Melaka

Nos habíamos dado un capricho de Reyes Magos y habíamos pasado un día entero en un hotelazo con piscina infinita en Kuala Lumpur. Para aprovecharlo a tope, decidimos coger los billetes para Melaka desde allí a las 6 de la tarde. Los compramos por internet y nos costaron 10 ringgits (2 €) cada uno, con la compañía Delima.

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La distancia entre estas dos ciudades no es mucha, y antes de las 8 ya habíamos llegado a la estación de Melaka Sentral. Lo malo fue todo el tiempo que pasamos en esa estación esperando al autobús número 17, de la empresa Panorama, que iba hasta el centro. Otra opción era coger un taxi por unos 20 ringgits (4 euros), pero tuvimos un pequeño rifi rafe con los taxistas, y al final decidimos esperar al bus. Total, tampoco teníamos prisa, y en ese rato conocimos a una señora muy graciosa, enorme, y sin dientes, que nos contó un montón de historias sobre Malasia y Singapur. Esa noche la pasamos en el Victors guest house.

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Llegamos a Melaka

Elegimos ese hostel, por el nombre, obviamente; y por la buena puntuación que tenía en booking. La habitación, por 55 ringits (11€), estaba bastante bien y además teníamos una salita común con agua y café gratis. Pero decidimos quedarnos sólo una noche, porque estaba situado en las afueras del centro histórico, y nos apetecía estar en todo el meollo.

La primera noche fuimos a cenar a un indio cutre abierto 24 horas, situado más lejos del centro aún, en medio de la calle, con mesas y sillas que se caían a trozos; pero que estaba para chuparse los dedos. Menos mal que siempre acabamos encontrando un restaurante indio donde comer, porque a estas alturas ya estamos hasta el gorro de los tarros de noodles del 7-eleven. Tras eso, dimos un paseo por la parte del río Melaka cercana a nuestro guest house, que tenía bastante rollo, con una noria, y todo lleno de lucecitas. Estaba también lo que llaman la “fuente musical”, donde los chorros y las luces de colores se movían al ritmo de la música (un poco cutre, para que nos vamos a engañar).

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Nos mudamos al centro de Melaka

Al día siguiente, después de gochear todo lo que pudimos de té y café, nos pusimos las mochilas, y empezamos a buscar otro alojamiento para las siguientes dos noches. En el centro, que era mucho más mono, estaba todo por las nubes y estuvimos a punto de volvernos al Victors. Nos pedían unos 150 ringits (31 euros) por habitaciones con baño compartido. Cuando nos lo decían se nos quedaba la cara del genio de Aladdin. Ojipláticos y con la boca hasta el suelo. Hasta que entramos en el Hotel Da Son Inn, que estaba regentado por una familia de chinos muy simpáticos, que nos rebajaron la habitación hasta 80 ringgits (16 euros), con desayuno y todas las bebidas (no refrescos), que quisiéramos en cualquier momento del día. Ni que decir tiene que le sacamos bastante partido. Ya temblábamos como el personaje aquel de South Park de toda la cafeína que llevábamos encima. El hotel estaba situado justo enfrente de la mezquita Kampung Kling. Se oían los cánticos pero no molestaba mucho, la verdad. Se dormía estupendamente, aunque había muchos mosquitos.

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Mezcla de culturas

En la misma calle donde dormíamos (Harmony street), estaban el templo chino más antiguo de la ciudad, el Cheng Hoon Teng, y el templo hindú Sri Poyatha Vinayagar Moorth. De nuevo tres culturas súper diferentes en un espacio reducido. Aunque en Melaka ganan los chinos. Lo tienen completamente invadido. Hasta se habla chino por la calle. Además, con la llegada de su nuevo año, a principios de febrero, tenían todo lleno de farolillos rojos y se pasaban el día ensayando lo que suponemos, será un espectáculo para recibir el año del monito. Así es, este año es el del mono, y en cualquier Chinatown del mundo, se pueden ver figuras de monos de todo tipo y tamaños. Estos los vimos en un centro comercial de Melaka.

