Patagonia parte I – Argentina

Tras haber disfrutado a tope de las Cataratas de Iguazú, cambiamos radicalmente de temperatura y de paisaje y nos fuimos hasta la Patagonia Argentina. Para ello, compramos un vuelo con Aerolíneas Argentinas desde Iguazú hasta El Calafate con escala en Rosario, que duraba unas 6 horas y costaba más de 300 € por persona. A ver, esta manera de viajar no es nada mochilera y desde luego se salía completamente del presupuesto de la vuelta al mundo, pero nuestros amigos, Nini y Corde, tenían sólo 10 días en el país y teníamos que aprovecharlos. Los aviones eran tipo Ryanair pero con alfajores, los aeropuertos diminutos y las turbulencias escalofriantes. Aún así llegamos sanos y salvos hasta la ciudad de El Calafate, donde se encuentra el famoso Perito Moreno y los precios más desorbitados de toda la historia de nuestro viaje.


Contratar excursión a Perito Moreno

Para ir del aeropuerto hasta el pueblo de El Calafate hay que tomar un bus carísimo, como todo en Argentina, o bien ir en taxi. Una vez más nos salía más económica esta segunda opción. Por 480 pesos el taxista nos llevó hasta la puerta de nuestro hotel y por el camino ya estaba tratando de vendernos ida y vuelta al glaciar por 2300 pesos. Como el tipo no nos parecía de fiar, le dimos largas y nos dimos una vuelta para encontrar una opción más barata. Acabamos regateando en una parada de taxis con un conductor que nos llevaría y traería de vuelta por 2000 pesos. En ese momento estábamos encantados con nuestra negociación pero lo que no sabíamos era que Andrés, un tipo alto, gordo y moreno nos la jugaría al día siguiente.

En cuanto a la excursión al glaciar en sí, el Perito Moreno, tienes que pagar allí una entrada de 330 pesos para verlo desde la pasarela, en la que te tiras unas tres horas; y luego puedes hacer varias actividades más. Por un lado, hay una empresa que te lleva de crucero para ver más glaciares, y luego se acerca hasta el Perito por el lado derecho; y por otro, puedes hacer un trekking por encima del glaciar. Esta opción nos pareció mucho mejor, porque además de pisar el hielo, el barco te llevaba por el lado izquierdo, que no se ve desde las pasarelas. Hay dos trekkings, el largo de tres horas o lo que ellos llaman el “mini trekking” de una. Elegimos este último y lo cerramos por 1800 pesos por cabeza para el día siguiente a las dos de la tarde. Carísimo todo sí, pero el Perito Moreno es algo que hay que ver, al menos una vez en la vida. Aseguraros de contratar el trekking directamente en la agencia que lo lleva “Hielo y aventura”, para no pagar intermediarios.

Alojamiento y comida

En El Calafate es difícil encontrar algo barato, pero al menos podemos recomendaros el sitio donde nos alojamos nosotros que estaba muy bien. Se llama Cabañas Nevis y para cuatro personas te sale a 80 € la noche. Son unas casitas triangulares de dos pisos con: cocina, salón, una cama de matrimonio y cuatro pequeñas, y un baño. Tiene además calefacción,  lo único malo era que olía un poco a chotuno rancio cuando se quedaba mucho tiempo cerrada. Creemos que era por el calefactor que era muy antiguo, porque estaba todo muy limpio. Eso o eran nuestras mochilas que habían perdido ya el rico olor a limón del ambientador que compramos en Indonesia, allá por el mes de septiembre.

En cuanto a la comida, para el día siguiente compraríamos bocatas en el único súper del pueblo, nada barato por supuesto, y para la cena lo que hicimos fue salirnos de la calle principal. Probamos carne a la brasa y cordero patagónico en “El Braserito”, que no era barato pero más asequible que los de la otra calle.

Glaciar Perito Moreno

Nos levantamos súper temprano y emocionados, para ir a conocer el otro gran hit del país y adivinad qué. El malparido de Andrés nos dejó tirados. Menos mal que la familia que llevaba nuestro hotel reaccionó rapidísimo y enseguida nos mandó otro taxista que nos llevaría y recogería por el mismo precio. Ellos siempre trabajan por la agencia J & S (Jorge y Silvia), así que si vais a contratar un taxista privado preguntad por ellos que nos mandaron unos conductores majísimos.

Nuestro nuevo chófer Diego, vino a recogernos y nos llevó hasta la pasarela del Perito Moreno. Otra maravilla natural para nuestros sentidos.

El glaciar lleva ese nombre en honor al explorador Francisco Moreno, al que todo el mundo conocía como el perito Moreno. La parte delantera del glaciar tiene 5 km de ancho, con una altura media de 74 m y la profundidad del hielo es de unos 170 m. La pasarela te la puedes hacer en dos horas pero quieres estar el doble porque no puedes dejar de mirarlo. Y obviamente te quieres hacer un millón de fotos. A nosotros nos hizo un día precioso de sol y, además, lo bueno de ir en esa época del año (principio de verano austral) es que el glaciar está muy cerca de la pasarela porque ha nevado durante todo el invierno.

