Kuala Lumpur

De Tailandia a Malasia

Dejamos Tailandia, nuestro pueblo, porque ya casi es como ir al pueblo de todas las veces que hemos estado allí; y pusimos rumbo a Malasia. Para llegar, cogimos un vuelo muy barato con Air Asia directo desde Krabi a Kuala Lumpur. Menos mal que existe esta compañía, porque si no, el presupuesto se nos habría disparado con tantos aviones. Era 29 de diciembre y habíamos decidido pasar el fin de año en Kuala Lumpur, para disfrutar de esa fiesta en una gran ciudad. Pero nos equivocamos… Sí, ver los fuegos artificiales que anuncian el año nuevo detrás de las Torres Petronas mola, pero en lo que se refiere a fiesta, no es el mejor sitio para ir. Ni mucho menos.

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Itinerario a seguir en Malasia

Con este destino la habíamos cagado un poco, la verdad. Enero no es una buena fecha para venir a Malasia, porque los mejores lugares del país estan en pleno monzón. Lo mejor que tiene son las islas del este (Perhentian, Redang y Kapas), y en este momento llovía sin parar.

Además, otra de nuestras prioridades era bucear en Sipadan (Borneo), y de enero a abril recomiendan no ir por las fuertes corrientes. Total, que la isla de Borneo quedaba también descartada. Decidimos entonces que nuestro itinerario en Malasia sería, para 12 días, Kuala Lumpur-Penang-Cameron Highlands-Melaca. Tras eso, pasaríamos unos días en Singapur hasta coger un avión a Filipinas, que teníamos programado para el 13 de enero. Se nos quedaría colgado pasar unos días en una de las islas, ir a Borneo a ver el volcán, los orangutanes y bucear; y la selva de Taman Negara. Lo haremos más adelante, cuando vayamos a Indonesia.

Pero volvamos a lo que nos ocupa, y en este momento, es al capital de Malasia, Kuala Lumpur.

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Un hotel en pleno centro

En Kuala hay mil opciones de alojamiento, a muy buen precio, incluyendo hostales para mochileros y hoteles un poco mejores. Aunque no es un destino propiamente mochilero. El turismo que hay es de gente local, familias, y parejas. No tiene ese rollo de viajeros de larga duración que hay en el resto de Sudeste asiático. Al menos la parte que estábamos conociendo nosotros. En Kapas por lo visto la cosa cambia.

Habíamos reservado por booking un hotel muy bien situado. A las puertas de Chinatown y pegado al Mercado central. Era el Pacific Express Hotel Central Market KL, y nos salía la noche a 24 euros. Ellos no eran demasiado agradables, y la habitación, a pesar de que estaba bien, no tenía ventana. Pero lo que más nos gustaba de este sitio era, como no, la piscina. Con vistas al skyline de la ciudad y el agua bien fresquita. Que con el calorazo que hace en este país, se agradece bastante.

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Centro de Kuala

Kuala es una ciudad muy curiosa, donde conviven pacíficamente un montón de culturas súper diferentes. Por un lado hay un montón de chinos, con sus restaurantes, puestos callejeros, tiendas, y templos rojos y amarillos. Muy cerca de Chinatown, esta Little India, con todos sus restaurantes, sus templos hindúes y sus tiendas de sarees. Después está la parte musulmana, la más importante y mayoritaria del país, con mezquitas inmensas y muy bonitas. Y por último, los modernos asiáticos que quieren ser japoneses. A esos te los sueles encontrar más en los centros comerciales.

Para comer, lo mas barato es ir a la primera planta del mercado central, donde tienes un montón de opciones de comida asiática; o la calle Jalan Hang Kasturi, que está al lado, llena de puestos de comida callejera. Nosotros comimos en el mercado, aunque no nos gustó demasiado. Era casi todo comida rápida y basura, por muy asiática que fuera. Así están de hermosos aquí, de tanta fritanga que comen. En los puestos probamos los batidos, y Víctor se tomó un postre tradicional, el cendal. Una mezcla imposible de ingredientes de todo tipo que iban desde leche de coco, a gelatina, pasando por judias, caramelo líquido, granos de maíz y hielo. Una guarrería que si la pillara Daviz Muñoz, lo petaba como postre revelación de la temporada.

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Torres Petronas y alrededores

Por la tarde fuimos dando un paseo hasta la zona de rascacielos, llena de centros comerciales, donde se encuentra el parque KLCC y las torres Petronas. Esta ciudad no es para recorrérsela andando. Primero por el calor, y segundo por el tráfico. Aquí serán muy modernos, pero lo de los semáforos y los pasos de cebra no lo tienen nada conseguido. Cruzar una calle sin que te pille un coche es una auténtica proeza, y que los vehículos respeten a los peatones en un paso es una auténtica quimera. Por eso hay una buenísima opción que son los autobuses turísticos. Hay tres líneas, la azul, la verde y la púrpura. Esta última es gratuita, y encima tiene wifi.

