Patagonia parte II – Argentina

Nos despedimos de Nini y Corde después de estar con ellos 10 días estupendos y de nuevo emprendimos nuestro camino solos. La idea inicial era irnos a Torres del Paine, en Chile, y allí hacer el famoso trekking de la “W” que dura unos 5 días. Pero los astros se alineaban para que no fuéramos para allá. Para empezar, apenas quedaban billetes de autobús y llegar hasta allí era carísimo. Además nos encontramos gente que acababa de estar y nos decía que estaba hasta arriba de mochileros, que en los campings baratos ya no quedaba sitio, los albergues costaban unos 50 dólares por noche y  que se había roto un puente, por lo que no se podía hacer el trekking completo. Total, que nos dimos cuenta de que no era el momento de ir hasta allí, y como la zona de El Chaltén nos había gustado tanto, volvimos para allá para hacer más caminatas.


De nuevo en El Chaltén

Habíamos vuelto a nuestra vida de mochileros, así que los taxis se habían acabado y nos tocaba ir en bus a todas partes. El de El Calafate a El Chaltén tarda unas tres horas y por supuesto no es nada barato. La entrada se compra directamente en la estación de buses. Hay varias compañías, todas más o menos iguales de precio y comodidad.

De nuevo en El Chaltén, nos quedamos a pasar la primera noche en un hotel llamado “Vertical Lodge”, que había sacado de repente una oferta en Booking.com y estaba genial por unos 28 €. Pero normalmente es más caro. Ni que decir tiene que cenamos de bocata, de peor calidad que en El Calafate y más caro todavía. Alquilamos una tienda de campaña por 200 pesos (carpa para los argentinos) y nos dormimos pidiéndole a la madre naturaleza con todas nuestras fuerzas que no lloviera durante los dos días siguientes. Nos hizo caso.

Laguna de los Tres – Sendero Madre e Hija – Trekking de dos días

En esta zona hay dos hits que todo montañero que pasa por aquí tiene que visitar: “Laguna de los Tres” y “Laguna de la Torre”. Las dos se pueden hacer en un día, ida y vuelta, pero nosotros optamos por dormir una noche en lo alto de la montaña. Hay tres campings en el camino, cada uno cerca de una laguna, incluida la Capri, que es la que visitamos el día anterior con Nini y Corde. Nuestro plan era subir hasta “Laguna de los Tres”, dormir allí, y al día siguiente tomar el sendero “madre e hija” para ir hasta “Laguna de la Torre”. Antes de salir al monte reservamos y pagamos una habitación en un hostal barato para cuando volviéramos. Aunque algo nos decía en nuestro interior que nos la iban a jugar a la vuelta. Es increíble la intuición que tenemos ya con estas cosas… Pero eso luego lo contaremos. Vayamos al trekking.

Tardamos en subir los 9 km que hay hasta el campamento unas 6 horas. Aquí son bastante exageraditos con el tiempo que se supone que tardas en hacer una caminata, y tardamos mucho menos de lo que se suponía, yendo a un ritmo normal. Una vez en el camping Poncelot, montamos la tienda, que era diminuta y estaba rota, y nos echamos una buena siesta. Nunca hemos dormido tan pegaditos, vaya tienda más amorfa y estrecha. Ni que decir tiene que al devolverla en la tienda se lo dijimos tal cual al chico que nos la había alquilado. Nos miró con cara rara pero nos devolvió parte del dinero de lo que habíamos pagado. Cuando algo está mal hay que quejarse señores, nunca dejarlo pasar.

En “Laguna de los Tres” lo que hace la gente, es madrugar mucho y hacer la hora y pico de ascenso que se tarda en hacer el último kilómetro muy temprano para ver el amanecer. Nosotros decidimos hacerlo al revés y subimos a última hora de la tarde para disfrutar del paisaje completamente solos. Y así fue. Muertos de frío, pero tan a gusto con toda la montaña para nosotros. Precioso.

La noche fue bastante mala debido al frío, por culpa de los sacos que eran de verano y la tienda que era para liliputienses, y por un grupo de israelíes que había al lado nuestro pegando gritos mientras bebían vino de cartón a cara perro. Un grupo bien grande de jovenzuelos escandalosos que parecía que estaban en la fiesta fin de curso del ejército y no eran conscientes de que estaban molestando a todo el mundo a su alrededor. Qué le vamos a hacer, de vez en cuando toca aguantar a un grupo así.

Al día siguiente hicimos el sendero “madre e hija” también prácticamente solos, con más calorcito, y encantados con el paisaje que seguíamos viendo. Estas caminatas hay que hacerlas obligatoriamente si pasas por Patagonia. Son fáciles y las vistas son alucinantes. Estábamos encantados a pesar de haber dormido poco.

Laguna de la Torre

Ese día fue bastante largo, puesto que subimos hasta la “Laguna de la Torre”, comimos allí una latas de atún que estaban bien buenas y nos supieron más bien a caviar por lo que nos habían costado, y volvimos a bajar hasta el pueblo. Fueron en total unas 8 horas de caminata. A ratos, un poco más dura por el desnivel, pero asequible para todo el mundo. Vimos a gente mayor haciéndolo y podían perfectamente. En total hicimos unos 30 km en dos días.

La Laguna de la Torre con un montón de mini icebergs nos gustó aún más que “Laguna de los Tres”, que es la que está baja el Fizt Roy, y allí fuimos testigos de un espectáculo de lo más curioso. Enormes águilas danzaban a sus anchas a orilla del lago acercándose a los turistas para que les dieran algo de comer. Como si fueran perros. Muy fuerte. Otro dato interesante. Al trekking no hay que llevar agua mineral porque todos los riachuelos y lagos por donde se pasa son bebibles. Además el agua está bien fresquita y rica. No olvidéis una cantimplora o una botella para recargar.

