Rajastán: Jaisalmer

Jaisalmer es la ciudad del buen rollo para nosotros. Después de habernos sentido completamente estafados el día anterior en el desierto, decidimos que no íbamos a ir a ningún lugar que tuviera pactado nuestro conductor y buscaríamos todo por nuestra cuenta. Encima nos enteramos que el safari que hicimos fue un timo. Lo mejor es adentrarte tres horas en el desierto para dormir entre las dunas. Ademas los guías están contigo en todo momento y te preparan la cena en una hoguera. Por eso nos había parecido tan horrible. El que había sido nuestro ángel de la guarda, Ratan, se había convertido en el villano de la película. Giro de guión.

Pero no queríamos darle más vueltas al tema así que nos despedimos de Ratan hasta el siguiente para poder disfrutar de Jaisalmer. Llegar a esta pequeña ciudad fue como una ráfaga de aire fresco. La gente era mil veces más amable, los tuk tuks no pitaban casi nada y el centro de la ciudad, dentro de un fuerte amurallado, era como estar en una peli de Indiana Jones.

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Lo que hay que hacer aquí, es patearse el fuerte y perderse por las miles de callejuelas. Hay un templo y un palacio que visitar por 250 y 500 rupias por cabeza respectivamente, pero a nosotros nos bastaba con verlo desde fuera. Era todo alucinante, los detalles en los edificios, el color ocre de la piedra, el contraste con las telas, la limpieza, la sonrisa de la gente, el olor a incienso… Aquí se nota que cuidan el paisaje. Hacen muchas reformas pero respetando la armonía arquitectónica local. ¡Nos sentíamos tan bien en ese momento!

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Todo el mundo te saludaba pero sin agobiar, no como en otras ciudades en las que hemos estado. Era más bien como un pueblecito con una atmósfera muy positiva. Nos llamó mucho la atención la cantidad de gente que hablaba español: “hola hola caracola”, “mira mira casimira”.

En una de las callecitas conocimos a Raju, que nos dijo que nos enseñaba su hogar gratis para que viniera más gente de España a visitarle. Según decía allí había vivido el secretario de un marajá y nos contó que el edificio había sido construido con barro y “caca de la vaca”, literal. Tenía a la venta un millón de tesoros increíbles con el propósito de restaurar su casa, pero nosotros no tenemos tanto hueco en la mochila. Una pena porque nos entraban ganas de llevárnoslo todo.

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Hasta ahora en India habíamos estado continuamente en alerta, como a la defensiva. Nos pedían dinero sin parar, nos intentaban engañar, nos perseguían… Después de entrar en casa de Raju nos relajamos un poco. Probablemente también quería vendernos algo pero ya no teníamos la luz roja de alarma encendida. Esta ciudad era diferente. Y nuestro estado de ánimo mejoraba por minutos.

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Decidimos buscar un alojamiento dentro del fuerte y estuvimos mirando varios guest houses, que eran todos monísimos. Incluso vimos uno que había sido el palacio de un marajá y la habitación estaba tal cual, como hace 5 siglos. Aquí debía haber más marajás que comunity managers en España. Te sentías todo el rato como un figurante de las mil y una noches. Nos decantamos por uno muy sencillo pero barato y limpio porque nos cayó genial el chaval que lo llevaba, Khan. La habitación nos costaba tan solo 200 rupias (3 euros) y desde la ventana se podía ver el Jain temple.

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Nos sentíamos cada vez mejor y mejor en Jaisalmer, ¡por fin éramos felices de verdad en la India! Y encima a Víctor ya casi no le atacaban los animales. Bueno, una vaca le dio con los cuernos, pero poco. Fue más un mimito.

Laura y Víctor decidieron que querían hacer un curso de cocina y el mismo chico del guest house les dijo que les enseñaba a cocinar todos los platos que pidiéramos por solo 200 rupias más. Resultó que Khan era un chef fantástico, incluso nos llevó con él a comprar al mercado.

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La cocina era pequeña pero muy limpia, se le veía un cocinero experimentado. Con un poco de música indie de fondo, pasamos unas horas muy divertidas hablando en tres idiomas y probando todo sobre la marcha.

En total cocinaron cuatro platos vegetarianos, aquí es difícil encontrar carne, con diferentes arroces y pan indio de ajo. Todos estaban riquísimos pero el mejor fue el veg korma. Del hambre que teníamos se nos olvidó hacer una foto del resultado final.