La línea púrpura va directa desde Pasar Seni, en Chinatown, hasta el centro comercial Pavilion. Estuvimos un par de horas haciendo compritas, sin pasarnos porque llevamos una maleta de máximo 10 kilos para ir sin facturar, y visitamos la que para mí, Irene, fue la tienda estrella de recinto comercial. Una tienda dedicada exclusivamente a productos de DC cómics, decorada con figuras a tamaño real de Batman, Superman y Catwoman. Un paraíso para los frikis, y un desastre para la economía personal, porque ¡vaya precios!

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Tras eso, caminamos durante unos 10 minutos por un túnel con aire acondicionado que conducía directamente al parque KLCC. Un complejo diseñado por un arquitecto brasileño, Roberto Burle, en 1998, que incluye zonas verdes, una pista para correr y una piscina.

En este mismo parque están situadas las famosas torres Petronas, las novenas más altas del mundo con 451,9 m. Subir hasta el puente que las une costaba como 18 euros, una pasta, y además no estaba muy alto. Echamos un vistazo alrededor y decidimos subir al sky bar del hotel Traders, para ver el atardecer desde a allí y a las Petronas iluminadas por la noche. El sky bar, con precios desorbitados, tenía reservados desde donde se veían bien las torres, y una parte abierta a todo el mundo con vistas al otro lado. Así que le echamos morro al asunto, para variar, y nos fuimos a una parte que estaba cerrada al público, sentados en el suelo, al lado de un ventanal desde donde se veían las torres, y sin consumir nada. Nadie nos echó ni nos obligó a pedir.

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Último paseo del año por Kuala Lumpur

El día siguiente lo dedicamos a ver los sitios más emblemáticos del centro, como el templo Sri Mahamariamman, el parque Lake Gardens, donde está la mezquita más importante de la ciudad, o la plaza Merdeka. No sin antes pasar por un restaurante indio que habíamos descubierto la noche anterior, el Yusoff Dan Zakhir, en el que tenían Chai. Y no era un chai cualquiera, ¡era masala chai! Bien dulce y con su dosis de picante perfecta. Te lo ponían para llevar en una bolsa de plástico con una pajita, y arreando. ¡Qué ilusión volver a tomar chai indio de verdad!

En cuanto a la plaza Merdeca, que vaya nombre con lo bonita que es, contiene una de las banderas más altas del mundo, con 100 metros. Aquí es donde se celebró la independencia de Malasia (de los ingleses) en 1957. En la plaza también se encuentra el palacio del sultán Abdul Samad, la catedral de Santa María y el antiguo ayuntamiento. Lo que más mola es el contraste de los rascacielos con la arquitectura musulmana. Cuanto más contraste tiene una ciudad, más encanto tiene. Y Kuala es lo que tiene: diversidad cultural a raudales. Ese día estaba casi todo cerrado y lleno de escenarios para recibir el año esa misma noche, pero nosotros preferíamos ir a las Petronas.

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Nochevieja en las Petronas

Nos habían dicho que la zona de las Petronas se ponía hasta arriba de gente así que fuimos sobre las 9 de la noche a coger sitio para ver los fuegos artificiales. Habíamos quedado allí con una pareja de ingleses que conocimos en uno de los trekkings de Myanmar, y estaban también aquí, pero fue imposible encontrarlos. Estuvimos dando un montón de vueltas, y nada. Estaba a rebosar de gente que iba a despedir el año allí. Pero lo peor de todo era que toda esa gente estaba allí, postrada en la calle, sin tomarse ni una cerveza. Encontrar alcohol en algún restaurante (no para guiris) de Kuala Lumpur es bastante complicado, y comprarlo en algún puesto callejero, es casi imposible. Así que nos pasamos casi dos horas recorriendo la zona buscando bebida. ¡Venga hombre, que es nochevieja! Encontramos al final un puesto donde vendían latitas de cerveza al que acudimos como moscas a las heridas. En nochevieja, la gente local, en vez de beber, se dedica a tocar una especie de trompetas que venden en los puestos, y a andar de un lado a otro. Vamos un rollo. Encima las fiestas privadas en los bares eran carísimas. Total que ni nos emborrachamos ni nada. Pero las uvas nos las tomamos, eso sí. Debajo de las torres para ver los fuegos artificiales de las 00:00 horas del 1 de enero de 2016. Aunque como dijo Víctor: “¡si los de las fiestas de Leganés son mil veces mejores!”

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El día 1 de enero nos levantamos a una hora decente y sin resaca, por primera vez en nuestras vidas, y cogimos un tren hasta la estación de autobuses BTS, desde donde tomaríamos un bus de 4 horas que nos llevaría hasta Penang. Nos dejamos por ver las cuevas de Batu, a las afueras de la ciudad. Pero a estas alturas, un buda gigante ya no nos impresiona…

 

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