Montevideo

​Un día después de haber aterrizado en Buenos Aires, Argentina, y antes de dedicarnos en cuerpo y alma a recorrer este país, decidimos ir a la capital de Uruguay, Montevideo, para visitar a unos amigos que viven allí. Argentina y Uruguay se encuentran a tan solo 200 km el uno del otro y están separados por el Río de la Plata. Para ir de Buenos Aires a Montevideo tienes varias opciones. La primera y más cara de todas es ir en avión; la segunda y más económica, hacerlo todo en autobús, pero son demasiadas horas; la tercera, cruzar en ferry, que también es bastante cara; y por última y cuarta opción, hacer un combinado de bus y ferry. Ésta fue la ganadora. Lo que haríamos sería primero coger el ferry de Buenos Aires hasta Colonia, ya en Uruguay; y una vez allí, un bus hasta el centro de la ciudad.

La empresa con la que hicimos el viaje fue Colonia Express, y nos salió ida y vuelta por unos 120 €. No es barato, pero como fuimos descubriendo poco a poco en nuestro paso por Uruguay y Argentina, nada lo es en ninguno de estos dos países. Nos habían hablado también de la empresa Buquebus, pero era mucho más caro ir con ellos. En total, entre ferry, bus, la cola para hacer el check-in y la de inmigración, estuvimos unas 5 horas en ruta.

Llegamos a Montevideo sobre las 4 de la tarde y decidimos andar, a pesar de las mochilas, desde la estación de autobuses hasta la casa de nuestros amigos en el barrio de Pocitos. Después de pasar tantos días en una furgoneta en Nueva Zelanda, cualquier excusa era buena para caminar un poco y mover los culos gordos que se nos habían puesto en el último mes.

Barrio de Pocitos

Finalmente llegamos a casa de nuestros amigos, David y Andrea. ¡Qué alegría! Llevábamos tiempo sin verlos y no conocíamos a su hijo, Bruno, así que más que patearnos la ciudad, lo que nos apetecía era pasar tiempo con ellos y su pequeño de dos años. Y hablar… hablar mucho!. Después de lo poco que habíamos interactuado con la gente en Nueva Zelanda, estábamos deseando contarles un millón de historias a alguien. Que con lo que nos gusta darle a la lengua, y el tiempo que llevábamos hablando solo entre nosotros, les esperaba una buena chapa a los pobres.

Salimos a comprar algo de cena y nos llamaron poderosamente la atención dos cosas. La primera, que Montevideo nos recordaba muchísimo a Alicante, no sabemos muy bien por qué, pero fuimos a dar un paseo por la rambla de Pocitos al atardecer y nos dio la sensación de estar andando por el paseo marítimo de la ciudad levantina. La rambla, está localizada a orillas del Río de la Plata y mide unos 22 km. Va desde la zona antigua hasta otras más residenciales pasando por nuestro barrio: Pocitos. Allí la chavalada, en vez de ir comiendo helados de Jijona, lo que hacía era pasear con su mate en una mano y el termo debajo del brazo contrario. Ya nos habían contado que los uruguayos han desarrollado una tremenda habilidad echando el agua en el mate solamente con un suave movimiento de sobaco. ¡Increíble!

La segunda cosa que nos llamó la atención fue lo carísima que era la vida en Montevideo. No os podéis imaginar. La comida estaba igual de cara que en Londres. Precios europeos en un país donde los sueldos son cuatro veces menos que en nuestro continente. Le pedimos a David que nos explicará cómo lo hacía la gente de allí, porque no éramos capaces de entender cómo llegaban a fin de mes. Nos contó que allí no hay tanta cultura de gastar como la que tenemos nosotros. No hay tantos bares y la gente sale mucho menos. Si hay reuniones o fiestas suelen ser en casa, y el carácter en general de los uruguayos es de ser más ahorrativo. Que por un lado está bien, porque te das cuenta que los españoles y europeos en general somos demasiado consumistas, y definitivamente podríamos vivir comprando menos ropa o saliendo menos, pero por otro te duele en el alma tener que gastarte 5 € en un kilo de tomates.

Dormimos fantásticamente esa noche en su preciosa casa y nos levantamos con la increíble noticia de que un terremoto había azotado el país. Decimos increíble, porque jamás hay terremotos en Uruguay. Estaban locos en la televisión entrevistando a todo tipo de expertos que dieran algún tipo de explicación al suceso. Nosotros lo teníamos claro: habíamos sido nosotros. Pasamos por el volcán Rinjani en Indonesia y erupciona, estamos en Nueva Zelanda y hay un terremoto de 7,4 grados, llegamos a Uruguay y sufren el primer movimiento sísmico de su vida. Definitivamente tenemos más magnetismo que la isla de Perdidos. Si JJ Abrams lo hubiera sabido, fijo que nos hubiera fichado para currar en Dharma. Igual en nuestro próximo destino atraemos a un oso polar hasta la selva. Quién sabe.

