Parque Nacional de Komodo

Seguíamos en Gili Air con nuestras amigas y desde allí queríamos ir hasta la ciudad de Labuan Bajo, en la isla de Flores, desde donde podríamos ir a bucear a Komodo, otro de los puntos más alucinantes de Asia para hacer inmersiones. O al menos eso nos habían contado. Teníamos tres opciones. La primera era contratar un crucero desde Lombok a Flores de tres días que incluía puntos de snorkel por el camino. Habíamos leído cosas horribles sobre estos cruceros y además el mar no andaba muy fino, así que descartamos esta posibilidad. La segunda era ir en barco hasta Bali y desde allí coger un avión a Flores, pero nos salía más cara que la tercera opción, que era comprar un vuelo desde Lombok a Flores haciendo escala en Bali. Después de darle muchas vueltas elegimos esta última con tan mala suerte de que la compañía Wings Air, la low cost de Lion Air, canceló el primer vuelo y nos hizo pasar una noche en Bali. Con todos los gastos pagados sí, pero nos llevaron a un hotel en medio de la autopista en el que no se podía hacer nada. Al menos tenía piscina y te pagaban la cena. Si el resto de parejas que iban con nosotros hubieran sido un poco divertidas, igual hasta la noche habría molado, pero la verdad es que eran todos un rollo. Así que nos quedó darnos un bañito nocturno y tomarnos unas cervecitas para olvidar, que al día siguiente llegaríamos demasiado tarde para coger cualquier barco que fuera a bucear a Komodo. Grrrrr, ya nos lo dijo un local después de que cancelaran el vuelo: “nunca voléis con Lion, siempre es mejor Garuda, aunque cueste un poco más”. A buenas horas mangas verdes.

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Llegada a Labuan Bajo

Labuan Bajo es la ciudad principal de Flores, desde donde salen todas las excursiones diarias y los “vida a bordo” de varios días hacia Komodo. Los alojamientos no son baratos y la ciudad en sí no es bonita, aunque nosotros le pillamos el punto. Nos suele pasar que cuando mucha gente nos dice que un sitio es feo, llegamos y no lo vemos tan mal. Tenía muy buen ambiente de buceadores y la gente local era majísima. Además de muchos sitios donde comer rico y barato. En cuanto al alojamiento, escogimos uno que nos habían recomendado nuestras amigas, “Gardena”, que disponía de varios precios según el bungalow que eligieras. El hotel está construido sobre una ladera, y como escogimos los más altos para tener mejores vistas, todos los días nos tocaba hacer un pequeño trekking. Pero vamos, que después del Rinjani no nos íbamos a asustar por una cuestecita de nada. Pagamos 264.000 rupias por noche con desayuno, muy básico, incluido, y estuvimos muy a gusto. Solo tuvimos un pequeño problema de hormigas rojas. Además de que pegaban unos mordiscos en los pies de aupa, uno de los días que llegamos de bucear, yo, Irene, me encontré a un buen puñado de ellas comiéndose una de mis bragas. Como lo leéis, se zamparon casi toda la tela y dejaron las bragas llenas de agujeros. ¡Y encima eran de Batman! No podían haberse comido unas básicas del Primark, no. Se comieron unas de Batman molonas. Pero a pesar del happening con las bichas “comebragas”, estuvimos tres días tan felices viendo este paisaje todas las mañanas.

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Como el primer día llegamos tarde, sobre las 10 de la mañana, y los barcos de buceo ya habían zarpado, decidimos ir al puerto a negociar con los pescadores y marineros locales, a ver si alguno nos llevaba a ver los dragones de Komodo y a hacer algo de snorkel; y así los dos días siguientes los destinaríamos enteramente a bucear. Pero regatear con ellos, no fue tan fácil como parecía. Por menos de 700.000 rupias (48 €) no movían el culo del puerto, no hablaban ni una palabra de inglés, y algunos incluso no querían hacerlo sin una agencia de por medio. Todo lo contrario a lo que nos imaginábamos. Nosotros ya teníamos apalabradas seis inmersiones con la escuela de buceo “Paradise Divers”, cuya manager, Tis, se había portado genial y había estado disponible vía whatsapp 24h, con todos los cambios que le habíamos hecho por culpa del vuelo cancelado. Ella fue la que nos consiguió un barco particular para ese día sin comisión de por medio. Bravo Tis.

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Los dragones de Komodo

Nuestro barco Novitah, que se llamaba así porque era el nombre de la hija del capitán, nos llevó hasta la isla de Rinca, para ver a los famosos lagartos. Fueron dos horas de trayecto maravillosas donde pudimos ir viendo todas las islitas que conforman el Parque Nacional de Komodo. Una vez en Rinca, tuvimos que pagar 500.000 rupias (34 €) más que incluían la entrada al parque, a esa isla en particular, una tasa por llevar cámara y el ranger. Una sangría total. Indonesia es el país del sudeste asiático donde más dinero nos estamos gastando. Y es que para hacer cualquier cosa hay que pagar tours, guías, tasas… Pero es lo que hay.

