Magnetic Island – Whiteheaven beach

Nos levantamos temprano en Cairns y fuimos hasta las oficinas de Wicked para recoger nuestro coche con tienda de campaña incorporada. Empezaba nuestra vida como campistas por Australia. Lo primero que hice yo, Irene, fue bajarme la aplicación Campermate donde vienen estupendamente señalados todos los lugares donde puedes parar a dormir. Todos nos imaginábamos en nuestro sueño de “road trip” australiano que con tu vehículo, podrías parar en cualquier sitio y dormir donde te diera la gana. Pues no. O lo haces donde está señalizado o te pueden poner una multa. Hay tres tipos de campings: los carísimos con todas las comodidades para los viajeros, los low cost, y los gratuitos, que son los que están más lejos de los lugares turísticos, y con menos facilidades. Obviamente a esos íbamos a ir nosotros. Yo me encargaría de buscarlos, de llevar todo apuntado en el maps.me (aplicación de mapas offline), y Victor de conducir. El equipo perfecto en la carretera.

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Viaje hasta Townsville

La primera parada sería el pueblo de Townsville desde donde podríamos ir a Magnetic Island, una isla que nos habían recomendado por las playas y donde se podían ver koalas. Esta parte del viaje fuimos acompañados. Arturo y Susana, la pareja española que conocimos en la excursión a la Gran Barrera de Coral se quedó sin coche en Cairns y les acercamos hasta la oficina de Airlie Beach, a dos días de camino, donde pudieron coger uno.

Por el camino hasta Townsville, lo que más nos llamó la atención, fue la cantidad de canguros muertos que había en la carretera. Pero una bestialidad. Estábamos entre anonadados y estupefactos con el tema. Ya nos habían avisado que por la noche había muchas posibilidades de atropellarlos, y además los accidentes con animales no los cubría el seguro. En ese momento decidimos que solo viajaríamos de día. En Townsville dejamos a Arturo y Susana en un hostel y nos fuimos a nuestra primera área de servicio para pernoctar, a 10 km del pueblo. Allí había un Bunnings, que es como un Leroy Merlin, donde compramos un infiernillo, gas y unas sillas plegables que nos acompañarían todo el camino. Yo no he ido mucho de camping en mi vida, pero Victor es un auténtico profesional de las acampadas. Como se nota la de festivales que se ha comido en tienda de campaña.

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Magnetic Island

Por la mañana cogimos el ferry desde el puerto de Townsville hasta la isla. Nos costó 64 dólares ida y vuelta a los dos. Nos caían gotas de sudor al pensar todo lo que nos estábamos gastando en Australia. A ese paso, la vuelta al mundo acabaría antes de llegar a Sídney. Pero bueno, todos los tours de pago que queríamos hacer estaban en la zona norte, ya nos pondríamos en plan ahorrador más adelante. Una vez allí, pagamos el autobús para todo el día, 7 dólares por persona, y fuimos hasta “The Fort”, donde se suponía que estaban los koalas. La zona era muy bonita, parecía que estábamos en un decorado de la serie “Perdidos”, pero allí no había ni koalas ni koalos. Nos habían dicho que los podíamos ver en una especie de show que organizaban para turistas, pero eso no va con nosotros. Queríamos verlos en libertad, en su hábitat natural, no en ningún espectáculo. Pero nada. Nos olía todo un poco a chamusquina. Empezamos a sospechar que allí no había koalas libres, que los cogían para el show y luego los soltaban en los árboles a última hora. Ya nos imaginábamos a los pobres animalitos, todos en fila, moviendo sus patitas y ensayando un charlestón para los guiris. Nos contentamos con ver este paisaje.

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Tras el fallido trekking para ver koalas, fuimos a dar un paseo por las playas. Nos encantó. Estas han sido las primeras playas no tropicales que hemos visto en todo el viaje y la verdad es que eran preciosas. En vez de palmeras había coníferas y rocas gigantes de granito. Y miles de pájaros enormes, claro. Nos bañamos y nos tiramos en el césped a comer unos sándwiches que habían traído Arturo y Susana. Ellos nos iniciaron en el maravilloso mundo de la mortadela y el queso a precio de mochilero. Tanto en el supermercado Woolworth, que tiene wifi gratis, como en el Coles, puedes comprar un mazacote de kilo de queso por 6 dólares, y una barra de kilo de mortadela por 3 dólares. Juntos crean adicción. Veremos cómo tenemos el colesterol cuando volvamos a Madrid…

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Viaje hasta Airlie Beach

Sobre las 4 de la tarde nos echamos de nuevo a la carretera y pusimos rumbo a Airlie Beach. Ese día llegamos muy tarde y como no había ningún área de descanso gratis cerca, decidimos hacer el mal. Encontramos un aparcamiento donde había un montón de gente durmiendo en sus caravanas, a pesar de que había un cartel enorme de prohibido pasar la noche allí, y decidimos quedarnos. Pero claro, nuestra tienda no era para nada discreta y a 1 de la mañana vino un ranger y nos echó. Al menos no nos puso multa. Llamó a varias caravanas por si había gente dentro pero todos se hicieron los suecos. Qué listos. Con la tienda nosotros no podíamos hacerlo. Acabamos durmiendo dentro del coche en el parking de un Coles donde habíamos estado haciendo la colada. Tomamos la determinación de no hacerlo más. Nos organizaríamos para que nos diera tiempo a llegar a los sitios gratuitos.