Centro Histórico de Montevideo

Y tras toda esta locura friki, salimos a conocer la ciudad. Allí los autobuses locales funcionan con una tarjeta que tienes que ir recargando, y no son unipersonales, por lo que la de David nos servía para los tres. El bus nos dejó en la avenida 18 de julio, la más grande de todo Montevideo, y desde allí fuimos andando hasta llegar a la plaza de la independencia. Allí, una vez más, nos dio la sensación de estar en Alicante. Supongo que una ciudad pequeña llena de palmeritas nos evocaba irremediablemente a nuestra ciudad de veraneo en España. En la plaza de la independencia está ubicada la sede del actual gobierno, la puerta de la ciudadela, testimonio de la época colonial y una estatua ecuestre de Artigas, un militar que luchó en la guerra de la independencia de las provincias unidas del Río de la Plata. También está el palacio Salvo, al que subimos con una visita guiada por solo 3 €. Lo que queríamos en realidad era ver la ciudad desde lo alto, pero solo se podía hacer con una guía turística, y la verdad es que la señora, muy simpática, nos acabó contando cosas muy interesantes. El palacio fue diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti y, en su momento, fue el edificio más alto de todo Sudamérica. El estilo fue muy criticado en su época pero tenía que ser una pasada ver la altura del palacio en plena década de los años 20, rodeado solo de casas bajas.

Desde el palacio se veía el puerto, donde está el famoso “Mercado de la carne” de Montevideo. Estábamos deseando probar la carne de allí, que tiene fama de ser buenísima, pero la señora guía nos dijo que era muy caro, porque obviamente solo iban turistas, y nos recomendó un restaurante donde podríamos comer la misma calidad de carne por un precio más económico. Le hicimos caso y allá que fuimos. Se llamaba “La Torre” y era un lugar súper rancio tipo mesón español, con una decoración horrible y un ambiente viejuno/casposo que tiraba para atrás nada más cruzar la puerta. Pero, le dimos una oportunidad. La carne estaba riquísima, y los precios, a la española, unos 40 € los tres. Lo mejor vino durante el postre. Había un señor mayor cerca de una mesa pegando berridos, que resultó ser el dueño. Era el típico gallego que se mudó a Uruguay 60 años atrás, hizo mucha plata trabajando y puso varios negocios. En cuanto se enteró de que éramos españoles se sentó en nuestra mesa a contarnos su historia. Así, sin preguntar. Parecía un casting de Pesadilla en La Cocina. El señor nos contó su vida y milagros, y decidió no ponerse el sonotone para que no pudiéramos meter baza ni interrumpirle. Él había venido a hablar de su libro. Fue un monólogo de 45 minutos en los que no pudimos decir ni mu. Que al principio, cuando se ponía a gritar dando golpes en la mesa con la mano: “!Yo soy español y del Real Madrid!, nos hacía mucha gracia, pero llegó un momento que no sabíamos ya cómo librarnos de él. Menudo personaje. Nos imaginábamos a Chicote allí y nos moríamos de risa. Ahora, no se invitó ni a un café. Nos dejó la cabeza tan saturada que no tuvimos más remedio que darnos a la cerveza en una taberna súper auténtica del casco antiguo que llevaba el nombre de uno de nuestros grupos favoritos: The Beatles.

Esa tarde visitamos también toda la zona antigua, con la rambla, las calles peatonales llenas de puestos de artesanía y grafitis, el teatro Solís y la catedral. Al día siguiente fuimos a conocer el famoso Parque Rodó, que se supone que es el más bonito de toda la ciudad. Se supone, porque nosotros lo vimos en obras. Resulta que habían decidido, después de 20 años sin hacer absolutamente nada, que tenían que vaciar el lago para limpiarlo. Estaba todo hecho un cuadro. Aún así pasamos el día por esa zona. En el parque vimos una parte “tipo patio andaluz” y estatuas de todo tipo, como una de Confucio y otra de Guillermo Tell. David nos contó que Uruguay es el país más ateo de todo Sudamérica, incluso fue declarado estado laico en los años treinta. ¡Qué modernos! Por lo visto un grupo de católicos había intentando poner una estatua de la virgen en la rambla, y como son tan ateos no les habían dejado. También es un país pionero en legalizar la marihuana para fines médicos, terapéuticos y  también lúdicos.

Nos gustó mucho el barrio del Parque Rodó, con casas coloniales y lleno de árboles morados como los que habíamos visto en Australia, los Jacarandá, originarios de América. Comimos milanesa y Pascualina, que junto con el chivito es lo típico de allí, y acabamos tomando té en un sitio súper guay llamado “Escaramuza”, que parecía sacado de la zona más hipster de malasaña. Era un local, mitad biblioteca mitad cafetería, con un patio interior lleno de vegetación y ambiente moderno. Nos encantó ir allí. Cuando llevas mucho tiempo viajando, al final agradeces más que visitar cada monumento, ir a los sitios más curiosos y desconocidos de cada lugar. Y lo mejor, sin duda, es dejarte llevar por la gente que vive allí.

Nos despedimos de David, Andrea y Bruno con un riquísimo arroz negro que hizo David. Además, gracias a ellos, descubrimos que en Uruguay no se ponen zapatillas de hacer deporte si no los “championes”, no comen fresas, comen “frutillas”, no odian los guisantes si no las “arvejas”, no llevan camiseta de tirantes, llevan una “musculosa” y las chicas, al levantarse cada mañana, en vez de ponerse las bragas, los pantys y el sujetador, se plantan “las bombachas”, “las medias can can” y el “corpiño”. Como si en vez de ir a currar se fueran a trabajar al Moulin Rouge.

2 thoughts on “Montevideo

  1. Mariela

    Me encanto el blog , esos lugares están muy interesantes y me parecen divinos para pasar unos momentos en amigos, Saludos.

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  2. Pingback: Buenos Aires parte I - Argentina-Blog de Viajes - Madrid ya no nos quiere -

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