Mandalay

Lo de los autobuses nocturnos en Myanmar es de coña. Además de llegar a horas intempestivas, en plena madrugada, llevan los altavoces a todo trapo. Con música o con algún programa de televisión. Son como los bakalas que abren la ventanilla del coche con la radio a un volumen ensordecedor, para que todo el mundo participe del horror con ellos. Cogimos un autobús de estas características desde el lago Inle, y a las 2 de la mañana llegamos a Mandalay. Menos mal que los del hotel que teníamos reservado, el Goldem Dream, nos dejaron entrar sin ningún problema en la habitación a esas horas.

Mandalay ciudad caótica

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Mandalay es una ciudad que muchos turistas se saltan en su ruta por Myanmar. Es caótica, sucia y ruidosa. Nada que ver con los anteriores destinos: Bagán y el lago Inle. A nosotros, después de la India, no es algo que nos sorprenda o nos afecte. Decidimos pasar un par de días allí, muy a gusto en el hotel que habíamos escogido, y recorriendo alguno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.

Después de dormir algo, lo primero que hicimos fue desayunar en el buffet del hotel, que nos dejaron por 1500 kyats (1 €) a cada uno, ya que ese día no nos tocaba. Súper recomendable. Después nos echamos otra siesta, a lo paquirrín en supervivientes (comer y dormir), y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Error. Mandalay no es para recorrerla a pie. Tardas como un millón de años en cruzar cada calle, porque no hay semáforos, y si te descuidas, acabas metiendo el pie en las miles de grietas que hay por todas partes. Lo primero que hicimos fue sentarnos en un puesto callejero a probar algo de comida local.

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No se veía prácticamente ningún turista por la calle, los locales nos miraban como si fuéramos marcianos, y apenas había restaurantes. Nos recordaba mucho a India, pero al menos allí hay mil sitios para comer. Aquí lo que hay son bares para beber cerveza de grifo (draft stations), y antros horribles donde dan algo de comida. La verdad es que no nos estaba gustando nada Mandalay. Menos mal que de vez en cuando encontrábamos una pastelería donde comprar galletitas caseras.

Decidimos ir al mercado de Jade, donde puedes ver a la gente puliendo la piedra, y comprar algo allí. Pero llegamos tarde. Habíamos estado mucho tiempo en la habitación, estupendamente la verdad, y ese día no llegábamos a nada. Normalmente hay que pagar 1.000 kyats (70 céntimos) para entrar, pero a esas horas ya ni nos cobraron. Al menos encontramos un puesto abierto donde comprar algún anillo. Esa noche cenamos cerca del hotel, porque no es que hubiera mucha opción, es un restaurante cutre familiar, baratísimo; donde la comida estaba buenísima pero era inevitable encontrar hormigas en tu plato. Así es Mandalay, toda una experiencia.

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De templos y monasterios

El día siguiente decidimos no ser tan vagos y hacer un tour visitando los mejores monumentos de la ciudad. Que los hay, y muy bonitos. Para ello, llamamos al taxista que nos llevo desde la estación de autobuses al hotel, y negociamos una excursión desde las 9:30 de la mañana hasta las 6 de la tarde, recorriendo los templos y monasterios de Mandalay. Acabaríamos en el puente de U Bein, que es la verdadera razón por la que fuimos hasta allí. Nos salió por 33.000 kyats (23 €) a los dos, y aunque el taxista nos mandó a su hermano pequeño con un coche peor, lo pasamos bastante bien con él.

Entrar al palacio real es caro, y directamente nos lo saltamos. Nuestro taxista, Cinco, sabía muy bien que nos tenía que llevar a los sitios donde no cobraban entrada, o colarnos por la puerta de atrás de los templos. En este país nos estábamos pasando del presupuesto prácticamente todos los días. No es nada barato. Fuimos directos hasta Mandalay Hills, una colina con un templo en lo alto desde donde se podía ver toda la ciudad.

