Tour Salar de Uyuni

Lo primero que queremos puntualizar es que el tour del salar de Uyuni no es solo el propio salar, es muchísimo más que eso. Cierto es que el salar es el hit, porque es único en el mundo, pero durante el resto de los días se recorre la región de Sud Lípez y la Reserva Nacional de fauna Andina Eduardo Avaroa, que es igual de alucinante y bonita. Otra cosa que queremos señalar es que el tour es mejor contratarlo desde Tupiza que desde el propio Uyuni. Uno, porque dejas el gran salar para el final, dos, porque es más largo (son cuatro días), y tres, porque hay menos posibilidades de que te timen o engañen desde Tupiza que desde Uyuni. Aquí os contamos como fue nuestra experiencia, de la que ha sido una de las grandes maravillas naturales de todo el viaje.

Frontera Argentina-Bolivia

Cruzar esta frontera es bastante sencillo y rápido. Nosotros tomamos  un bus local y barato de Humahuaca a La Quiaca y allí pasamos a pie de un país a otro. Sin ningún problema. Con el pasaporte español no te dan nada, pero para los argentinos que paséis con DNI, no os olvidéis de guardar el papel verde que os dan y llevar una fotocopia de todos los documentos.

Una vez en Bolivia fuimos caminando hasta la estación de trenes y allí ya nos dimos cuenta de lo informal que era todo en ese país. Habíamos mirado en Internet los horarios de los trenes y lo habíamos calculado todo para coger (ya que hemos salido de Argentina podemos volver a usar este verbo) el de las 14:30 que nos llevaba directos a Tupiza. Pero había bloqueo, es decir, que un grupo de personas a modo de piquetes se habían colocado en medio de las vías del tren impidiendo su paso, protestando vete a saber tú por qué. Por lo visto allí era algo normal. Así que nos tocaba ir en bus, algo que habíamos querido evitar puesto que nos habían contando que los conductores beben más de la cuenta. Pero no nos quedaba otra. Antes de ir hacia el bus, pasamos por un restaurante local y nos zampamos un menú por 12 bolivianos los dos, que son ¡menos de dos euros por persona! Que alegría volver a un país donde se podía comer barato. Y no estaba mal. Básico pero bien.

Una vez en la estación de buses, contemplamos las dos opciones que teníamos para llegar hasta Tupiza. Todo baratísimo. Por un lado estaba el bus grande que salía una hora más tarde, y por otro lo que ellos llaman “rapiditos”, que son unas furgonetas que van saliendo según se llenan de gente. Y como sardinas en lata fuimos en una de ellas. El viaje fue incómodo a más no poder, pero todo volvía a ser tan pintoresco en nuestras vidas que nos parecía la mar de bien. Para empezar estaba lleno de cholitas, que así llaman a las mujeres bolivianas que usan el traje tradicional; y luego nos partimos de risa al pasar un puesto de policía de aduana donde las cholitas intentaban meter ilegalmente un montón de fruta que traían de Argentina. Policía: ¿A ver, de quién es esta caja llena de manzanas? Que sabéis que no se puede meter fruta en Bolivia. Cholita lianta: señoritaaaa, que solo son unas manzanitas para comer nosotros… Policía: señora que hay tres cajas del tamaño de una persona llenas… Pero las cholitas le convencieron y entraron con sus miles de manzanas. Nosotros nos meabamos de la risa.

Una vez en Tupiza, fuimos al hostel Buch Cassidy, que habíamos reservado por Booking y estaba estupendo. Allí nos ofrecían el tour de cuatro días, tres noches por 1300 bolivianos por persona, y tenía buena pinta, pero acabamos contratandolo con los de La Torre tours, que nos cobraban 1150 a cada uno por ir en un jeep junto con otros tres turistas más. Esa noche cenamos en los puestecitos de comida de la estación de Tupiza y disfrutamos a tope, sintiéndonos de nuevo en un país con un ligero toque de cutrerío asiático de ese que nos fascina.

Día 1 del tour

Amanecimos muy pronto esperando a que nos recogieran los de La Torre Tours con el desagradable regalito que nos llevamos de Argentina, ya hecho realidad en nuestra piel. Resulta que la noche que pasamos en Humahuaca nos picaron chinches, y un día después las picaduras nos habían dado reacción. Sobre todo a mi, Irene, que tenía la cara hecha un cristo, llena de bultos enormes que iban desde el párpado hasta la boca. Un cuadro. Pero las picaduras no iban a poder conmigo. Estábamos a punto de emprender una de las excursiones más bonitas que hemos hecho en toda nuestra vida.

