Phi Phi Islands

Llegamos al puerto de la isla principal (Koh Phi Phi Don) directos desde la playa oeste de Railay en un ferry rápido. El trayecto duró unas dos horas, las cuales pasamos en cubierta tomando el sol y disfrutando de las vistas. Nada más llegar a la isla hay que pagar un pequeño impuesto de conservación del archipiélago, en principio para mantener limpias las playas y los océanos. Como habíamos reservado un buen hotel, los empleados estaban esperándonos en el puerto con un long tail boat como los de la foto para llevarnos a hacer el check in.

Estas eran las vistas que teníamos desde el trozo de playa acotada que tenía el hotel. El color del agua y la cantidad de peces que había producían una sensación difícil de olvidar. En las playas atracaban los barcos taxis que te llevaban a cualquier sitio de la isla, no sin antes regatear durante un buen rato.

 

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El hotel estaba situado en un extremo de la playa llamada Long Beach, y como se puede ver en la foto estaba formado por bungalows de madera que estaban integrados en la vegetación. Todos con vistas increibles al mar y a la otra famosa isla del archipiélago, Koh Phi Phi Leh. Tanto el desayuno como las instalaciones fueron maravillosas, aunque el precio algo caro y plagado de turistas rusos bastante raritos.

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Aquí se pueden ver las preciosas vistas que teníamos desde la terraza de  nuestro bungalow. Al fondo se puede ver perfectamente la extraña silueta que tiene la famosa isla conocida gracias la película de “La playa”.  Por desgracia solo estuvimos una noche este hotel, por lo que el día lo pasamos disfrutado de la playa, la piscina y los millones de peces de colores que había a escasos centímetros de la orilla.

Después de ver el anocher, nos fuimos dando un paseo por la playa para cenar en la zona más turística de la isla, y allí contratamos la excursión para el día siguiente. Vendrían a buscarnos al hotel con un long tail boat para nosotros dos y durante varías horas nos llevarían a ver los mejores sitios de la Phi Phi Leh, incluida la archiconocida Maya Beach. Nosotros aconsejamos contratar una excursión privada. El precio no es tan elevado y te evitas compartir barco con mil personas.

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Solo hay un pega en este paraíso en mitad del mar. Los miles de turistas que llenan las maravillosas playas de ruidos y  chorretones de crema solar. Los peores y más gritones eran los chinos, disfrazados con los trajes de baño más raros que hemos visto jamás. A pesar de la masificación, creemos que es una visita obligatoria en Tailandia por lo impresionante del paisaje, el color verde esmeralda del agua y los peces que te rodean en cuanto metes las cabeza.

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Por suerte contratamos la excursión por la tarde y a partir de las 5 o así los turistas fueron desapareciendo y llegamos a rodear el perímetro de la isla sin prácticamente encontrarnos con otra embarcación. Los acantilados y las formaciones rocosas siempre quedarán en nuestra memoria. Además visitamos desde el agua la Viking cave, una cueva donde viven de manera rudimentaria familias locales que sacan del mar todo lo necesario para poder vivir.

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El segundo día, dormimos en un hotel cerca del puerto que en relación calidad precio no era una maravilla. El alojamiento en las islas es bastante caro en comparación con el resto del país pero hay opciones bastante económicas para mochileros. A nosotros esta parte de isla nos gustó mucho menos y recomendamos ir a la otra aunque sea un poco más caro. A no ser que busques fiesta y te dé igual la playa.

Al día siguiente estábamos sonriendo bajo un sol espléndido mientras esperábamos el ferry que nos llevaría a Phuket para continuar con nuestra aventura.

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Os dejo, yo Víctor, con una de las canciones que más me recuerda a la sensación de bucear bajo un marco incomparable. En el siguiente destino ese buceo se hizo por fin realidad…

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