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En Myanmar los templos no son como en otros lugares de Asia. En ellos, vive gente, comen allí mismo, ven la tele al lado del altar de buda, y tienen sus mantas para dormir por allí tiradas. Además están bastante sucios. Tienes que entrar en ellos completamente descalzo, ni siquiera con calcetines, y acabas con los pies negros. Pero son divertidos, porque siempre hay gente curiosa por allí, y te entretienes más con ellos que en el mismo templo. Es increíble la cantidad de gente que va en pijama por la calle en Myanmar. Normalmente los templos son mucho más bonitos por fuera que por dentro. No es oro todo lo que reluce. Y en este caso, nunca mejor dicho.

Tras esto, fuimos a visitar la pagoda Sanda Muni, que es la que más nos gustó. En ella, una mujer me pintó (a mí, Irene), la cara con thanaka, y aunque dijo que era gratis, se enfadó porque no le compré después ninguna postal. Tras cuatro meses de viaje, soy implacable con este tipo de cosas. Ya no me afectan. La thanaka es un potingue amarillo hecho a partir de un árbol autóctono, que las mujeres en Myanmar se ponen en la cara como símbolo de belleza, y como protección solar.

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Teníamos bastante tiempo hasta la hora del atardecer, momento en el que iríamos hasta el puente de U Bein, el gran hit del día. Así que nuestro taxista, Cinco, nos estuvo llevando a todo lo que él consideraba “belo” para nosotros. Ellos no distinguen entre los españoles y los italianos, piensan que el idioma es el mismo. Lo único que distinguen es el fútbol. Qué manía tienen todos de preguntarnos por el Real Madrid y el Barcelona, cuando a nosotros nos importa tanto el fútbol como la vida de Belén Esteban.

Visitamos más pagodas y monasterios. Llega un momento que ya ni prestas atención porque es todo muy parecido; y paramos a comer en un cutre sitio de los de beber cerveza. Una cosa que nos ha estado llamando mucho la atención es la cantidad de cachorros de perro que hay por todas partes. En uno de los templos vimos a una madre amamantando a su gran camada. También hay muchos gatitos callejeros. Aquí, tanto los animales como las personas, se reproducen más rápido que los gremlins, porque bebés, también hay miles por todas partes. En Myanmar hay una especie de aureola de fertilidad que afecta a cualquier ser vivo. Tendremos cuidado por aquí…

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Puente U bein

Sobre las 15:30 llegamos por fin al puente de U Bein, en Amarapura, muy cerca de Mandalay. Se trata del puente de madera de teca más largo del mundo con 1,2 km. Es muy famoso y se ha convertido en uno de los símbolos del país. Fue construido en 1850. Está lleno de turistas y locales, y allí lo que haces es recorrerlo de un lado a otro, cruzando el lago Taungthaman, para después colocarte en un sitio y ver el atardecer.

Como siempre, te puedes entretener con la gente más que con el propio paisaje, aunque este es especialmente bonito, sobre todo con la luz del atardecer. Ahí estábamos todos con nuestras cámaras preparados para captar el mejor momento, y mostrarlo después al mundo en las redes sociales. Así somos. Nosotros lo compartimos en este blog con vosotros.

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Y para terminar este día, ¡quedamos a cenar con nuestro amigo israelí Omer! Del que ya nos hemos despedido definitivamente, hasta que venga a vernos a Madrid. Se había venido un día antes desde Bagán solo para estar una noche más con nosotros. Qué pena da cuando congenias tanto con alguien y te tienes que separar. Todavía nos acordamos mucho de Rachel y Adele, nuestras amigas de Laos, a las que esperamos ver en otro momento del viaje.

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Este tema va dedicado a los amigos. A los de siempre, que nos esperan en Madrid; y a los nuevos, que los vas encontrando por el mundo.

¡Qué viva la amistad!

Fotos de Myanmar

Podéis ver fotos de Myanmar, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace:

Myanmar – Birmania

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