Además, esta vez tuvimos mucha suerte con los compañeros de viaje. En un coche iban una canadiense, un alemán, una francesa y un suizo. Todos majos. Y en el nuestro, un argentino y una pareja de franceses con los que hicimos muy buenas migas y con los que compartimos mucho más que el salar. Ya les iréis conociendo en el blog. Esta foto es de la primera parada que hicimos en la zona de El Sillar, a pocos kilómetros de Tupiza.

Ese día viajamos por el desierto disfrutando de un paisaje lleno de formaciones volcánicas, colores caobas, llamas, vicuñas, y sobretodo carreteras infinitas llenas de baches que sorteábamos gracias a nuestro conductor. En el otro jeep iba la Mode, una cocinera cholita a la que fuimos conociendo más y más durante el viaje y nos aleccionó sobre su particular visión de la nutrición.

Para terminar el día, visitamos un pueblo fantasma, antes lleno de mineros y sus familias. Era muy inquietante, lleno de ruinas y con un guía local que nos contaba unas historias incongruentes sobre la maldición por la que se fueron los habitantes. No tenía ningún sentido pero nos hacía gracia en general. Al llegar al pueblo, ya estábamos por encima de los 4600 m, y se notaba. La cabeza dolía más de la cuenta y cansaba subir cualquier mínima cuesta. A pesar de que habíamos ido subiendo poco a poco desde Argentina, la altura estaba ahí, pero no tanto como para pasarlo mal. De hecho, no tuvimos que tomar hojas de coca en ningún momento. Y eso que al día siguiente superamos los 5000 m.

Día 2 del tour

Después de dormir en un hostal muy básico y probar el arroz con pollo y la sopa de vegetales de la Mode, que estaba todo muy bueno, por cierto, y ver cómo ella se metía para el cuerpo un batido de proteínas de herbalife, nos pusimos en marcha para ver unos paisajes mega alucinantes de la Reserva Nacional de fauna Andina Eduardo Avaroa. No tengo palabras para expresar todo lo que vimos ese día, y sobre todo, no hay sitio suficiente en este blog para poner todas las fotos bonitas que hicimos. Aquí os dejamos una pequeña selección. Primero lo que llamaban el desierto de Dalí, que me vais a perdonar, pero al que no le recuerde esto a Tatooine, es que no tiene perdón de la Fuerza. Por un momento me sentí como mi héroe de la infancia, Luke Skywalker. Qué maravilla de lugar.

Después visitamos varias lagunas, la hedionda, la verde, la blanca…, a cada cual más bonita que la anterior. Todas llenas de colorines y cientos de flamencos rosados posando sobre sus aguas. Un espectáculo de la naturaleza.

¿A que no sabéis por qué los flamencos tienen ese color rosado en la piel? Para conocer la respuesta tendréis que ver el capítulo de El Delta del Ebro, de la segunda temporada de “Volando voy” con Jesús Calleja para Cuatro. Que ya que estamos aprovecho para recomendar un buen programa de televisión.

La Laguna Colorada fue donde más flamencos vimos y la que más nos gustó sin duda. Nos pasamos horas viendo a aquellos animalitos de cerca y casi llorando de la emoción de lo bonito que era. No exagero. Además las llamas se paseaban tan tranquilas alrededor nuestro, con esos ojitos diminutos y las rastas que les cuelgan de todo el cuerpo.

Esa noche era Nochebuena. Disfrutamos de una cena especial que nos hizo la Mode y de la charla con nuestros compañeros. Pero sobre todo, disfrutamos del tiempo que pasamos con Lucille y Antoine, con los que ya empezábamos a coger confianza y podíamos cotillear sobre cualquier cosa. Y aunque no hables el mismo idioma, cuando tienes un humor parecido, te entiendes. Un poco antes de medianoche salimos a ver el firmamento y nos quedamos con la boca abierta. Al estar en medio del desierto, sin luces ni contaminación, pudimos observar millones de estrellas. Encima al estar en el hemisferio sur se ven constelaciones diferentes a las que vemos desde España.

Día 3 del tour

Comenzamos el día entre volcanes y desiertos para ir a darnos un baño a las aguas termales. Allí no metimos en esa piscinita natural, con el agua tan caliente que nos dejó con la tensión por los suelos. Menos mal que nos dieron un tentempié al salir para poder seguir con la ruta.

