Rajastán: Desierto de Thar

Llegamos a Jodhpur, en el estado de Rajastán, tras 12 horas metidos en un tren que cogimos en Agra. Víctor se despertó sudando y gritando que estaba en una cárcel y quería salir de allí. “No cariño, no estas en la cárcel. Estás en clase sleeper de un tren de la India”.

Tras una noche horrible en ese tren del infierno, nos bajamos en la estación de Jodhpur y apareció nuestro ángel de la guarda en su flamante coche blanco con aire acondicionado. Su nombre es Ratan y a continuación os contamos quién es él.

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Resulta que el grupo de españoles que conocimos en Varanasi había contratado un tour por todo el Rajastán con una agencia y nos había pasado el contacto del conductor. Le escribimos un whatsapp diciendo que nos veríamos en el hotel cuando llegásemos a la zona y hablaríamos de una posible ruta con él.

Pero como buen comercial que es, Ratan se presentó en la estación para ganar puntos con nosotros. Nos llevó al hotel que teníamos mirado por booking y allí cerramos el trato. Por 25.000 rupias (332 euros) tendríamos coche con aire acondicionado, gasolina, costes de parking y conductor para una semana. Tocaríamos a 12 euros por persona y día. Conseguimos ese precio regateando un poco y nos pareció bien, un poco caro, pero nos olvidaríamos de los trenes durante un tiempo.

Ruta prevista por Rajastán

  • Día 1: desierto de Thar
  • Día 2: Jaisalmer
  • Día 3: Jodhpur
  • Día 4: Ratangarh
  • Día 5: Udaipur
  • Día 6: Pushkar
  • Día 7: Jaipur

Ese día, antes de partir, lo pasamos descansando en un hotel bastante bueno, Hotel Mango, que no conseguimos fácilmente. El truco que habíamos aprendido de mirar el precio por booking y luego ir allí y regatear no nos sirvió de nada. La habitación valía el doble de lo que habíamos visto por internet. Después de pelearnos con el de recepción, que no se le entendía nada, tuvimos que reservarlo a través de booking y esperar a que llegara el mail de confirmación. Finalmente pudimos subir a nuestra habitación a pegarnos una ducha de verdad y descansar en un sitio limpio y confortable.

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Día 1: Desierto de Thar

A las 8:30, ya desayunados, Ratan vino a por nosotros y fuimos hacia nuestro primer destino. Fueron 5 horas en coche que comenzaron de muy buen rollo hablando sobre la India, los marajás y los peregrinos que caminan 200 kilómetros hasta un famoso templo. Es tipo el camino de Santiago pero sin vestir de Quechua y con banderas de colores.

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Paramos a tomar algo en un sitio donde clavan a los turistas y allí es cuando la cosa se empezó a torcer. Le dijimos que no nos parecía bien que nos llevara a esos lugares, sobre todo cuando él nos había dejado allí y se había ido a otro a comer. Se sintió un poco ofendido y nos mostró un libro con excelentes valoraciones de sus clientes para que viésemos que no nos quería engañar.

La cosa se tranquilizó hasta que le preguntamos cuanto costaba pasar la noche en el desierto. Nos dijo que nos llevaría a un resort por 2000 rupias cada uno (26 euros) y nosotros pusimos el grito en el cielo y le dijimos que nuestro presupuesto para alojamiento y comida era de 1200 rupias (16 euros) por pareja. A Ratan se le salían los ojos de las órbitas, su cerebro echaba humo y le entraba la risa floja. Estaba claro que no éramos el tipo de cliente al que está acostumbrado…

Para el resto de las ciudades de la ruta, habíamos mirado alojamientos pero en el desierto estábamos vendidos. Llegamos al Thar Desert National Park y entramos en el resort que él debía tener ya pactado, el Oasis Camp Sam. Empezó un toma y daca entre Ratan, los del hotel y nosotros que no llegaba a ningún sitio. Ellos trataban de vendernos su paquete con paseo en camello, dance program, cena, desayuno y dormir en una tienda de campaña de esas grandes con cama.

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No entendían que a nosotros nos daban igual los bailes regionales, no queríamos saber nada de los camellos y lo único que queríamos era dormir viendo las estrellas. Aquí tienen su paquete cerrado que es lo que hacen todos los turistas y si te sales de eso, les explota la cabeza, no lo entienden. Acabamos accediendo a todo por 1000 rupias por cabeza (13 euros) pero durmiendo al aire libre y no en una tienda.

El paseo en camello hasta las dunas fue lo más horrible que hemos hecho hasta ahora en todo el viaje, pero al final habíamos pagado la turistada y nos la teníamos que comer. Al menos pudimos ver el atardecer desde allí.

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Hubiera sido mucho mejor sin niños pidiendo dinero, los turistas indios intentando hacerse fotos con nosotros y toda la basura que había tirada en la arena. Hasta el desierto lo tienen sucio. Sentimos ser negativos pero estamos contando la realidad tal y como la experimentamos.

Tras el sunset fuimos a cenar y a ver el espectáculo que ofrecían. Estuvimos mucho más agusto. Era una especie de flamenco de allí (el 95% de la población de esta zona es musulmana), donde los hombres tocaban percusión, cantaban, y las mujeres bailaban. Ellas intentaban llevar una coreografía pero una de ellas estaba aprendiendo y no daba pie con bola. Era más bien versión libre.

Había un grupo de indios que se acercaban a las bailarinas y les ponían billetes en la boca. Como en un stripclub pero con la ropa puesta. Bastante gracioso la verdad y alucinamos con los movimientos imposibles de una de ellas. Sobretodo con el paso que denominamos “niña del exorcista”, andando hacia atrás con la cabeza entre las piernas.

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La noche fue el mejor momento del día sin ninguna duda. Y eso que los del hotel nos pusieron unas colchonetas en mitad de las dunas y ahí nos dejaron a los 4 solos, en el desierto entre India y Pakistán…

Nos dormimos viendo las miles de estrellas, no demasiado satisfechos,  y pensando qué nos depararía la siguiente etapa de nuestra aventura.

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Un último consejo. Siempre que tengáis la oportunidad de coger servilletas, papel higiénico o pañuelos en algún sitio, hacedlo. Aquí la celulosa en general te la dan contada y más temprano que tarde la vais a necesitar.

Pueden ver fotos y vídeos de India, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/india

3 thoughts on “Rajastán: Desierto de Thar

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  2. Don Cijote de la Mancha

    Pues cuando yo me recorría los campos de Castilla no había papel higiénico ni nada. Menos mal que me traía al joven padawan Sancho para que me asease. Eso sí nosotros nos movíamos en caballo.

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