Parque Nacional de Yala

Lo teníamos muy claro desde Madrid. En Sri Lanka queríamos ver naturaleza y animales. No íbamos a dejar pasar la oportunidad de visitar el parque nacional de Yala, famoso por tener una de las mayores densidades de leopardos del mundo. ¿Conseguiríamos ver uno? ¿Qué nos depararía nuestro próximo destino? ¿Nos gustaría la ciudad? ¿Encontraríamos un buen alojamiento? No quiero hacer spoilers, pero muchas veces las cosas no salen tan bien como te las esperas…

Llegada a Tissamarahama

Nos despertamos en Ella, con toda la tranquilidad del mundo puesto que el autobús de la línea Ella-Tissa no salía hasta las 2 de la tarde. Comimos algo tranquilamente en nuestro hotel, escribimos el blog, y justo cuando íbamos a coger el autobús se puso a llover como si hubiera llegado el segundo diluvio universal. Estupendo, ahora nos tocaba ir al autobús disfrazados del jorobado de Notredame. Empezaba bien el día.

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El autobús hacia Tissamarahama llegó media hora tarde, la cual pasamos de pie bajo la lluvia con las mochilas y el chubasquero puesto. Menos mal que compramos esta especie de bolsa de basura horrible en el Decatlón, porque nos está salvado la vida en ciertos momentos. Aunque cuando te ves en una de estas no puedes evitar pensar: “qué dura es la vida del mochilero, con lo bien que me había ido yo en un taxi por 6000 rupias (38 €).

Subimos al autobús que venía hasta arriba de gente y nos tocó ir de pie todo el trayecto, lleno de curvas, tambaleándonos de un lado a otro. Continuaba bien la cosa. Aunque yo no sé que nos pasa en este viaje que estamos de super buen humor y todo nos hace gracia. En otro momento hubiéramos mandado la aventura al carajo y nos habríamos ventilado el presupuesto de todo el año en dos meses. El caso es que conseguimos sacarle el lado positivo y disfrutamos como pudimos de este viaje que tan solo nos había costado 240 rupias a los dos (2€).

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Cuando estábamos a punto de llegar nos entró un local, en el mismo autobús, para vendernos el safari al Parque Nacional de Yala y el guest house de su madre. Le dijimos que le escucharíamos pero que no nos agobiara. Que a nosotros nos gusta ir con calma y barajar mucho las opciones. Le entró por un oído y le salió por el otro. No se despegó de nosotros hasta que fuimos a ver el hotel que nos ofrecía.
Lo único que tiene Tissamarahama, además de ser el portal para los safaris, es el lago Wewa, que alberga muchos de los alojamientos de Tissa. Fuimos a ver el de su madre y no nos convenció nada, así que le dijimos que nos llevará a ver otros dos, uno que proponía él y otro que vimos el booking. Como estaba intentando vendernos el safari, no puso pegas y pago él el tuk tuk y todo. Al final nos quedamos con el que habíamos visto nosotros, que en internet costaba 30€ y lo sacamos por 2000 rupias (12€). Estábamos encantados con la negociación que habíamos llevado a cabo en el Isuru Homestey Tissa, pero al día siguiente su dueña nos la liaría… Con lo maja que parecía. Al menos estábamos en una buena localización, cerca de la avenida principal y del lago.

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Excursión a Yala

Al final, contratamos lo que nos proponía el vendedor que nos captó en el bus porque no veíamos muchas más opciones por ahí. Cuando nos enseñó los precios, casi nos da un ataque al corazón, pero conseguimos bajarlo a la mitad. Ellos piden un pastizal porque por lo visto los rusos y los chinos lo pagan, pero a los mochileros se lo bajan. Pagamos cada uno 6.500 rupias (41€), que es más o menos lo que habíamos leído en otros blogs que se habían gastado, y a las 5 de la mañana vinieron a buscarnos al hotel.
Después de hacer el safari caminando en el Parque Nacional de Chitwan, en Nepal, solos, muertos de miedo por si te comía un oso o te atropellaba un rinoceronte; esto nos parecía un poco de domingueros, la verdad. Ir todo el tiempo en el jeep, sin poder bajarte, y cruzándote con otros coches llenos de turistas, pues no tiene tanto encanto.

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Pero queríamos hacerlo, y sobre todo, queríamos ver animales. Lo suyo era encontrar elefantes salvajes y si tenias mucha suerte, ver algún leopardo.
Las primeras horas transcurrieron sin ninguna sorpresa, viendo búfalos de agua, muchísimos ciervos, pavos reales, jabalíes enormes, iguanas, monos, pájaros y algún que otro elefante. Pero ni un leopardo a la vista. Y cuando vas buscando algo, todo lo demás te parece flojo.
Sobre las 8 de la mañana, hicimos un descanso y nos llevaron a ver una playa increíble dentro del parque. Una pena que no dejaran bañarse, porque daban muchas ganas de hacerlo, sobre todo por las olas.

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El safari prosiguió pero empezó a hacer mucho calor. Ahora sí que nos podíamos ir olvidando de ver algún leopardo, porque con esa temperatura estarían escondidos en alguna lugar fresco durmiendo plácidamente. A nosotros nos pasaba exactamente lo mismo, entre el chiqui chiqui del jeep, el calorcito y el madrugón, íbamos en el asiento trastero medio fritos, con la cabeza de lado, que casi nos caía la baba. Habíamos perdido la esperanza de ver leopardos y ya nos daba todo igual. Pero la cosa cambió cuando entramos en una zona llena de elefantes.
Había uno en medio del camino. Paramos, enfrente de ella, porque era una hembra, y se nos quedó mirando, desafiante, con cara de “you know nothing John Snow”. En ese momento empezaron a salir de entre la maleza un montón de elefantes pequeñitos y sus madres, que habían estado comiendo y ahora iban a refrescarse a un charco.

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Eso sí que fue un momentazo. Ver a las elefantas con sus crías de unos seis meses, según nos dijo el guía, jugando en el barro, súper contentos todos, revolcándose y echándose agua. Moviendo el rabo todo el rato. Había una cría que estaba viviendo el mejor momento de su vida, poniéndose fina de barro y disfrutándolo. Fue muy guay. Habíamos visto muchos elefantes en cautividad y se nota que no estaban tan felices como estos. Desprendían buen rollo. Daban ganas de unirse a ellos.
Y con este momento tan bonito acabó el safari, aunque estábamos bastante decepcionados por no haber visto ningún leopardo. Encima cuando llegamos al guest house, nos llevamos una sorpresita. No teníamos agua caliente. La z***a del infierno de la dueña había decidió apagarlo porque estábamos pagando muy poco. Le montamos un pollo, a gritos en inglés, que no llevó a ningún sitio porque ella no entendía nada y le daba igual que nos pareciera fatal lo que había hecho. Esperemos que el karma se lo devuelva por mala.
Entre eso y que no habíamos visto ningún leopardo, estábamos un poco de bajón, así que nos fuimos a ver el atardecer al lago y por lo menos disfrutar de algo agradable.

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Nos había salido un poco rana este destino. Encima habíamos comido fatal, peor que en ningún sitio, y nuestra tarjeta de datos había dejado de funcionar durante el día y solo iba de 12 de la noche a 9 de la mañana. Pero no queríamos desanimarnos. Aún nos quedaban las playas del sur, donde teníamos muchas esperanzas puestas. Si no llovía, claro…

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