Sigiriya-Dambulla

Lo primero que hicimos al despertar en Trincomalee fue cruzar los dedos y sacar la cámara de fotos de la bolsa de arroz para ver si había revivido. ¡Por favor, Ganeshito de mi vida, qué funcione, qué funcione! Pues no. Definitivamente nos hemos quedado sin nuestra maravillosa Sony compacta que hacía unas fotos estupendas. A partir de ahora tiraremos de móvil hasta que compremos una nueva. Así es la vida de los mochileros. Menos mal que existe el PicsArts (aplicación para retocar fotos, mamá).

Trayecto hasta Dambulla

Abandonamos la costa para dirigirnos al centro del país. La primera parada sería la ciudad de Dambulla, donde pasaríamos dos noches y estableceríamos nuestro campamento base para visitar tanto las rocas de Sigiriya como el Temple Rock.

Cogimos un tuk tuk desde la playa que nos dejó en la estación de Trincomalee por 200 rupias (1,2 euros) y allí tomamos un bus local hacia nuestro siguiente destino por solo 130 rupias cada uno (0,8 euros).

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Al ser distancias tan cortas, hay autobuses que salen cada poco tiempo y nada más llegar a la estación nos indicaron cual teníamos que coger para ir a Dambulla. Aquí todo es fácil y rápido, o al menos es lo que nos parecía a nosotros, después de venir del caos de India.

Pero igual que nos acordamos de las cosas malas de India, estamos echando mucho de menos las buenas. Como por ejemplo la comida. Aquí la oferta no es muy variada y encima los platos son mucho más caros. ¡Lo que daríamos ahora por un navratan korma! Otra cosa que echamos en falta es tener tantos estímulos delante y en tan poco tiempo. Sri Lanka es súper agradable pero no te llama tanto la atención, es más occidental. Tenía razón la gente que nos decía: “cuando te vas de India es cuando realmente la aprecias”.

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Llegamos a Dambulla y fuimos directos al Takeshi Inn, un guest house que habíamos reservado por booking y que nos gustó mucho. Costaba 13 € por noche, estaba muy limpio y los dueños eran muy majos. Nada más llegar, el señor de la casa nos ofreció un chai. Se nos pusieron los ojos como platos y se nos saltaron las lágrimas como a Candy Candy al escuchar esa palabra. Aceptamos su oferta y cuando llegó, el té era negro, normal y corriente, no un masala chai. Ahora sí que sí, entramos en fase de aceptación. No vamos a volver a tomar un chai en condiciones hasta que lo hagamos nosotros mismos cuando volvamos a Madrid. No tenemos ni cámara de fotos ni chai, menos mal que siempre llevamos un tarro de Nutella en la mochila para subirnos el ánimo.

Sigiriya: Lion Rock y Pidurangala

Al día siguiente nos despertamos muy pronto para ir a Sigiriya y subir a alguna de sus famosas rocas. Por esta época ya llueve y lo mejor es madrugar bastante antes de que se metan las nubes y no se vea nada el paisaje. Justo enfrente de nuestro guest house se cogía el bus que te llevaba directo hasta allí por 40 rupias por cabeza (0,25 euros) y allá que fuimos entre gente local y música a todo volumen.

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En Dambulla hay mil tuk tuks que se ofrecen a llevarte a Sigiriya pero nosotros seguimos defendiendo a muerte el transporte local de este país. Llegamos a la parada de autobuses y anduvimos unos 2 km. hasta llegar a la zona donde están las entradas para subir a las dos rocas que hay: la Lion Rock, que es la famosa, está llena de turistas y cuesta 4200 rupias (27 €). ¿Hola? ¿Un poco excesivo, no?. Y la Pidurangala, que cuesta 500 rupias (3 €).