Regreso a El Chaltén

Como ya habíamos previsto en nuestra premonición “a lo Phoebe en Embrujadas”, la señora del hostel nos la jugó a la vuelta. Nos dijo que la habitación que habíamos reservado ya no estaba y teníamos que dormir en una compartida. Le montamos un buen pollo hasta que nos devolvió el dinero y estuvimos dando vueltas por El Chaltén, que era lo que no queríamos hacer precisamente y por eso lo habíamos dejado zanjado antes e irnos, para encontrar otro sitio donde pasar la noche. Era todo carísimo y decidimos quedarnos en un hostel de habitaciones compartidas por 150 pesos por persona, que no era nada. Era un buen antrazo, “Arco iris” creemos recordar que se llamaba, pero al menos solo compartíamos con otra pareja. El sitio tenía cocina y pudimos hacer algo de pasta, pero la mala suerte nos persiguió esta vez, porque por la noche apareció el mismo grupo de israelíes gritones que se quedó allí a dormir y repitió el ritual del vino barato y los chillidos de adolescente. Menos mal que estábamos entusiasmados con el paisaje tan maravilloso que habíamos visto ese día y nos daba todo igual.

De El Chaltén a Bariloche

El tiempo empeoró y decidimos proseguir nuestro camino hasta el norte de la Patagonia. En Argentina, los buses cama son carísimos, pero también son bastante buenos, y se va divinamente. Hicimos un trayecto de unas 24 horas por 120 dólares, parando una vez para cambiar de bus y alucinando con la cantidad de kilómetros que hicimos viendo exactamente el mismo paisaje desértico. Eso parecía el fin del mundo.

Al atardecer del día siguiente, el paisaje empezó a cambiar y entramos en zona montañosa llena de vegetación. Cambiamos el marrón del sur patagónico por el verde de los frondosos árboles y el azul intenso de los lagos.

Bariloche

En esta ciudad habíamos reservado el hotel Tierra Gaucha 3, que era un poco viejo pero estaba bien de precio, tenía cocina y estaba muy bien situado. Bariloche es famoso por ser el lugar donde todos los estudiantes universitarios van a pasar unos días tras las clases, y suele estar llena de gente joven. Está plagado de sitios para tomar cerveza artesanal y miles de confiterías con chocolate riquísimo, que es típico de la zona. A mí, Irene, me encantaron los alfajores y los chocolates de la tienda “Bambie”, que tiene una tiendecita al lado de la plaza principal. A esas alturas, Víctor ya estaba yonki perdido del dulce de leche y probaba todos los alfajores artesanos que podía. Para cenar, vamos a recomendar un restaurante llamado “La fonda del tío”, justo al lado de la plaza de España, que tiene una milanesa de pollo gigantes por 130 pesos de llorar de buena. Casi tanto como los filetes de pollo empanados de mi madre. El sitio es enorme pero siempre hay cola, así que hay que ir con tiempo.

Excursión 7 Lagos

Esta es la excursión por excelencia de esta zona, la que todo el mundo hace. Nosotros no somos muy amigos de los tours organizados pero estuvimos mirando para alquilar un coche y nos salía más caro que comprar la excursión, así que decidimos ser un par de zombies más ese día. Cuesta unos 800 pesos por persona y te llevan en una minivan a los miradores para ver todos los lagos, además de a los pueblos Villa de la Angostura y San Martín de los Andes, que son muy bonitos, sobre todo el último.

La verdad es que la guía que nos tocó, nos iba dando mucha información de la zona, que siempre se agradece, aunque a veces no la entendíamos bien por el micro y nos pasamos todo el viaje escuchándola decir que el guarda-parques tenía una casa “sexoanal”. Estuvimos medio viaje con la risa floja hasta que descubrimos que decía “seccional”. Que tontos somos para algunas cosas y que agradecidos con los chistes más básicos.

San Martín de los Andes

En San Martín de los Andes fue donde pasamos más tiempo. Allí te recomiendan un restaurante para comer, pero nosotros comimos unas empanadas de pollo que vendía un señor en la calle que estaban de chuparse los dedos. Nos contó que el relleno lo hacía su mujer y él las horneaba, y allí nos las comimos frente al lago y bajo el sol tan a gusto.

Este pueblo es muy bonito y tiene una plaza llena de rosales súper cuidados, de esos que les encanta a las madres. En realidad, esta excursión es muy de madres, te dan información, te dicen dónde comer, dónde hacer pis y te lo ponen todo fácil. Muy muy de vez en cuando hacer una así no está tan mal.

Cerro Campanario

Al día siguiente decidimos visitar el Cerro Campanario. Para llegar hasta allí, tomamos el bus número 20 que nos paró a los pies de la montaña. Para subir, hay un telesilla, pero se puede subir andando gratis en media horita. Las vistas desde arriba son alucinantes, mucho mejor que todo lo que habíamos visto el día anterior. Nos quedamos con la boca abierta.

Hay otro cerro, el Cerro Otto, que es famoso porque tiene una confitería que da vueltas en lo alto, pero nos contaron que habían robado a los turistas que subían andando, y nosotros no queríamos pagar el telesilla. Además, con las vistas desde el campanario tuvimos suficiente. Si se tiene tiempo, lo suyo es alquilar unas bicis y recorrer el Lago Nahuel Huapi de punta a punta. Y hasta aquí nuestro paso por la Patagonia argentina, que nos súper encantó.

Aquí tienen la web amiga de Rafa. En este caso, Argentina, http://micamara.es/argentina/, sus viajes, con sus fotos y vídeos que ha realizado.

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