Pulau Kapas

Malasia – Pulau Kapas

Volvíamos a Asia, ¡nuestra querida Asia! y lo íbamos a hacer a lo grande: pasando una semana entera en una isla paradisiaca. En Malasia hay varias islas a muy buen precio donde puedes pasar unos días comiendo bien y barato, buceando, haciendo snorkel, y disfrutando de playas increíbles de arena blanca y agua turquesa, no muy masificadas. Además, el acceso a estas islas es muy fácil. Se encuentran en el extremo noreste de Malasia, y lo que suele hacer la gente es pasar unos días en las Perhentian, otros en Kapas, y hay algunos que se las apañan para ir también a Redang. A nosotros no nos apetecía ir estresados saltando de una isla a otra, así que optamos por ir a la que más nos habían recomendado: Pulau Kapas. Esta isla tiene bastante buena fama entre los viajeros españoles, y aunque nuestras expectativas eran altas, la experiencia fue aún mejor. Aquí os relatamos cómo fue nuestra estancia en este paraíso para presupuestos mochileros.

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Kuala Terengganu

Para llegar, hay que ir en avión o autobús hasta la ciudad de Kuala Terengganu, allí coger un taxi (o bus) hasta el puerto de Marang, y luego un barco que te lleva a Kapas en menos de 10 minutos. Nosotros veníamos directamente desde Copenhague hasta Kuala Terengganu, pasando por Bangkok y Kuala Lumpur; ¡qué viva Air Asia una vez más! Y como llegábamos muy tarde para el barco (termina a las 17:30), pasamos una noche en un hostel de mochileros en pleno centro de la ciudad. El sitio es el Space Inn, y por 9 € tienes una habitación doble, con baño compartido -eso sí-, pero limpia y muy cómoda.

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En Kuala Terengannu no hay mucho que hacer. A nosotros nos dio tiempo a dar un paseo por la zona de Chinatown y a cenar en uno de sus restaurantes, el Golden Dragon. Nos pusimos finos a pollo, arroz y vegetales, ¡estábamos deseando volver a la comida asiática! Y así de paso perder un par de kilos, que llevábamos la ropa del viaje del año anterior a punto de estallarla por todos lados. Gracias a las mamás por habernos cebado en España durante estos 6 meses. “Hija, qué delgada estás… que luego te vuelves a ir y comes fatal, cómete 34 empanadillas…” Me imagino que todos sabéis de lo que hablo. El caso, que si vais al Golden Dragon, pidáis el pollo al estilo mongol, que está exquisito.

Al día siguiente madrugamos, cogimos un taxi por 30 ringgits (6 €) y un barco por 80 ringgits (17 €), ida y vuelta los dos, hasta Pulau Kapas. Os recordamos que en Malasia, al contrario que otros lugares de Asia, los precios están cerrados y no se regatea. Así que lo mejor es compartir taxi con más gente, como manda el manual del buen mochilero.

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Llegada y alojamiento en Kapas.

Si eres español, tienes que alojarte obligatoriamente en el KBC, o te quitan el carnet de mochilero, y te mandan a rehabilitación 8 meses. Fuera coñas, este sitio está genial situado, tiene ambientazo, cocineros españoles de escándalo, y lo más importante de todo: es el alojamiento más barato de toda la isla. Tienes varias opciones. Las habitaciones básicas con baño propio por 50 ringgits (11 €), los bungalows más alejados de la playa por 70 ringgits, los de primera línea por 90 ringgits, y si quieres estos con aire acondicionado, 130 ringgits. Nosotros elegimos lo más sencillo, y no nos arrepentimos. Al final te pasas todo el día en el agua o en la zona común que tiene el KBC, hablando con otros viajeros de todo el mundo. Eso sí, allí no hay papel higiénico, porque están muy concienciados de no generar basura, así que si lo quieres, llévate el tuyo y lo más importante, no lo tires por la taza de wc.

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Cuando llegas, hay que tener cuidado porque hay dos KBC. Al principio eran uno sólo pero los dos socios tarifaron. Uno se quedó con el restaurante (el malo), y el otro con las cabañas (el bueno, Kayan, y su chica Daniela). Lo malo es que los otros han empezado también a construir habitaciones y es casi imposible no confundirse. Nosotros, a pesar de que nos habían avisado, fuimos directos como dos tolis al sitio de los malos. Cuando llegamos, el que estaba en la recepción nos miró, y con cara de oler a pedo nos dijo, “vosotros españoles al otro lado”. Y allí que fuimos encantados, donde pasamos una semana fabulosa.

