Nueva Zelanda isla norte II

Seguía lloviendo y como empezábamos a estar muy cansados de cambiar la bolsa de basura del techo de la furgo cada poco, decidimos parar y arreglar el coche. La ciudad más cercana era Matamata, que casualmente también es el lugar desde donde salen las excursiones para visitar Hobbiton, el set de grabación de “La Comarca” en El Señor de los anillos. Pasamos de pagar los 80 € que costaba la entrada y nos conformamos con hacernos fotos en la puerta de la oficina de información. Por lo menos, la casa era preciosa y estuvimos solos allí. De paso, en un taller local nos solucionaron las goteras. Qué descanso no tener que estar preocupados por la lluvia.

Waitomo

Donde sí decidimos gastar dinero fue en visitar una de las cuevas del pequeño pueblo de Waitomo, donde existen unas criaturas únicas llamadas “glow-worms”, o gusiluz para los que estamos en los treinta y tantos. Por 35 € por persona puedes acceder a una de ellas, donde un guía te va dando mucha información sobre la formación geológica del lugar y sobre la vida de los gusanos. Lo que más nos gustó, fue saber cómo los bichos emiten una luz azul intensa para llamar la atención de otros insectos y guiarlos hasta el hilo de seda que fabrican ellos mismos, donde los otros ilusos se quedan pegados para luego ser devorados. Son tan voraces que también se comen a los de su propia especie. Después de esta fase de gusano, se vuelven crisálidas y pasan a ser pequeñas polillas que ponen huevos en la misma cueva. Por desgracia nuestra y por seguridad de los gusiluz, no está permitido hacer fotos en la cueva. Así que esta vez la foto se la hemos pedido prestada al Señor Google, espero que no se moleste.

La excursión finalizó con un pequeño paseo en barca bajo un techo lleno de estalactitas donde viven los gusanos. ¡Menuda pasada! Parecía que estabas en medio de una galaxia lejana con miles de luces de neón. Esto fue una de las cosas que más nos gustaron de toda Nueva Zelanda. Además se pueden visitar otras dos cuevas, pero en ellas no hay tantos gusiluces.

Blue Springs y Mac Laren falls

Y como siempre que estamos con un subidón por algo que nos ha encantado, nos topamos con un gran chasco. Fuimos a visitar las Blue Springs Waters cerca de la localidad de Putaruru. Se trata de un manantial de agua cristalina, que según dicen, tarda 400 años en filtrarse por la roca desde su origen y es de un azul tan intenso que parece de mentira. Pero nosotros no tuvimos demasiada suerte, no sé si fue por toda la lluvia que había caído en los últimos días o por acumulación de karma negativo. La realidad es que solo vimos un pequeño punto de agua turquesa. Lo bueno es que el paseo por el río fue muy agradable con tanta vegetación.

Y para cerrar el día de las grandes decepciones, visitamos las cascadas Mc Laren. Este lugar nos lo había recomendado una chica argentina que conocimos una noche, e ilusos de nosotros nos esperábamos algo increíble. Pero no fue así, simplemente era un pequeño salto de agua entre piedras con un bonito puente desde donde se podían hacer fotitos. Pero sacamos algo bueno de ir hasta allí; muy cerquita había un camping de pago que ofrecía duchas gratuitas a los visitantes. Así que limpitos y aseados fuimos a buscar un sitio gratis donde dormir.

Península de Coromandel

Seguíamos mirando el tiempo todos los días para saber cuándo podríamos volver al Tongariro con sol. Cómo continuaban dando lluvias y viento, pensamos que quizás yendo más al norte tendríamos mejor suerte. Nos habían recomendado varios viajeros la zona de Coromandel. Una pequeña península situada al sureste de Auckland famosa por sus playas. En esta zona no había campings gratis para dormir, así que conseguimos la última plaza de aparcamiento que habían habilitado en un pueblecito antes de llegar a Coromandel, para pernoctar por 5 dólares por persona. Lo mejor que encontramos en ese lugar fue el espectáculo que había a la hora del atardecer en el supermercado. La gente se iba a la compra vestida en albornoz y zapatillas de andar por casa como si fueran a pedir sal a la vecina del tercero.

Hot Water Beach

A la mañana siguiente, a pesar de la lluvia que caía seguimos con el plan previsto y pusimos marcha a Coromandel. La primera parada fue en “Hot water beach”, un sitio súper turístico donde la gracia está en llevar una pala a la playa y cavar un agujero en cierta zona donde brota agua caliente. A pocos metros de profundidad de la orilla, hay una veta de roca volcánica que calienta la arena y el agua más superficial. Así dicho parece una cosa súper especial pero en realidad cuando llegamos solo vimos a mil turistas cavando como locos bajo la lluvia para tener los pies calientes y el resto del cuerpo con carne de gallina. Nosotros, como somos así, no teníamos ni pala ni ganas de excavar así que nos metimos unos segundos en un boquete ya hecho, para comprobar que efectivamente el agua ardía. Salimos pitando de allí cuando se puso a diluviar.