Ese día había dos rutas posibles y fuimos por la que habíamos pactado con la empresa el día que contratamos el tour. Dos noches antes, los chóferes habían hecho una cosa muy extraña. Nos habían intentado vender como mejor una segunda opción de ruta, que era más corta y veíamos otras cosas, interesantes según ellos. No entramos al trapo. Les dijimos que queríamos ir por la larga, como habíamos pactado con la agencia. Ya nos habían alertado sobre esto. Los chóferes son los dueños de los coches, no las agencias, y tratan de ir por el mejor camino para el vehículo, para machacarlos cuanto menos mejor, obviamente. Ellos tienen que ahorrar muchos años para comprarse un jeep y se destrozan en pocos años con ese tour. La verdad es que nuestro conductor, Vicente, se pasaba las horas de descanso limpiando y cuidando el carro, pero nosotros no teníamos la culpa, y queríamos el tour largo. Aún así, Vicente nos parecía un tío genial, con sus ojitos diminutos y su cara grandota, dando unas contestaciones escuetas que a nosotros nos parecían muy graciosas, y masticando hojas de coca como si no hubiera un mañana. Al final del día, tenía los mofletes más hinchados de un hámster.

El paisaje de ese día fue más desierto, más lagunas, y más rocas volcánicas de mil formas diferentes como el árbol de piedra, una de las más famosas.

Aunque los lugares que íbamos visitando eran bastante parecidos entre ellos, no nos cansábamos de sacar fotos y ver los flamencos tan elegantes con esas patas tan largas. A la hora de comer paramos en la laguna verde, que solo es verde si hay un poco de viento, y nos prepararon un almuerzo en mitad de la nada. Como se lo curraba la Mode.

Después seguimos con la ruta para ver más formaciones raras, aquí tenéis una de Alien intentando comerse a Víctor con un volcán de fondo en semi erupción, ya en el territorio chileno.

Para el atardecer llegamos a la zona geotérmica del “Sol de mañana” donde están los géiseres  y las fumarolas a unos 5000 m. Nos contó nuestro guía que hace unos años se cayó un turista y se coció literalmente en el barro. Se puede caminar libremente entre las formaciones sin ningún tipo de cuerda o valla que te impida acercarte. Encima en esta zona hace mucho viento y según dicen fue el causante de que el turista se cayera al fango burbujeante.

La última noche la pasamos en un hotel de sal, dónde nos pudimos duchar y conseguimos Internet con  la tarjeta de datos que habíamos comprado en Tupiza. Por cierto, como con la compañía Entel no te daba chips sin un DNI boliviano, la misma señora de la tienda nos prestó el suyo. Qué maja, y que suerte tiene de que no seamos unos pandilleros. Para que luego digan que la gente de Bolivia no es simpática. Con nosotros al menos lo estaban siendo en general.

Esa noche nos despedimos de las ricas cenas de Mode, aunque ya no hacíamos caso a sus historias de nutrición, después de ver que por mucha dieta que nos contaba que hacía y de cómo le había cambiado la vida al conocer herbalife, se atiborraba a queque (bizcocho).

Día 4 de tour

Llegó el gran día. Nos levantamos a las 4 de la mañana para poder ver el amanecer desde la isla Incahuasi que hay en medio del salar de Uyuni. Situada a casi 4000 m sobre el nivel del mar, está llena de cactus gigantes de más de 10 m que crecen entre lava petrificada. Significa la casa de Inca y tiene una vista privilegiada del desierto salado. Aunque el amanecer no fue muy bonito, todo hay que decirlo. Nos pilló nublado y no lo vimos muy bien. Aunque tampoco íbamos a quejarnos con la suerte que estábamos teniendo de clima en general. La semana anterior se congelaron de frío en el tour e incluso les nevó. Nos alegramos mucho de haber ido en verano. Una vez se hizo de día, teníamos el salar de Uyuni frente a nuestros ojos.

El salar de Uyuni es el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo, con una superficie de 10.582 km2 y con un espesor máximo, alucina pepinillos, de 130 m. Además es la mayor reserva de litio en el mundo con el 50-70 % del litio mundial, e igualmente cuenta con importantes cantidades de potasio, boro y magnesio. Nos hubiera gustado verlo con un poco de lluvia, porque cuando tiene agua, se refleja el cielo y es espectacular en la época de lluvias en febrero. Pero así no estaba nada mal tampoco.

Después de desayunar, fuimos hasta una zona del salar donde estuvimos solos y pudimos hacer lo que ellos llaman “fotos locas”. Esto con lluvia no te puede hacer así que por eso lado algo ganamos. Tuvimos una hora para jugar con la perspectiva y hacer todo lo que se nos ocurriera. Lo pasamos como niños.

 

El tour había sido genial. Para rematar nos dieron de comer y nos llevaron a un cementerio de trenes de Uyuni que era increíble. Molaba a tope. Parecía un escenario de una peli de los años 30. Nos contaron los guías que antes era un vertedero y aunque seguía habiendo basura tirada, lo habían arreglado para el París Dakar.

Y hasta aquí el tour, de momento nos estaba encantado Bolivia. Y aún quedaba muchas más sorpresas.

 

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