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Zona histórica de Melaka

Lo mejor de Melaka es, sin duda, la arquitectura de su herencia histórica. Hay una mezcla de iglesias y ruinas, de la época en la que fue colonizada por portugueses, holandeses y británicos. Gracias a este conjunto de edificios, la ciudad ostenta el título de Patrimonio de la humanidad de la Unesco. La verdad es que deben repartir estos títulos como churros, porque allá donde vamos, encontramos alguno. Para nosotros, Melaka no es tan espectacular. Sí, la ciudad es bonita, las casas son pequeñas y antiguas, el río le da un toque especial, y tiene la parte de las ruinas y las iglesias. Pero tampoco es nada del otro mundo. Quizá a ellos les resulta mucho más pintoresco que a nosotros, ya que no tienen tantas iglesias católicas en Asia. Por eso, casi todo el turismo que se ve es local. Nos llamó mucho la atención un grupo de trabajadores de la misma empresa, que estaban de tour por Melaka, con la misma camiseta cantosa, que lucía el nombre de Volvo. Iban haciéndose mil selfies y llamando la atención como niños. Y eran bastante mayorcitos. La pregunta que nos hacíamos era: ¿en su compañía les dan muchas camisetas iguales, o tienen una para todo el viaje que huele a choto que tira para atrás? Tanto ellos como nosotros, estuvimos visitando la Plaza Holandesa con la iglesia y la torre del reloj, la puerta de Santiago, la iglesia de Sant Paul en lo alto de la colina, las ruinas de las murallas portuguesas, y la Catedral de San Francisco Javier, entre otras muchas cosas.

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Jonker street

Pero la joya de Melaka es la calle Jonker, que es la más famosa, la que tiene más vidilla, y en la que ponen un mercadillo a partir de las 6 de la tarde, todos los fines de semana. En él puedes comer cualquier cosa, comprar todo tipo de souvenirs, e incluso puedes cantar en un karaoke gigante patrocinado por la marca de noodles precocinados Mamee. Probablemente ese escenario lo tendrían montado por el año nuevo, porque obviamente era de chinos, y para chinos. Madre mía que mal cantaban. Daba miedo. Nosotros nos dedicamos a probar un montón de postres, que son muy típicos en esa calle, como las tartaletas portuguesas o el tradicional onde-onde.

También compramos unas lentillas de zombie, de esas que les encanta llevar a los asiáticos, que te hacen los ojos más grandes. Pagamos 15 ringgits (3€) por ellas. A ver cuánto duran.

Por si con todo esto no es bastante excéntrica ya la calle, tienen allí una estatua del que debe ser el Arnold Schwarzenegger malayo. Un cachas campeón de culturismo del que deben estar orgullosísimos, porque hay carteles de él por todas partes.

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Otra de las cosas que más nos llamó la atención en Melaka, fueron los tuk tuk turísticos. Son los más surrealistas que hemos visto en nuestra vida. Todos están decorados de manera ultra excesiva, y cada uno tiene una temática en particular. Los que más se llevaban eran los de Frozen y los de Doraimon. También los vimos de Superman, Hello Kitty y Ironman. Además, en cuanto suben a un turista, encienden los neones y ponen la música a todo volumen. Es infernal. Imposible que los tímpanos lo aguanten. De repente, pasaba por tu lado el tuk tuk de Doraimon, con Enrique Iglesias cantando “Bailando” a grito pelado, y los clientes malayos tan agradecidos y contentos. Eso en el mejor de los casos, porque te podía tocar chunda chunda bakala de los noventa. Todo un show.

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Piratas en Melaka

El último día lo dedicamos también a pasear por la zona histórica, donde hay un barco pirata antiguo. Se puede visitar por dentro pagando 15 ringgits. Está situado en una zona del río bastante hipster, con restaurantes y cafés cuqui monos, además de un bar de reggae. Por cierto, si queréis hacer un crucero por el río, son 16 ringgits entre semana y 20 el fin de semana. Hay barcos que salen cada hora. Nosotros no lo hicimos.

Cerca de eso, también está la torre Tamin Sari, que es como una atracción de feria. Te subes en ella, te sientas, y la cabina va dando vueltas mientras sube hasta los 110 metros de altura para tener una visión de 360° de la ciudad. Nosotros sólo vimos subirse a musulmanas. Todas colocadas en fila con sus velos de mil colores y los móviles preparados para hacer mil fotos. El precio por subir es de 20 ringgits (4€).

En este país no hemos estado muy contentos en general con la comida local, pero aquí encontramos un sitio precioso, el Chen Ho Tea House, donde comimos unos vermicelli que estaban de muerte. El restaurante es además, un museo chino.

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Y esto es más o menos todo lo que puedes hacer en Melaka. Que para dos días, da más que de sobra. Este fue nuestro último destino en Malasia antes de visitar Singapur, pero volveremos cuando pase el monzón a conocer las islas del este y Borneo.

Os dejamos con un tema de los mejores monos del mundo, los del Ártico.

 

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