La Paz

Hicimos un viaje bastante cómodo con la compañía Copacabana S.A. desde Potosí a La Paz. Al llegar, decidimos ir a ver algunos de los alojamientos que más nos habían gustado por Internet. Después de un tiempo en Bolivia ya habíamos descubierto que en este país es mejor presentarte directamente en un sitio que hayas fichado y negociar allí, porque puedes conseguir algún descuento. Acabamos en Iskanwaya guest house, uno muy bueno que nos había recomendado una amiga, dónde nos hicieron muy buen precio. Estuvimos genial allí las tres noches. Además, el hotel estaba en pleno centro, en mitad del  mercado de las flores. Cada mañana nos levantábamos rodeados de cholitas con sus puestos de fruta y verduras.

La Paz con casi un millón de habitantes y sus más de 3600 metros de altitud, es la capital administrativa de Bolivia. En cuanto llegamos a la estación de buses nos dimos cuenta que estábamos en una gran urbe. Esta ciudad nos pareció de lo más curiosa y pintoresca. Era enorme, con casas construidas en las montañas, mucho frío, y jaleo en la calle a todas horas. Además, comer era baratísimo. Nos metimos en un restaurante local y nos zampamos un menú básico de tres platos por 10 bolivianitos (1,3 euros). Así daba gusto. El primer día salimos a patear la ciudad y perdernos por los millones de puestos callejeros de comida y ropa, y además visitamos el mercado de las brujas, donde compramos un jersey precioso, que luego llevaban todos los mochileros. También vimos un montón de objetos de santería tipo fetos de llama disecada. Un asca.

Paseando por la ciudad pudimos ver que casi ninguna casa estaba terminada del todo. Según nos contaron, al finalizar la construcción los propietarios tienen que pagar un impuesto. Está claro que a los paceños no les debe gustar mucho esta idea por lo que casi ninguno tiene su vivienda terminada del todo. Para despedirnos de nuestros amigos franceses decidimos salir a cenar un sitio cuquimoni. Ellos buscaron, como no, alguna recomendación en la lonely planet. Muchos de los franceses que nos hemos encontrado por el viaje viven pegados a esta guía y sólo comen y duermen en sitios que recomienda la misma. Nosotros somos más de buscar online y dejarnos llevar por el instinto… Cada uno elige su forma de viajar. Al final cenamos en el restaurante Luciérnagas, donde comimos platos típicos del país con un toque más moderno. Pero al día siguiente nos acordamos de la lechuga que acompañaba la comida… No debía estar bien lavada porque nos pusimos realmente malos de la tripa por primera vez en todo el viaje.

Con la tripa ya regular, nos despertamos temprano para cruzar la ciudad hasta la zona de las embajadas. En poco tiempo viajaríamos a Cuba y para entrar necesitábamos tener el visado hecho. Gracias a un taxista muy majo llegamos en 20 minutos al barrio pijo de Irpavi donde viven los embajadores y sus ayudantes. Pero para nuestra sorpresa, la embajada de Cuba estaba cerrada ese día al público por razones que aún desconocemos. Después de hacer presión en la puerta conseguimos que una señorita nos explicara lo que sucedía y que nos diera el contacto de una agencia oficial que nos podía hacer también en visado. Aunque parecía que el viaje hasta allí había sido en vano, por lo menos pudimos ver la parte más cuidada y exclusiva de esta ciudad. Además en el barrio estaba la primera parada de la línea verde del teleférico. En La Paz, por el problema de altura y con todas las montañas que hay, la mejor forma y la más ecológica para moverte es el teleférico. Hay varias líneas que cruzan toda la población y las vista desde las alturas son increíbles. A nosotros nos encantó el paseo, parecíamos dos niños pequeños en su primera vez en Cortilandia.

Una vez estábamos por encima de las nubes en lo más alto de la ciudad, decidimos bajar al centro en otro medio de transporte muy usado por los paceños. Son una especie de camiones antiguos pero reformados parecidos a los que había en Filipinas. Son como autobuses que van haciendo un recorrido pero van parando donde la gente quiere exactamente. Además son muy baratos. Fuimos pasando por todos los barrios de la ciudad y por diferentes mercados, como el Stronger, que nos hizo muchísima gracia su nombre. Pero en este punto fue cuando realmente empezamos con los problemas intestinales. Además de la lechuga maldita del restaurante de la noche anterior, fuimos comiendo todo lo que pillábamos en los puestos callejeros hasta que la tripa nos dijo, chicos, hasta aquí hemos llegado. Aunque teníamos ganas de recorrer más la ciudad e ir a bares que nos habían recomendado en la calle Jaén, nos tuvimos que quedar en la habitación. Menos mal que teníamos baño propio… En la Paz por la noche hay mucho ambiente, sobretodo en las fechas navideñas en las que estábamos.

Nuestro último día en La Paz, el 31 de diciembre,  lo dedicamos a recuperarnos y coger fuerzas. Además conseguimos hacer el visado para Cuba y por la tarde fuimos a ver el atardecer al mirador Killi Killi. Nos encantó ver el sol caer bajo las montañas nevadas que rodean esta urbe de colinas llenas de casas de ladrillo. Aunque subir hasta allí nos llevó más tiempo y oxígeno del que esperábamos, mereció la pena hacerlo. Hay que contar siempre en Bolivia con el temido mal de altura, a nosotros no nos ha afectado demasiado porque hemos ido ascendiendo poco a poco. Aún así, subir las cuestas de La Paz es una tarea más de superhéroes  que de mochileros.

Por la noche quedamos con unas amigas españolas para tomarnos las uvas. Bolivia es el único país de Sudamérica donde la gente se come 12 uvas al igual que hacemos en España. Además, ellos compran billetes falsos que luego queman para atraer la fortuna en el año que entra. La verdad que nos pasamos unas risas cuando, con una aplicación del móvil, conseguimos comernos las uvas todos los que estábamos en ese grupo tan heterogéneo. Nos hubiera gustado mucho quedarnos a celebrar el cambio de año con los colegas que hicimos, pero nuestro estado de salud seguía regular y al día siguiente queríamos pillar un bus para ir hacia el lago Titicaca. La frontera de Perú estaba muy cerca ya.

En general hemos estado encantados en La Paz, aunque hay mucha gente que solo va de paso a esta ciudad cuando viaja a Bolivia. Nosotros creemos que es un sitio que tiene mucho que ofrecer. Además, en los alrededores se pueden hacer un montón de actividades como visitar el Valle de la Luna, la “carretera de la muerte”, o ver las peleas de cholitas (algo con lo que no estamos muy de acuerdo). Si se tiene tiempo nosotros recomendamos visitar la zona selvática de Rurenabarque. Aunque para llegar desde La Paz se necesita casi un día en autobús, esta zona amazónica es poco conocida y explotada. Nosotros nos quedamos con las ganas de hacer todo esto por culpa de nuestra salud y de la época de lluvias en la que fuimos. Sin duda volveremos a La Paz para disfrutar más la ciudad y sus alrededores.

Antes de terminar esta entrada queremos contar una historia que nos contó una chica francesa con la que hicimos una excursión en Perú. Se trata de un timo bastante frecuente en La Paz, donde varias personas son cómplices para timar a los turistas. Con mucha labia y con un teatrillo bien ensayado, los estafadores consiguen que el pobre viajero entregue su pasaporte a un falso agente de policía, que acaba llamando a un taxi donde te piden dinero por recuperar tu documento. Así que si vais por la ciudad y os pasa algo parecido, nunca entregues el pasaporte a nadie. Ahí queda eso.

Nos despedimos como siempre con una canción hasta la próxima entrada.

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