La pregunta aquí es, ¿a cuál subo? Pues nosotros, y otros cuantos mochileros, lo tuvimos bastante claro. A la barata. Las vistas son las mismas y encima desde la Pidurangala puedes ver la Lion Rock de lejos entera, que es la gracia. El caminito hasta allí lo puedes hacer en tuk tuk, pero es muy bonito y merece la pena ir caminando entre árboles, lagos y nenúfares.

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Sigiriya es uno de los lugares más turísticos de Sri Lanka porque contiene las ruinas de un antiguo conjunto palaciego construido en el siglo V d. C. Las rocas son de origen volcánico y se alzan más de 300 m. sobre el nivel del mar.

Llegamos a la base de la Pidurangala Rock, que actualmente es un templo budista y en su día fue el monasterio del rey Kasyapa. Pagamos la entrada y empezamos a subir escaleras. Son solo unos 15 minutos de subida y se suda bastante porque es muy empinada. Una vez llegas a lo alto, te encuentras un buda reclinado, y tras él hay que trepar por las rocas para alcanzar la recompensa final.

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Las vistas desde arriba son increíbles. La cima de la roca es plana y puedes caminar 360º sobre ella. Lo que ves son kilómetros y kilómetros de selva y montañas. Si afinas un poco la vista, hasta puedes observar elefantes salvajes desde allí. Nos quedamos un buen rato disfrutando del paisaje aunque lamentábamos más que nunca no tener cámara de fotos.

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Las cuevas de Dambulla

Después de comer volvimos a nuestro hostel para descansar un poco y sobre las 4 de la tarde nos pusimos en marcha hacia el Golden Temple, en el centro de la ciudad de Dambulla. Esta vez optamos por el tuk tuk porque había que coger dos buses para recorrer solo 3 km y lo sacamos por 100 rupias (0,60 €).

Al llegar, lo primero que te encuentras es un buda gigante dorado y una puerta con unas escaleras que suben hacia una pequeña montaña. Como la entrada a una atracción de Port Aventura. No es por menospreciarlo pero parecía todo un poco de cartón piedra o corcho pan.

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Vimos como los locales entraban sin pasar por taquilla y nos dieron ganas de seguirles y hacernos los suecos. Pero ya habíamos leído que arriba te piden el ticket y si no lo tienes, te toca bajar de nuevo a por él, así que nos comportamos como buenos turistas y pagamos la entrada. Fueron 3000 rupias entre los dos (19 €) que por ese precio, lo suyo es que detrás hubiera una montaña rusa que te paseara por todo el templo…

Aquí los precios para entrar a cualquier sitio están muy inflados. El conductor del tuk tuk que nos llevó, nos dijo que eso es culpa del gobierno, que es muy avaricioso, y los visitantes se gastan poco dinero en otro tipo de cosas más locales, por culpa de lo caras que son las actividades turísticas. Para que os hagáis una idea, un safari para ver elefantes en esta zona son 45 dólares.

Cuando terminas de subir todas las escaleras llegas al Temple Rock, que es donde están las famosas cuevas de Dambulla, a 160 metros de altura.

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Estuvimos informándonos sobre el lugar y aprendimos que es el complejo de cuevas con templos más grande y mejor conservado de Sri Lanka. En ese momento el dato nos pareció algo así como “el campeón de judo de su portal”, pero el sitio es bastante impresionante. Hay 153 estatuas de buda distribuidas en cinco cuevas, pero lo mejor de todo son las pinturas en la roca hechas a mano.

Leímos también que entre todos los budas había cuatro estatuas de Visnu, tres de reyes y una de Ganesh. Nos pusimos a buscar como locos a nuestro dios favorito, pero resulto más complicado que encontrar la rana en la fachada de la universidad de Salamanca. Al final no había ningún Ganesh, ya nos engaña hasta la wikipedia. Nos conformamos con ver la figura de buda en diferentes formas y tamaños.

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El día acabó con una cena en el Mango Mango, una especie de pastelería restaurante donde probamos todo tipo de bollos y hojaldres con rellenos salados y picantes. Y de postre, sándwich de Nutella, por supuesto.

 

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