En ese momento, no estábamos aún muy contentos con Australia. Nos estaba costando adaptarnos y las cosas no nos estaban saliendo del todo bien. Nos daba la sensación de que lo habíamos organizado todo mal. Nos habíamos equivocado en la Gran Barrera, habíamos estado muy poco tiempo en Magnetic y habíamos tenido que salir corriendo hacia Airlie porque teníamos ya contratada una excursión, sin calcular bien los tiempos. No estábamos dando una. Pero cuando vimos lo que vimos al día siguiente, la cosa mejoró. Y mucho.

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Excursión a Whitsunday Island

Al alquilar el coche con Wicked en Cairns, nos habían ofrecido una promoción 2×1 para la excursión a Whitsunday Island, y como la queríamos hacer sí o sí, la cogimos. 150 dólares costaba por persona, así que nos salió a mitad de precio. La empresa que lo organizaba era Ocean Rafting y las oficinas estaban en el puerto de Marina, para mi gusto, la zona más bonita de Airlie Beach. Llegamos allí y nos dijeron, primero, si queríamos la comida incluida, que eran 15 dólares más. Les dijimos en inglés algo parecido a “cari, tenemos nuestros sándwiches de mortadela, para que queremos más”. Y lo segundo, que si queríamos alquilar un neopreno, por 8 dólares más. Que por esa zona había medusas malvadas asesinas y claro, no querían tener un disgusto. Le dijimos que ya nos apañaríamos con nuestra ropa y nos pareció muy cutre que ni la comida ni el neopreno vinieran incluidos en el pack. Pero lo de las medusas era cierto. Este país es muy fuerte, si no te mata una medusa lo hace una araña o una avispa, y si no, te come un cocodrilo o un tiburón. Muy rico todo.

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A las 10 de la mañana, nos subimos unas 30 personas, mitad chinos, mitad europeos, a una mega zodiac amarilla para ir a Whitsunday Island. Allí haríamos una hora de snorkel y después visitaríamos la que dicen es la playa más bonita del mundo: Whiteheaven beach. El animador del barco enseguida empezó a soltar sus “beautiful!” y sus “awesome! Y el capitán del barco se marcó unos buenos derrapes para disfrute del personal. Muy poligonero todo, y muy divertido a la par.

Nos tiramos al agua congelada para hacer snorkel y flipamos con el coral. ¡Si tenía más colores que en la Gran Barrera! Pero peces pocos. Más bien ninguno. Los buenos tiempos bajo el agua habían terminado. Se quedaron en Asia con el pad thai y el nasi goren.

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Tras el snorkel, vino el plato fuerte. Íbamos navegando alrededor de la isla y nos avisaron de que miráramos a la derecha. Pasamos unos acantilados y ahí estaba, la famosa playa de arena blanca y agua azul turquesa. Uno de los paisajes más increíbles que hemos visto en nuestra vida. Esto ya empezaba a molar. Subimos a un mirador para ver el meandro que forma el agua del mar con la arena, que es en su mayor parte silícea, y por eso tiene ese color, y nos quedamos con la boca abierta con las vistas. Alucinante.

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Después nos dejaron en la playa a nuestro rollo y ese fue el primer momento que disfrutamos de verdad en Australia. Relax total. Sin tener que llegar a ningún sitio, sin la sensación de haber hecho algo mal, sin pensar que estaríamos mejor en otro lado… Y completamente solos. En ese momento solo estaba nuestro barco. El resto de gente se había quedado cerca de él y nosotros habíamos andado lejos, disfrutando de ese lugar mágico, de la playa más bonita del mundo, solo para nosotros dos.

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Los del tour nos contaron que allí había tiburones bebés, que las madres los dejaban hasta que crecían y solo entonces volvían al mar. Y menos mal que se quedan en esta playa porque si no, los de su propia especie se los comerían. No vimos ninguno, pero si vimos una manta raya, que se acercan hasta allí para comer. También nos contaron que los de Piratas del Caribe habían grabado una secuencia de la última peli allí y que habían llegado, plantado decenas de palmeras, y dos semanas después se las habían llevado todas. La verdad es que esta playa es preciosa con palmeras o sin ellas.

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Volvimos a tierra muy contentos. Por fin veíamos algo en este país que nos había sorprendido de verdad. Pero Australia nos estaba dando una de cal y otra de arena, y ahora tocaba lo malo. Llegamos a una zona de descanso donde se podía pasar la noche, Bloomsbury, y justo después de cenar se puso a llover a tope. Hasta ahí bien, pero la tienda era tan vieja que calaba. Diluvió durante toda la noche y hubo un momento que nos tuvimos que salir de la tienda. Otra vez a dormir al coche. Vaya suerte estábamos teniendo. Esta era la cara de Víctor a la mañana siguiente esperando a que se secara el colchón.

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Pero aún quedaban muchos días en Australia y siempre podría ir todo a mejor. O no. Es lo que tiene la aventura, que vives en una completa incertidumbre. Y eso mola.

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