Kioto

La mejor forma de viajar por Japón, si vas a moverte en distancias largas dentro del país, es con el Japan Rail Pass. Se trata de un abono que te permite coger cualquier tren dentro de la red de JR, algunos autobuses y barcos, y también los shinkasen, que son los trenes bala. No es barato, pero merece la pena. Hay varias opciones: el de 21 días que vale unos 434€, el de 15 días que cuesta unos 340€, y el de una semana por unos 214€. Depende del cambio de moneda en ese momento y también los hay más caros para primera clase. Se compra por internet pero hay que hacerlo desde cualquier país fuera de Japón. Importante este dato. Nosotros optamos por el de una semana y los compró nuestra amiga Anita en España. Una vez activado, teníamos 7 días consecutivos para utilizarlo, y lo usaríamos para viajar hasta Kioto, Hiroshima, Nara, Hakone, y volver a Tokio.

El viaje hasta Kioto

Para activar el Japan Rail Pass tuvimos que ir hasta la estación de Shinjuku, donde canjeamos el cupón por el pase de una semana. Hay muchos puntos para hacerlo por todo el país. Nosotros elegimos el más cercano a nuestra casa. Una vez allí, cogimos un tren local hasta la estación central de Tokio y esperamos al shinkasen que nos llevaría hasta Kioto.

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Era nuestra primera toma de contacto con el tren bala, que viaja a casi 300 kilómetros por hora. El récord ha sido 320 km/h, y pronto se espera que supere los 360 km/h. El tren bala es el más cómodo en el que hemos viajado en nuestra vida, con mucho espacio entre los asientos, silencio y unos baños de lujo. En la estación pudimos comprar unas cajitas de comida súper monas llamadas bento box. Yo Víctor, cómo siempre, elegí la más extraña de todas para probar. También compré pelotas de arroz con alga nori, que se llaman onigiri. Soy adicto a las de atún con mayonesa, menos mal que valen 150 yenes (algo más de 1€). Son raciones unipersonales preparadas para tomar durante el trayecto. Estos japos lo tienen todo pensado. Tardamos en llegar a Kioto unas dos horas y media.

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Primera noche en Kioto

Llegamos a Kioto y a la salida del tren nos estaba esperando el mejor casero que hemos tenido en Japón: Kite. Un chaval majísimo de 20 años que hablaba inglés perfectamente y algo de español. Estaba tan emocionado con nosotros que hasta accedió a grabar un vídeo para España que le habían pedido a Irene unos compañeros de la tele. Y no sólo él era fantástico, la casa también lo era. Por localización, por distribución y por todo. Pero lo mejor fue el regalo que teníamos al llegar: una bolsa gigante llena de aspitos de Doraimon de sabores raros. Qué fácil somos de contentar. Pasamos cuatro días geniales allí y pagamos unos 25 € por cabeza y noche. Buscad a Kite si queréis reservar un apartamento en Tokio por Air Bnb. Era en el distrito de Higsiyama, cerca de la estación de policía de Kawabata.

Dejamos las mochilas y nos fuimos a dar un paseo por el centro y a visitar el santuario sintoista Yasaka, que recomiendan visitarlo de noche.

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Está situado al final del barrio de Gion. Se construyó en el siglo VII pero parecía que estaba recién pintando de lo cuidado que estaba todo. Lo que más nos gustó fue la puerta principal de la foto y los cientos de farolillos de papel que iluminan el escenario principal que hay en el centro del recinto. Aquí los templos son gigantes y están llenos árboles y fuentes.

Tras esto, nos fuimos a conocer la famosa calle Pontocho, que es muy estrechita y peatonal. Está llena de restaurantes muy monos aunque caros. En Kioto empezamos a ver muchos más occidentales que en Tokio y aunque la ciudad es muy acogedora, se nota que es mucho más turística. Tiene un rollo tradicional y el río Kamo le da un toque muy romántico. Estuvimos paseando por la orilla del río para ver si nos encontrábamos con alguna geisha. Al final estuvimos espiando a unas que andaban con unos señores trajeados dentro de un restaurante. Nos encanta espiar pero no se nos da del todo bien ser sutiles y siempre nos pillan.

Seguimos paseando y nos encontramos con dos geishas reales por la calle. ¡Qué emoción! Salimos corriendo detrás de ellas. Nosotros, y todos los turistas que había por allí. Las pobres se taparon la cara para que no les hicieran fotos y empezaron a andar rápido con sus piececitos pequeños que casi no pueden mover con ese vestido tan estrecho. Pero sorprendentemente ninguna se cayó de boca.

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Nos han explicado que hay muchas geishas falsas pero se las distingue porque las de verdad llevan el cuello pintado de blanco. También hay que diferenciar entre geisha y maiko. Estas últimas son aún aprendices, son más fáciles de ver durante el día, y llevan sandalias mucho más altas.