Ya en Rinca, nuestro ranger armado como no, con un palo, nos llevó a ver a los baranos. Pensábamos que iba a ser difícil verlos. Pero no. Estaban ahí mismo, debajo de la casa donde viven los guardas, resguardándose del sol. Los bichos impresionan. Son gigantes y con cara de malos. El ranger nos dijo que nos acercáramos para hacernos una foto con ellos y uno de los dragones se cabreó, nos metió una especie de rugido y vino a por nosotros. Nos cagamos. Menudo grito metimos. Le preguntamos que había que hacer si uno de ellos te mordía y nos dijo que nada, que mueres en 24 horas. Qué tranquilidad, venga vamos a ponernos para otra fotito…

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Snorkel en Pulau Kelor

Después, capitán Novitah nos llevó a hacer snorkel a un famoso punto que según nos dijo, o al menos intentó con gestos, tenía el coral más bonito de todo Komodo. Era Pulau Kelor, y no se equivocaba, el coral era alucinante. Pero este lugar tiene un pequeño problema. Los peces atacan. Hay un par de especies que según te metes en el agua, se encaran contigo y te meten mordisquitos. Suponemos que esto pasa porque como es el punto de coral más famoso de todo el parque, la gente les da de comer. Y claro, les han convertido en auténticos depredadores. Entre las hormigas, los lagartos y los peces carnívoros, nuestra aventura en Komodo parecía una parodia barata de “El quinto día” (disponible en epub). A pesar de los mordedores, disfrutamos muchísimo viendo un millón de especies de peces diferentes. Incluyendo tres “lion fish” juntos, flotando a cámara lenta con todas las plumas en su máximo esplendor. Nada fácil de ver.

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Día 1 de buceo

Nos levantamos muy temprano para bucear por fin en Komodo y fuimos directos a pagar las inmersiones (seis en dos días) al centro “Paradise Divers”, justo al lado de nuestro hotel. Pagamos por todo 2.600.000 (180 €) cada uno. Es el centro de buceo más barato de Labuan Bajo, y no tiene nada que envidiar a los demás. Está genial. Vamos, ya quisieran los de Uncle Chang, en Sipadan, ser como estos. Eso sí, tienes que adaptarte al itinerario que tienen dispuesto para cada día. El día anterior habían ido a Crystal Rock, uno de los puntos estrella, y nos lo habíamos perdido por culpa de la mierda de aerolínea indonesia… En nuestro día tocaba Batu Bolong, Manta Point y una tercera que sería un poco improvisada sobre la marcha.

Nos fuimos al agua en la primera inmersión y alucinamos pepinillos en vinagre. Pensábamos que no íbamos a ver nada mejor que Sipadan, pero nos habíamos equivocado. Komodo no tiene nada que envidiarle. Es diferente, pero igual de bueno. Vimos tortugas, tiburones, un coral precioso y millones de peces de todos los tamaños y colores. En la segunda inmersión no tuvimos tanta suerte, y aunque estuvimos buscando mantas como locos, no conseguimos ver ni una. La última fue más divertida. Estuvimos en un lugar con mucha corriente, y lo que tienes que hacer es dejarte llevar como si te estuvieras tirando por un tobogán. Fuimos a ese punto, que no recordamos el nombre, porque por allí también se podían ver mantas, pero parece ser que no tenemos suerte con ellas. Tenemos mucha más suerte con los tiburones, que cada vez que nos metemos en el agua, aparecen por todas partes.

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Fue un día genial, a pesar de que no vimos mantas. Todo bien. El barco, la tripulación, nuestro divemaster Dustin, una pareja de Canadá con la que nos echamos unas risas… Y todo acabó con una cena en el puerto, donde te pones fino a pescado fresco por unas 50.000 rupias (3.5 €) por pieza. Komodo nos estaba flipando.

Día 2 de buceo

Nos levantamos de nuevo tempranísimo (ya teníamos pillado el horario asiático totalmente), y fuimos de nuevo al Paradise donde nos encontramos con una grata sorpresa. Éramos los únicos para bucear ese día. El barco, la tripulación y Dustin, solo para nosotros. Y lo mejor era que podíamos elegir los puntos de buceo. ¡Yuhuuuuu! Íríamos a Castle Rock, Crystal Rock, y volveríamos a Manta Point para ver si las mantas aparecían de una vez por todas.

La primera inmersión fue alucinante, con un montón de tiburones inmensos; la segunda preciosísima, también con tiburones grandes y otros bebés; y la tercera de nuevo fallida. Estaba claro que las mantas no tenían ninguna intención de salir a jugar. Por mucho que les cantáramos. “Vamos manta, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal…” Nanai. Y mira que las buscamos, que nos peinamos todo el fondo dejándonos llevar por la corriente. Pobre Dustin, se lo curró un montón y no vimos ni una. Solo una raya gigante, pero no es lo mismo. No obstante, las otras dos inmersiones fueron alucinantes y estábamos muy contentos.

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El último día, como teníamos el vuelo a las tres de la tarde, lo aprovechamos haciendo una excursión a la isla de Kanawa, a una hora en barco de Labuan Bajo. Nos llevó Novitah por 500.000 rupias (34 €), y allí estuvimos en la playa y haciendo snorkel tan tranquilos. Después cogimos un taxi al aeropuerto, que está a 5 minutos, y volamos a Bali, donde pensábamos recorrer toda la isla.

Nos quedaban 6 días en Indonesia y nos habíamos planteado dos cosas: recorrer la isla de Flores o la de Bali. Al final optamos por lo segundo porque nos apetecía volver a la religión hindú y a visitar más templos. No nos equivocamos. Una vez que sales de la parte turística, Bali tiene mucho que ofrecer. Lo contaremos en el siguiente post. En este decimos adiós a Komodo con este precioso atardecer.

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