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Snorkel en Kapas

Si hay algo que hacer en esta isla diminuta, es snorkel. Está completamente rodeada de coral, y no tienes que contratar ninguna excursión para verlo. Te metes en el agua y ya hay millones de peces y un coral brutal. En algunos casos, a escasos centímetros de tu cuerpo.

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Nosotros pasábamos mucho tiempo en el agua, empezando por nuestra playa hasta el extremo final de la isla. Yo, Irene, igual hacía unas tres o cuatro horas de snorkel al día, pero Víctor, que no tiene fin, podía estar 8 horas persiguiendo peces con la cámara acuática. Hasta tal punto, que un pequeño y precioso Nemo,  le mordió en la mano por acercarse demasiado a su casa. Le está bien empleado, por perturbar la paz de la “anémona house”. Y es que los peces payaso parecen buenecitos pero son muy territoriales, valientes y capaces de enfrentarse a cualquiera. Qué equivocado está Pixar.

Aunque todo lo que estamos contando parece de ensueño, el primer día, tras el primer snorkel, vivimos un momento muy triste: perdimos la cámara de fotos en el mar. Para no variar, nos pasaba justo antes de ver tiburones, igual que nos pasó el año pasado en Sri Lanka. Nooooo, ¡que bajón! No nos lo podíamos creer. Estábamos sentados en la zona común del KBC, con cara de “somos un desastre, ¿qué le hemos hecho al karma? Si lo llego a saber me cuelo en el metro de Copenhague…”, cuando de repente apareció un chico húngaro y nos dijo: “¿habéis perdido hoy algo?” Siiiiii, ¡dinos que la tienes, dinos que la tienes! Efectivamente. La había encontrado entre las rocas y nos había reconocido porque era nuestro vecino de habitación, y había visto, en el porchecito, las mismas gafas de snorkel que salían en las fotos. Whaaaaaat!!!!! Flipando estábamos. Menos mal que no nos colamos en el metro, porque otra así no nos pasa. Gracias a este chico, podéis ver estas fotos.

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Además de los nemos, las barracudas, los erizos, los peces loro, los triggerfish, y los pepinos de mar, la gran atracción de estas aguas son los tiburones de punta negra. Son una especie de tiburón de arrecife muy tímida y asustadiza, que se alimenta de peces y le gusta nadar alrededor del coral. Los había de todos los tamaños, desde los bebés a algunos de dos metros, y depende de la zona donde estuvieras, daban más o menos miedo. Y es que aunque sean buenos, si ves uno grande, te acojonas igualmente. Hubo un día que Víctor me llevó hasta el final de la isla, donde ya era mar abierto y nos pilló una tormenta eléctrica. A eso se sumó uno de los tiburones más grandes nadando alrededor nuestro, y yo sólo podía pensar que así es como empiezan todas las pelis de terror con tiburones. Pero todo salió bien, y conseguimos nadar bajo la lluvia hasta la playa.

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El mejor momento para ver los tiburones es al amanecer o al atardecer, o todo el día si está muy nublado. Estos animales huyen del sol. Además, en la isla hay localizados varios puntos para verlos bien, uno de ellos detrás de una chiqui isla, la Gem, que está enfrente de Kapas y tiene un resort caro. Hasta allí se puede llegar nadando. Nosotros, durante el trayecto entre las dos islas, vimos una raya bastante grande. Además, Víctor presenció una pelea entre un tiburón y un atún. El malo, y el que atacó primero, fue el atún.

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Dónde comer y cenar

Cuando visitamos Malasia el año anterior, no conseguimos hacernos con la comida del país, y siempre acabábamos en un indio, el Kentucky Fried Chicken, o el 7-eleven. Sin embargo, la semana que estuvimos en Kapas comimos y cenamos todos los días de maravilla. Principalmente, por Ana y Zeki, lo cocineros del KBC, que te sorprenden cada noche con un plato local, español o internacional, de chuparse los dedos. Nosotros, al fin y al cabo acabábamos de salir de España, pero me imagino que algún español que aterrizara en Kapas después de varios meses viajando, podría llegar a llorar con la tortilla de patata que hacen estos chicos. El KBC sólo tiene capacidad para 17 comensales, y siempre tienen prioridad los clientes del hotel. Te apuntas por la tarde y por 15 ringgits (algo más de 3 €) te dan un buen plato. Y por 8 ringgits un postre, que también suele estar de rechupete.