Para terminar el día cenamos en el Chao Chao un restaurante de Giozas que ha ganado varias veces un premio por ser las mejores de Japón. Estaban buenísimas pero no tanto como las que comimos en Tokio. También esperamos cola. Esto es así, si vale la pena, tienes que esperar. Yo os recomiendo las de curry e Irene las de chocolate de postre.

Ruta de Templos

Nos levantamos a una hora decente, por fin, para visitar algunos de los templos más significativos de la ciudad de Kioto. Empezamos por el que teníamos al lado de casa, el santuario Heian jingu, que se construyó en el 1100° aniversario de la fundación de la ciudad. Al llegar vimos a un montón de gente vestida con trajes tradicionales y ensayando para lo que parecía ser un desfile. Nos enteramos de que ese día se celebraba una fiesta local, el Jidai Matsuri, en la que Kioto conmemoraba que había sido capital de Japón en el pasado. A las 14h tendría lugar una especie de procesión hasta ese mismo templo. Obviamente volveríamos para verlo, así que nos pudimos las pilas para ver un par de templos antes de volver.

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El segundo en la ruta fue el Eikan-do Zenri-ji o “el templo del bosque zen”. El que más nos gustó sin duda. Hay que pagar 500 yenes (tres pelotas de arroz) para entrar, pero merece muchísimo la pena. Es un templo budista perteneciente a la secta Jodo desde el siglo XIII. En la entrada había que descalzarse pero te dejaban zapatillas de andar por casa porque el suelo estaba frío.  Desde la laguna de Hojo pudimos apreciar el comienzo del “kouyu” donde nos hicimos mil fotos.

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Desde los jardines se puede subir a la pagoda Tahoto, situada en la ladera de la montaña, y con unas vistas increíbles de todo el recinto. Paseando por casualidad nos encontramos con un cementerio y allá que fuimos de cabeza. Nos encanta ver lo diferentes que son en cada país,  aquí al ser budistas,  dejan comida y bebida para sus seres queridos. Es muy curioso ver un sándwich y una Coca-Cola con una pajita en el lugar donde habría flores de plástico en España.

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Al terminar, cogimos el llamado “paseo de los filósofos” hasta llegar al tercer templo que teníamos previsto visitar, el Ginkaku-ji o “el templo del pabellón de plata”. Además del edificio, se pueden visitar sus jardines de musgo y de bambú. El paseo hasta allí fue lo mejor. Un caminito en la ribera del río lleno de casitas bajas y mucha vegetación. La calle que subía hasta el templo, no tenía tanto encanto. Estaba llena de tiendas y turistas. Irene y yo decidimos no entrar al final y nos quedamos esperando a nuestras amigas tomando un bollo de té verde y probando todo que podíamos gratis. Casi todos los puestecitos de comida te dejan probar sus especialidades y puedes almorzar con todo lo que vas pillando. De té verde hay todo lo que puedas imaginar: helados, pasteles, bebidas, kit kat, caramelos, arroz inflado…

Finalmente nos fuimos a ver el desfile. Igualito que un evento de esas características en España, vamos… Todo el mundo en silencio, ni una bebida por la calle, ni un papel en el suelo. Vimos desfilar a samurais con pelucones a caballo, geishas, campesinos, ninjas y señoras que parecían señores.

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Después fuimos al famoso Mercado Nishiki. Es muy turístico y con precios elevados pero nos encantó ver cómo es el wasabi en realidad. Alucinamos con lo limpio que estaba todo y volvimos a probar gratis un montón de cosas de comer, eso sí, ni idea de lo que eran.

Nos llamó mucho la atención ver a niños de unos 6 añitos que volvían solos del colegio. Visten todos de uniforme con gorrito incluido, y con mochilas más grandes que ellos.

En Japón sacamos el dinero solo en los cajeros de 7 eleven. Hemos tenido algún problema con la tarjeta de Evo de débito. Nos han dicho que igual es porque no tiene los números en relieve, porque la de crédito si los tiene y funciona perfectamente.

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El día acabó con una cena en el Sugar Hill, recomendación de Trip advisor. Lo mejor fue el tartar de atún con mayonesa de wasabi, y lo peor el precio de las cervezas. Vaya sablazo.

En Kioto es muy fácil moverse en taxi y encima no es caro. No sé cómo pero para volver a casa conseguimos meternos los cinco en uno. La única regla fue que el hombre tenía que ir delante. Por dentro los taxis son lo más, todo plastificado y de ganchillo. Los conductores visten como choferes de peli antigua, con gorra y guantes.

Os dejamos con una canción que no paró de sonar en nuestro apartamento durante esos días.

Pueden ver fotos y vídeos de Japón, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/japón

4 thoughts on “Kioto

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