Singapur parte II

Encantados de tener un apartamento

Después de llegar a Singapur y pasar el primer día por todo lo alto, con concierto, cena rica y muuuucha cerveza, decidimos disfrutar de la casa a la que nos habían invitado y bajar un poco el ritmo. Además, era la primera vez en muchos meses que estábamos en una casa de verdad, como podría ser la nuestra en España. Aunque la vida en Singapur es más difícil. Nuestro amigo Dom nos contó lo caros que son los apartamentos en este país, y la cantidad de horas que tienen que trabajar para poder llevar un buen ritmo de vida.

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La verdad que la casa era una pasada, con vistas alucinantes del skyline de la ciudad, muebles de diseño, piscina y gimnasio. Lo malo es que él y su novia tienen que trabajar tanto, que apenas pueden disfrutarla. Pero para eso ya estábamos nosotros allí. Todo buen mochilero que viaja con menos de 10 kg sabe que hacer la colada es una de las cosas que no se pueden retrasar mucho, y disponer de una lavadora y secadora era un privilegio que no podíamos desaprovechar. Así que pudimos lavar toda nuestra ropa, toallas, sábanas saco… ¡qué maravilla! Hay cosas que solo empiezas a valorar en tu vida cuando haces un viaje largo. En ese momento tener lavadora era un tesoro.

Pero la mejor parte para nosotros era la piscina. ¡Cómo nos gusta estar en remojo! La urbanización tenía tres piscinas: una para nadar, otra para jacuzzi y hacer bicicleta estática dentro del agua, y una última para los peques. Y encima estuvimos solos para poder saltar, sacar fotos y hacer un poco el chorra. Por primera vez en todo el viaje nos sentíamos que estábamos de vacaciones.

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El Chinatown más ordenado del mundo

Ya por la tarde, y después de que el calor fuera un poco menos exagerado, porque vaya tela con el clima de Singapur…, decidimos ir a dar una vuelta por la ciudad para ver el barrio chino. Llegamos caminando. En esta ciudad se puede pasear por la calle sin problema. Hay semáforos, pasos de cebra y lo mejor de todo es que la gente respeta las señales. Debería ser así en todas partes, pero solo lo hemos visto en Japón y aquí. La única pega era el calor pegajoso, que hacía que empezásemos a sudar cada vez que dábamos tres pasos.

Nuestra visita fue a mediados de Enero, y el barrio chino ya se estaba poniendo de gala para recibir el nuevo año chino que tendría lugar a principios de Febrero. 2016 es el año del mono, y pudimos ver miles de monitos de colores colocados por todas las calles. La verdad que se curraron muchísimo la decoración y estaba todo precioso. Qué pena no poder estar allí el mismo día del año nuevo para celebrarlo.

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Una vez en Chinatown, nos quedamos alucinados de lo bonitas que eran las calles y los puestecitos. Todo estaba limpio y muy cuidado. Yo, Víctor, no he estado en China, pero he visto muchos barrios chinos por el mundo, y este es sin duda el mejor de todos. La mayoría de las tiendas vendían souvenirs para turistas, pero también vimos algún templo por la zona.

Cena española con toque de ajo

Como Dom y su chica se estaban portando tan bien con nosotros, decidimos hacerles una cenita española para que probasen la mejor cocina del mundo. A ellos les pareció una idea genial y decidieron invitar a algunos amigos para que nos conocieran. Total, que al final nos metimos en un “embolao” teniendo que preparar comida para nueve personas. Como la carne y pescado en Singapur son carísimos, optamos por un menú vegetariano, pero muy español. La cena, que iba a ser de picoteo, consistiría en gazpacho, salmorejo, tortilla de patata, alioli, papas con mojo picón y sangría. Estuvimos una mañana entera preparando todo, y al terminar nos dimos cuenta que todos los platos tenían ajo. En España estamos muy acostumbrados a comer cosas con ajo, pero en el resto del mundo no. Con razón decía Victoria Beckham que España olía a ajo… ¡Si se lo ponemos a todo!

Cuando llegaron los comensales tuvimos que avisar del tema ajo, pero al final todos estuvieron encantados con el sabor. Lo mejor fue la tortilla y la sangría. A todo el mundo le gustó mucho y nos felicitaron como a grandes chefs. Lo malo fue que estuvimos tan concentrados en preparar todo que se nos olvidó hacer una foto del antes de la cena, así que solo tenemos la del después.

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El León, símbolo de Singapur

Nuestra última mañana en la ciudad volvimos a la zona financiera de la ciudad para poder ver una de las atracciones más famosas de la ciudad, el Merlion. Se trata de una fuente con cabeza de león y cuerpo de pez, que es el símbolo de la ciudad desde 1966. Se ubica a los pies de los rascacielos de la bahía, a la orilla del mar. Eso sí, había diez millones de chinos con sus móviles intentando sacar una instantánea sin gente, vamos, misión imposible.

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Y caminando bajo el sol abrasador llegamos de nuevo a los jardines de la bahía. Esta vez, al verlos de día, pudimos disfrutar mucho más de los colores de las plantas y jardines. Estuvimos leyendo sobre las setas gigantes para descubrir que en realidad son estructuras de más de 25 metros que se usan para drenar el agua de lluvia, y así poder regar el resto de los jardines y producir energía gracias a sus células fotovoltaicas. Son una auténtica pasada y una vez más, es gratis pasear por ellas (excepto la pasarela aérea). Además de todo eso, están cubiertos por miles de plantas y flores tropicales. Recomendamos pasar toda una tarde o mañana paseando por esta zona. Nosotros tuvimos que salir corriendo, de forma literal, para poder terminar las mochilas e ir al aeropuerto.

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Sorpresa final

En total estuvimos cuatro noches en Singapur, que gracias a nuestros amigos, fueron increíbles. Hemos podido ver el Singapur turístico, pero lo mejor ha sido poder vivir como vive la gente en este país de lujo, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Esperamos poder devolver el trato a Dom y Helga cuando vengan a vernos a Madrid.

Como sorpresa final, al llegar a aeropuerto descubrimos que había una exposición de Star Wars, con storm troopers y naves a tamaño real. Cómo son en este país, tienen que tener siempre lo mejor y más divertido. Para qué queremos más. Irene disfrutó como una niña antes de subir al avión que nos llevaría de nuevo a Kuala Lumpur, y de allí a Manila. Filipinas nos estaba esperando con una visita sorpresa.

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Estando en Singapur nos enteramos de que había muerto David Bowie, así que ahí va nuestro pequeño homenaje.

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