglés pero era adorable, había agua caliente, las habitaciones eran grandes, y por las tardes te preparaban una ensalada de fruta, así porque sí. Y todo por 13 € la noche. Las pequeñas cosas son las que marcan la diferencia. Nada más entrar al hotel, conocimos a Igor, un letón afincado en Londres que se convertiría en nuestro compañero de tour durante los siguientes dos días. El guía-conductor elegido finalmente fue Astro, que hablaba perfectamente inglés y con el que acordamos pagar 270.000 rupias (18 €) por persona y día. Astro es maravilloso, aquí os dejamos su contacto (móvil +6289602922109 y correo astrotor@yahoo.com). Si necesitáis un guía que hable en español, os dejamos también el de Andi (móvil+6282293827778).

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Tour Tana Toraja, día 1

Lo suyo es visitar todo lo relacionado con la cultura Toraja antes de asistir a un funeral, porque si lo haces al revés, corres el riesgo de llevarte la hostia nada más empezar y no entender nada. Ya nos lo había advertido Lala. Pero el único funeral con el que coincidiríamos, tenía lugar nada más comenzar nuestra visita, así que sin saber nada de nada, nos metimos de lleno en pleno ritual, donde fueron sacrificados nueve búfalos. Fue lo más horrible que he visto en mi vida.

La tribu de los Tana Toraja cree que para que el espíritu del fallecido encuentre al camino hasta la eternidad, hay que sacrificar búfalos, y cuantos más maten, más fácil le resulta al espíritu encontrar ese camino. Las familias más ricas pueden llegar a sacrificar hasta 40, y este tipo de funerales cuesta unos 20.000 €. Los Tana Toraja viven con muy poco y se pasan toda la vida ahorrando para la muerte de sus familiares. Nosotros nos presentamos en el funeral, tras comprar un cartón de cigarrillos al marido de la difunta como manda el protocolo, y yo nada más ver a los matadores preparados para aniquilar a los animales, me puse a llorar y me entró un ataque de ansiedad que me tuve que alejar de allí.

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Víctor, en cuanto vio cómo le cortaban el cuello al primero, tuvo que alejarse también porque se le saltaban las lágrimas. Es muy duro ver cómo les van cortando el cuello uno por uno a todos esos enormes búfalos. Una señora guiri se desmayó y todo. Pero es su cultura, y después, toda esa carne se come. Nosotros en occidente no lo vemos, pero al final es lo mismo. Los matan en los mataderos y después nos comemos su carne. Te entran ganas de hacerte vegetariano, la verdad.

Tras el shock, nos despedimos del marido de la difunta, que estaba encantado de tener invitados tan lejanos, recuperamos nuestro humor y nos fuimos a visitar las tumbas. Los Tana Toraja son cristianos, por la colonización, pero conservan sus tradiciones más ancestrales, todas relacionadas con la muerte. No tienen cementerios como nosotros, ellos usan las rocas para enterrar a sus seres queridos y les ponen unos tau tau (significa muñecos), en las puertas de las tumbas, la mayoría de las veces con las manos abiertas para recibir ofrendas. Nos contaba Astro, que los tau tau se han ido perfeccionando cada vez más y hoy en día hay réplicas exactas de los fallecidos. La verdad es que da un poco de cosica ver los muñecos, pero tiene su punto.

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Además de las tumbas excavadas en rocas, el otro símbolo de la cultura Toraja son las casas tradicionales. Las más grandes se usan como vivienda, y las más pequeñas para secar el arroz, como los hórreos. Lo bueno que tiene esta tribu, es que no es una cultura extinta, es decir, las tradiciones siguen vivas, y ellos van a seguir con sus rituales, vayan turistas a verlo o no. Y se siguen construyendo estas casas con tejado de barco. Cada vez más. Astro nos contaba cómo ha ido cambiando todo desde que él era pequeño, porque su familia es Toraja y está muy arraigada a las tradiciones, y el miedo que tiene a que se vaya perdiendo con las nuevas generaciones. Nos contaba historias de cuando él era pequeño, que había unos sacerdotes que entraban en trance y se clavaban cuchillos sin hacerse daño, o que antiguamente además de sacrificar animales, se sacrificaban humanos, esclavos o enemigos. Por los visto en Papúa y Borneo se sigue haciendo.

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Tour Tana Toraja día 2

Está claro que se necesitan al menos dos días para ver todo lo que ofrece esta región. El segundo día, Astro nos llevó a ver una zona llena de monolitos de piedra, que cada familia coloca en honor a su fallecido. Cuanto más grande, más caro, y mejor para el espíritu. Aquí es un poco a ver quién la tiene más grande, la verdad. A ver quién mata más búfalos, quién coloca el monolito más grande, y quién tiene la mejor roca para los restos de los familiares. Pero según Astro, entre ellos se ayudan mucho mutuamente, sobre todo económicamente. Por cierto, cada vez que llegas a un lugar, tienes que pagar una tasa de 20.000 rupias por persona. En un poco sangría, la verdad. Pero todo es poco, comparado con lo que les cuesta a esta gente sus funerales.

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Ese día también visitamos las “baby graves”, que son las tumbas de los menores de 6 meses que están enterrados en los árboles; cuevas con tumbas abiertas llenas de huesos y calaveras, muy a lo Indiana Jones; y los pueblos más tradicionales. En uno de esos pueblos estuvimos en casa de una señora que tenía ahí a su madre, muerta, esperando al funeral. Porque claro, con lo que cuestan los funerales, las momias pueden pasarse años en las casas, hasta que los familiares tienen el dinero necesario para comprar suficientes búfalos y llevar a cabo la matanza. Si no lo hacen, el espíritu no podrá encontrar el camino a la eternidad, y no podrá convertirse en un semi dios para volver a la tierra y cuidar de los que siguen allí. Hay familias que han tenido a la momia en casa 30 años porque no tenían dinero para el funeral. Muy fuerte todo.

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Nos despedimos de Rantepao el día de su fiesta mayor, y cogimos de nuevo un bus nocturno directos al aeropuerto para cambiar de isla. Nosotros en este primer viaje a Indonesia teníamos otras prioridades, pero en Sulawesi puedes pasarte perfectamente un mes buceando en las Togian, haciendo snorkel en Bunaken, o descansando en Bira, una playa al sur de Makassar. Volveremos.

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