Aprendimos que este glaciar está en equilibro, que no hay temor humano a que desaparezca de momento, y que cuando llega a estar completamente pegado a la pasarela se forma un arco, que pasados unos días se colapsa, y el estruendo que pega el hielo en el agua se debe oír hasta en la Conchinchina. Por lo visto, cuando eso pasa, el Perito Moreno se llena de turistas ansiosos por ver el espectáculo. Casi mejor ir antes porque lo ves tranquilamente sin agobios. Además, están cayendo constantemente trozos de hielo al agua y prácticamente cada minuto puedes oír algún estruendo. Allí estábamos todos con las orejas de punta, como conejos esperando oír la explosión para encontrar el punto donde se iba a caer el hielo al agua.

El arco, ese tan famoso, se forma cuando el hielo del glaciar cierra completamente el paso de agua entre los dos lagos sobre los que está. El nivel del agua del lago más pequeño aumenta muchísimo, hasta que el agua encuentra alguna grieta o fisura por donde filtrarse. Poco a poco se va creando un pasadizo que al final formará ese gran arco que todos los turistas ansían ver romperse.

Después de comer nuestros bocatas de jamón y queso a precio de caviar, Diego nos llevó hasta el puerto desde donde salía el barco que recorre el lado izquierdo del glaciar, para ir hasta el punto donde comienza el mini trekking. Súper consejito: en el barco sentaros al final del todo porque cuando acaban la charla de seguridad, te dejan subir a la parte de arriba y así podéis coger buen sitio y hacer fotos maravillosas como esta. Desde este lado el glaciar, se ve más azul que desde ningún otro punto.

Y empezó el mini trekking. Los de la agencia nos pusieron los crampones y nosotros nos plantamos el gorro y unos guantes. O en su defecto, calcetines de Star Wars a modo de manoplas. Nuestro guía, el Dustin Hoffman, que era igual, nos dio una vueltecita por el hielo mientras veíamos grietas, agujeros enormes y súper peligrosos, riachuelos y formaciones picudas que tenían un nombre que somos incapaces de recordar. Algo relacionado con queso francés por su parecido con el gruyere. También probamos el agua de allí arriba. Es agua potable y pura pero totalmente inservible para el cuerpo humano porque no tiene ningún tipo de sales minerales. El momento más divertido del trekking, lo protagonizó una guiri que preguntó al Dustin si había peces en los riachuelos que se forman en el hielo. En fin, más tonta y nace botijo.

Una hora después, mucho aprendizaje sobre el glaciar y unos cuantos chistes del Dustin bastante buenos, nos despidieron con un vaso de whisky con hielo glaciar de unos 400 años y un bombón de chocolate. Estuvo genial. Súper recomendado.

Excursión El Chaltén

El segundo día lo pasamos hablando, bebiendo cerveza, jugando a las cartas y riéndonos, que no es que se suele hacer cuando te vas de viaje, pero cuando llevas tiempo sin ver a tus amigos, es lo que más te apetece del mundo. Además, habíamos descubierto la cerveza Palermo y nos habíamos enamorado profundamente de ella. Por cierto, no comáis nunca en un sitio llamado Ecco Max. Avisados quedáis.

El tercer día sí que lo aprovechamos. Estuvimos dudando en ir hasta la frontera de Chile para poder ver las famosas montañas del Parque Nacional de Torres del Paine, pero era un viaje larguísimo, como de 5 horas de ida en coche y otras 5 de vuelta, así que decidimos ir hasta El Chaltén. Desde este pueblecito patagónico, parten todas las rutas de trekking más famosas de la Patagonia argentina, y había una corta de unas cuatro horas, desde la que podríamos ver el pico Fizt Roy y despedirnos a lo grande de nuestros amigos que ya se volvían a España.

La compañía de taxis de Jorge, nos mandó a un nuevo conductor, José, que era majísimo y nos iba parando por el camino en todos los miradores, mientras buscábamos animalitos tipo zorros, ñandúes (especie de avestruces), guanacos (especie de Llama) y cóndores. Los vimos todos.

Además, el conductor nos daba un montón de información de la zona. En esas tierras, no se planta absolutamente nada y tampoco hay ganaderías. Toda la comida de El Calafate y El Chaltén es importada, por eso cuesta tan cara. Incluido el cordero patagónico que obviamente tú te imaginas que es de allí. En la antigüedad sí que hubo granjas, pero trabajarlas era duro y acabaron desapareciendo. La tierra allí no es muy fértil y aunque hay mucho espacio, no lo aprovechan. Allí todo el mundo vive del turismo, por lo visto el gobierno quiso impulsar toda esa zona, y muchos de los locales tienen ahora buenos ingresos, sobre todo los chóferes. Eso sí, le echan horas el día y en temporada alta no libran nunca.

Laguna Capri

Una vez que llegamos al Chaltén, fuimos a hacer la caminata de la Laguna Capri. Por el camino vimos más animales tipo águilas, cóndores, loros y pájaros carpinteros. Nuestro amigo Corde seguía con el ojete despierto y los encontrábamos a todos. Fue un honor conocer en persona al pájaro loco.

Comimos en la Laguna Capri y disfrutamos de la vista del Fizt Roy completamente despejado. Un día perfecto para despedir a nuestros amigos Nini y Corde con los que habíamos pasado unos días estupendos en Argentina.

Esta canción va por ellos.

Aquí tienen la web amiga de Rafa. En este caso, Argentina, http://micamara.es/argentina/, sus viajes, con sus fotos y vídeos que ha realizado.

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