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Por la tarde, Khan nos llevó a dar una vuelta por la ciudad, sin cobrarnos nada. Otra muestra más de que en Jaisalmer hay mucha gente buena. O lista, porque tratando así a los clientes es como va a conseguir que la gente venga a su casa, el Dessert Girl’s (www.desertgirlsguesthouse.com). Tiene nombre de puti pero os aseguramos que es un Guest House súper guay con una acogedora terraza para ver el sunset mientras te tomas un riquísimo té de la zona.

Durante el tour, Khan nos llevó a ver los 5 cañones de la muralla donde Laura y yo (Irene) nos convertimos en Sonia y Selena y todos querían hacerse fotos con nosotras. Tras eso, le pedimos ir a una tienda de plata aprobada por el gobierno donde no nos timaran y comprar unos colgantitos. ¡Era todo tan genial!

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Por la noche estuvimos charlando con un hombre que trabajaba en el departamento de turismo del gobierno. Era hiper mega majo y flipó con el precio que nos estaban cobrando por el tour. Con ese mismo dinero (25.000 rupias) se puede comprar un camello y vivir de él. Nos dio un montón de trucos para conseguir billetes de tren y nos recomendó hoteles buenos y baratos. ¡Que suerte encontrarte Teju!

Nos pasamos varias horas escuchando la historia de su vida. Trabaja en Jaisalmer pero proviene de un pueblo del desierto a sólo 120 km, al que se tarda dos días en llegar. Se casó con 12 años, ¡12 años! Con una niña que pactó su familia. Fue durante 20 años conductor de camellos. No tiene hijos porque no tiene dinero para mantenerlos pero asegura que es feliz así. Y en ningún momento quiso hacer negocio con nosotros, tan solo disfruta hablando y aprendiendo de los extranjeros.

Nos dijo que en India ocurren cosas locas para él también. Que cuando va a comprar una cuchara no sabe si cuesta 1 rupia o 100. No sabe utilizar un ordenador pero sabe lo que es skyscanner. Nunca ha viajado a otras ciudades pero se sabía de memoria todos los trenes y aviones que se pueden coger. Impresionante.

Solo por este tipo de gente merece la pena conocer la India. Os dejamos el enlace de su negocio por si alguna vez queréis contactar con él: www.jaisalmercamelsafari.com.

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Después de esta maravillosa charla con Teju, llegamos a dos conclusiones. La primera que había sido nuestro mejor día en India. Hasta ahora pensábamos que nunca volveríamos a este país pero de repente habíamos encontrado una razón para hacerlo. La gente se pasa seis meses en esta ciudad, no me extraña. ¡Viva Jaisalmer!

Y la segunda conclusión fue que Ratan nos estaba tomando el pelo soberanamente. Teníamos que hablar seriamente con él y probablemente romper nuestro acuerdo… ¡May the force be with us!

Y para terminar un día perfecto, os dejamos este temazo

Pueden ver fotos y vídeos de India, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/india

7 thoughts on “Rajastán: Jaisalmer

  1. Un Cambio de Aires

    Jaisalmer, qué recuerdos!! un lugar precioso y en el que acabamos visitando su hospital público ajaja menuda anécdota 😛
    Me ha molado mucho lo del temazo al final de la entrada 😀

    Un abrazo enorme, seguir disfrutando de la experiencia y no dejéis nunca de contarlo 😉

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    • Irene&Victor Post author

      Muchas gracias por el comentario. Ahora estaremos por Asia pero os pediremos consejo para cuando vayamos a Sudamérica. Siempre ponemos un tema al final de cada entrada. Un Saludo!!!

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  2. Pingback: Resumen de India - Blog de Viajes -

  3. Jordi

    No sé si podré esperar a ver qué pasa. Mi vuelta del curro con estas historias ya no es lo mismo. Me quedo esperando con ansia más episodios. Un beso.

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    • Irene&Victor Post author

      Jajaja en breve lo sabrás, solo te puedo decir que la despedida fue bastante tensa

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  4. Patxu

    ¡Un viva por Teju! Me cae bien hasta a mí,que no le conozco.Me habéis convencido. ¡Todos a Jaisalmer!

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