Singapur parte I

No teníamos planeado ir a Singapur, porque es carísimo, y desde luego, no es un destino para mochileros; pero un amigo que vive allí nos invitó a pasar unos días en su casa con él y su chica, y allá que fuimos. Un alojamiento barato en Singapur no baja de los 50 euros por pareja, así que nos íbamos a ahorrar una pasta. Cogimos un bus en Melaka, Malasia, a las 10 de la mañana, y a las 2 de la tarde ya habíamos llegado al centro de la ciudad, donde nos estaba esperando nuestro amigo y anfitrión Dominic. Vaya cambio pasar de un país a otro. No parecía que estuviésemos en Asia. La verdad es que nos encantó Singapur y pasamos unos días geniales con Dom y Helga.

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La mezquita del Sultán

Lo primero que hicimos nada más llegar, fue ir a comer, que estábamos hambrientos, y necesitábamos algo rico y elaborado, después de lo mal que habíamos comido en Malasia. La zona elegida fue Arab street, donde se encuentra la mezquita del Sultán, considerada monumento nacional desde 1975. Es el emblema de la comunidad árabe en Singapur desde que se terminó de construir en 1928.

En realidad, parece de Disney. Daba la sensación de que iba a aparecer en cualquier momento un muñeco gigante del genio de Aladdin, para hacerse una foto con nosotros. Todo limpio impoluto y ordenado. Nos parecía irreal, como estar en otro planeta, después de toda la basura que habíamos visto en Asia. Pero lo agradecimos, la verdad. Comimos en un restaurante, completamente occidental, riquísimo, y, obviamente, a precios europeos. No sé la de tiempo que llevábamos sin comer una buena pizza casera.

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Rascacielos, orden y limpieza

Pasear por las calles de Singapur era como estar en una burbuja. A ver, que a nosotros nos encanta Asia, y nos hemos acostumbrado tanto al bullicio y a la porquería que ya ni lo vemos; pero no nos venía nada mal descansar un poco del cutrerío asiático. Era como andar por Manhattan, todo lleno de rascacielos, con mucha menos gente, eso sí, y un calor abrasador. Ahí sí que no pueden hacer nada. Singapur es una ciudad/estado de ensueño, pero andas dos pasos y ya estás sudando como un pollito. Y bueno, luego tiene algunas normas abusivas como no abrazarse en público, y leyes completamente obsoletas en lo que se refiere a la homosexualidad. Cuidado también con cruzar por donde no debes, que te cae una multa. Tampoco se puede comer chicle, y te tienes que quitar la mochila obligatoriamente dentro del vagón de metro.

Dom, que sabe que nos gusta más un dato friki que a Pablo Iglesias salir por la tele, nos llevó a ver uno de los edificios más bonitos, donde se rodaron algunas escenas de la trilogía del Batman de Nolan. El edificio es el Parkview Square, terminado de construir en 2002 por una firma americana, siguiendo el estilo Art Decó.

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Gardens by the bay

Después de dejar las mochilas en su casa, pegarnos una ducha, y descansar un poco, nos fuimos a ver el gran hit de Singapur. Los llamados “Gardens by de bay“, que son unos jardines construidos sobre una bahía de agua artificial, donde hay unos árboles gigantes con forma de setas, que se llenan de colores por la noche; y las dos famosas cúpulas ovaladas que albergan dos jardines, artificiales también, que son de quitar el hipo. Íbamos por Singapur un poco como Paco Martínez Soria al salir de su pueblo. Dominic debía estar flipando con nosotros porque todo nos parecía espectacular. Igual es que lo es…

Entramos en los dos invernaderos, en el “Cloud forest” (bosque de las nubes), y en el “Flower dome” (la cúpula de las flores). Hay una entrada combinada de unos 18 euros, con la que puedes visitar ambos. El primero nos encantó. Básicamente lo que ves es una jungla gigante, con miles de plantas y una cascada enorme, dentro de un edificio ultra moderno de metal y cristal. Íbamos con la boca abierta. A estas alturas hemos visto muchas cosas, pero de verdad que ésto nos parecía alucinante. El segundo no nos impactó tanto, pero también es genial, con plantas y árboles de los principales climas templados del mundo.

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Marina bay Sands

Desde los jardines llegamos al complejo Marina Bay Sands, que incluye el famoso hotel con forma de barco, el casino más caro del mundo, un centro de convenciones, un centro comercial, un museo de arte y ciencia, dos teatros, restaurantes y dos pabellones flotantes. Casi nada.

Lo mejor de todo es el hotel, con una gran piscina infinita en la azotea. Una habitación allí cuesta unos 300 euros, y solo se puede usar la piscina si estás alojado en él. Queda pendiente para cuando seamos ricos. Con lo que nos gustan las piscinas, alguna vez en la vida tenemos que probar ésta, que ostenta el título de ser la más alta del mundo.

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Para subir a la azotea hay que pagar, pero Dom nos dijo que le siguiéramos, que él era residente y no hacía falta pagar nada. Le seguimos, con nuestras pintas de mochileros que se están colando, pero con gesto seguro y determinación, hasta la terraza del bar “Çest la vie”, desde donde se pueden ver las vistas de toda la ciudad. Dom nos contó que el hotel fue construido un poco alejado del resto de rascacielos, y detrás del lago, para tener una visión global del skyline, sin ningún edificio que tapara nada. Pero qué listos son en Singapur. Y qué de dinero tienen. Por cierto, el lago de Marina Bay Sands, se creó a partir de una presa artificial que luego se desaló para que sirviera de reserva de agua dulce para abastecer a todo el país.

De las mejores vistas de nuestra vida. Vimos como anochecía y se fueron encendiendo todas las luces de la ciudad. Espectacular. Eso sí, las cervezas, dobles, costaban 20 dólares de Singapur cada una. Cómo debe molar ser rico, y hacer ese tipo de cosas siempre que te dé la gana… Por cierto, para subir hay que llevar pantalón largo obligatorio si eres hombre.

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Show y cena india

Ya un poco entonados con las cervezas del bar del super hotelazo, nos fuimos a ver el famoso show llamado “Wonder full”, que tiene lugar todos los días a las 20h y a las 21:30h en el “Event plaza”. Y digo entonados porque llevábamos tiempo sin beber y sé nos estaban subiendo las burbujas a la cabeza. Encima Dom nos compró yonkilatas de Asahi para ver el espectáculo. La situación era curiosa. Íbamos por aquella ciudad del futuro, ultra limpia y cuidada, con todo el mundo tan educado y bien vestido, y nosotros paseándonos por delante de las tiendas de Gucci y de Dolce y Gabbana, con las cervezas en la mano sin que nadie nos dijera nada. Estábamos encantados.

El espectáculo dura 13 minutos en los que se mezclan luces, láseres, música y agua. Es una pasada, y encima es gratis. En ese momento nos parecía todo lo más de lo más. Además, de camino a coger un taxi para little India, donde íbamos a cenar, nos encontramos con un concierto de un grupo de rock local, que se tocó un tema de Foo figthers. Lo hicieron horrible, destrozaron la canción. Pero nosotros lo dimos todo. A la española. Ahora, el resto solo movía la cabeza.

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Para rematar el día tan genial que pasamos, cenamos en un restaurante indio riquísimo, el Khansama Tandoori. Y caro también. Por primera vez en nuestra vida, vimos un barrio Indio que estaba limpio y ordenado. Nos alegrábamos mucho de haber ido finalmente a Singapur.

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Continuará…

Os dejamos con la canción que destrozó el grupo de rock local, pero la original. Bien hecha.

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