Cathedral Cove

Muy cerca se encuentra el hit de toda la península, la playa de “Cathedral Cove“, que es parecida a la playa de las catedrales en Lugo pero menos alucinante, sinceramente. Para llegar hay que aparcar en una zona habilitada y después caminar una hora más o menos por un sendero que bordea la costa entre bosques y acantilados. Tuvimos suerte y salió el sol a ratos, así que pudimos disfrutar del paseo. También se puede acceder a la playa en barca contratando una excursión carísima. Pero nosotros no queríamos dejarnos más pasta en este país y además aprovechamos cada rato de sol para caminar y quemar algunas de las grasas que llevábamos acumuladas en Oceanía.

Lo que tiene de especial esta playa es el enorme túnel de piedra que se ha formado con el paso del tiempo. Además como toda la zona es de roca caliza, la erosión ha creado piedras con formas de pirámide, cuevas naturales y acantilados con formas muy raras. Al menos pudimos disfrutar allí de unos cuantos rayos de sol perfectos para sacar buenas fotos y descansar en la arena. El briconsejo de hoy es que sólo se puede cruzar el túnel cuando la marea está en su punto más bajo, por lo que antes de ir tirad del señor Google y averiguar cuando es la bajamar.

Aunque nos había gustado mucho esa zona costera, no podíamos seguir subiendo hacia el norte porque nos desviábamos mucho del Monte del Destino, así que volvimos a dormir al mismo sitio que la noche anterior. Esa noche conocimos a unos chicos israelíes con los que compartimos historietas, cerveza y una sopa que cocinaron con mucho amor pero con poco sabor. Pobres jovenzuelos, les faltan muchos capítulos de Masterchef por ver.
Los siguientes dos días los dedicamos a dormir en sitios gratis con vistas bonitas, a buscar duchas baratas, comer y descansar para el trekking que nos esperaba. ¡Ah  bueno! Y nos estábamos haciendo adictos a la web del servicio meteorológico. No nos quedaba otra.

Segundo intento de Tongariro

Y al fin llegó el gran día y salió el sol. Para hacer el trekking completo se tiene que dejar el coche en uno de los dos parkings que hay, el Ketetahi o el Mangatetopo (donde nosotros dejamos la furgo).  La mayoría de la gente aparca en Ketatahi y termina en Mangatetopo y después coge un autobús para volver a su coche por el módico precio de 30 dólares por persona. Con lo cual teníamos tres opciones; pagar el bus, pactar con alguien para que luego nos llevase a por la furgo o lo que hicimos, caminar diez kilómetros de subida hasta la zona más bonita y volver a bajar por el mismo sitio hasta el parking.
La primera parte comienza en una zona de estepa con todos los volcanes de fondo. Estábamos encantados con el paisaje y con el tiempo. Para quien no lo sepa, hay un código universal en la montaña por el cual tienes la obligación de saludar a todo el mundo con el que te cruzas. Eso está bien con las primeras 100 personas, pero después acabas emitiendo un pequeño ruido incomprensible o simplemente levantas la cabeza. Es la misma técnica que usas con el portero de tu casa.

Monte de Destino

El camino está perfectamente señalizado y hay carteles con los kilómetros que te faltan para llegar. Incluso hay baños en mitad de la nada para los más tímidos. Aunque se supone que se tardan unas diez horas, nosotros llegamos a la zona más alta en poco más de tres horas. No como Frodo que tardó tres largas películas en llegar hasta allí. Pobre hobbit de pies peludos. Al fin pudimos ver el Monte de Destino completamente despejado, qué emoción!.

Seguimos caminando hasta llegar a la zona del cráter rojo y los lagos de azufre. Nos quedamos impactados con el paisaje y también con el olor. Otra vez peste a huevos podridos! pero esta vez merecía mucho la pena. Aunque casi nos volamos por el viento que hacía. Unos 70 km por hora. casi nada.

Playa Karekare – Playa Piha

Los dos últimos días en Nueva Zelanda los pasamos en las playas de Karekare y Piha, al oeste de Auckland, durmiendo en campings de pago bastante buenos, y disfrutando del mejor tiempo que nos había hecho en este país. Manda huevos que el sol saliera justo cuando nos íbamos a ir.

Estas playas son de arena negra increíble, y aunque no nos pudimos bañar por el frío, disfrutamos de los mejores atardeceres de Oceanía. A pesar de todo lo malo que nos había pasado, nos íbamos con buen sabor de boca.

Skyline de Auckland


Nos despedimos de Nueva Zelanda con esta foto del skyline de Auckland hecha desde el mirador de Stanley, y con muchas ganas de emprender una nueva fase de la aventura, ¡Sudamérica! Próximamente en Madrid ya no nos quiere.

Canción

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