Pero lo mejor de las cenas en el KBC,  es el ambiente que hay. Se sirven en la zona común y siempre compartes mesa con otra gente con la que hablas sin parar. Casi todos son viajeros de larga duración y te pasas las horas contando batallitas. Así hemos conocido a gente guay como Nicolás y Mayra de Argentina, Pierre y Michelle de Canadá y Rosa de España. Ja! No había caído en lo de Rosa de España hasta ahora…

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Hay otro lugar para cenar que está muy bien y se llama Kokos. Es más caro pero merece la pena ir alguna vez. Eso sí, preparaos para esperar, mejor que no vayáis con mucha hambre. Ellos dicen que tardan tanto porque hacen cada plato con mucho amor, nosotros pensamos que tienen un papo que les llega al suelo. Pero está muy rico. Nosotros llegamos a las 19:30 h. y solo esperamos 40 minutos, pero unas chicas españolas que conocimos, Andrea y Georgina, estuvieron esperando 3 horas. Pedimos un plato de pescado del día (barracuda) con salsa de coco y una sopa Tom Yum. Muy thai y rico rico.

Y como el KBC y el Kokos cierran a medio día, el mejor sitio para ir a comer es el Pak Ya. Platos a 10 ringgits con unas salsas riquísimas que preparan ellos. Están todas buenas, damos fe de ello. Si vais, tenéis que probar también los noodles Kya Teow, o algo así. Allí precisamente fue donde conocimos a dos turistas de Kazajistán que acabaron llevándonos a su hotel para probar algunas delicias de su país: embutido de carne de caballo y, por supuesto, Vodka. La cosa empezó con el mítico “un chupito y a casa”, y terminó con dos botellas de litro vacías, una fiesta en la playa y placton fosforescente dentro del agua. Estamos invitadísimos a Kazajistán, por supuesto.

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Bucear en Kapas

Con todo lo que se ve haciendo snorkel, no es necesario hacer ninguna inmersión, pero nosotros necesitábamos tener una reciente porque después íbamos a ir a bucear en Sipadan (Borneo), y te piden que tengas una en los seis meses anteriores. La escuela de buceo está al lado del KBC y las inmersiones son muy baratas. Una, 110 ringgits (24 euros) y dos, 200 ringgits. La visibilidad no era muy buena, pero vimos un banco de bumpheads, que no habíamos visto nunca, y otro de peces cofre. ¡Ah! Algo que no hemos dicho hasta ahora, el agua está a unos 30 grados, así que casi no es necesario ni el neopreno.

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Pasamos una semana increíble en esta isla. De no ser por Laura y Raúl, nuestros cuñados, no hubiéramos conocido nunca Kapas, probablemente hubiésemos acabado en Perhentian. Así que desde aquí, les agradecemos mucho este descubrimiento y esperamos volver con ellos, y nuestro sobrino León, el año que viene.

Para acabar, un consejo. Si por casualidad os atrevéis a coger un pepino de mar y sacarlo fuera del agua, no lo apretéis porque os meará en la cara. Que no es que le haya pasado a Víctor, sino que nos lo ha contado una amiga…

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Esta entrada, la estamos escribiendo desde un avión rumbo a Borneo, donde vamos a bucear en el que se supone que es el mejor lugar de Asia para hacerlo. ¡Qué nervios!

4 thoughts on “Pulau Kapas

  1. emiacc

    Hola, muy bueno el artículo, muchas gracias. Es cierto que no hay conexión WiFi en kapas?

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    • Irene&Victor Post author

      Es cierto, no hay WiFi. Pero puedes comprar tarjetas sim en el continente.

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      • emiacc

        Ah genial muchas gracias. Alguna compañía o plan en particular para recomendar?

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  2. Pingback: Resumen de Malasia parte II - Madrid Ya No Nos Quiere

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