Khao Lak

La verdad es que nunca antes habíamos oído hablar de esta región de Tailandia, y afortunadamente fue todo un acierto. Todo se lo tenemos que agradecer a la Lonely Planet que nos dejó una amiga antes del viaje y a las otras dos amigas que empezaron este viaje con nosotros en Madrid: Paula y Tere.
Descubrimos este sitio una de las noches en Koh Phi Phi cuando buscábamos los mejores puntos de buceo del país. Teníamos claro que no queríamos pasar ni un sólo día en Phuket, pero desde luego que teníamos que llegar al puerto de la isla si queríamos subir hasta Khao Lak.

Costa de Khao Lak

Llegar fue más fácil de lo que pensábamos, solo tuvimos que coger un ferry desde el puerto de Phi Phi hasta Phuket y a la llegada teníamos a un conductor que nos llevaría hasta el hotel (Ocean Breeze). Hay varias opciones. Puedes contratar un conductor en el mismo puerto, tener apalabrado uno con el hotel, o el más económico, coger un autobús. Depende de lo que te quieras gastar. Nuestro hotel estaba en la costa de Khao Lak, la llamada puerta de entrada a las islas Surin y Similan. Una pequeña localidad llena de centros de buceo y agencias para contratar las excursiones a las islas.

En un hotel de está misma playa dormía la familia que luego se convirtió en la protagonista de la película Lo imposible, basada en el tsunami que arrasó el sureste asiático. Nuestro hotel había sido totalmente reformado y podemos decir que ha sido uno de los mejores hoteles en los que hemos estado en este viaje.

La piscina estaba situada a escasos 10 metros de la playa que mostramos en la fotografía inferior. En esa misma playa desayunábamos todos los días viendo el mar. Nos encantó esta costa, no es especialmente cara y es muy agradable.

La playa era un interminable paseo de arena lleno de pequeños restaurantes locales donde podías darte un masaje o tomar un rico plato típico con una cerveza Chang. El agua no eran tan transparente como en las islas que habíamos estado antes. Al igual que pasaba en Railay, tenía sedimentos en suspensión de los ríos que desembocan en el mar. Pero aún así se podían ver peces globo, barracudas y pequeños peces de colores.

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El primer día lo pasamos hablando con nuestras amigas, tras el reencuentro de varios días cada uno por su lado. Ellas visitando el norte de Tailandia y nosotros disfrutando de las islas de aguas turquesas. Disfrutamos de la piscina y de la playa hasta que llego la noche. En el pueblo había bastantes sitios para cenar comida local muy barata y riquísima. También había algún bar con música en directo.

 

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El segundo día tras mucho leer y sopesar, decidimos preguntar por las escuelas de buceo para organizar  excursiones para los siguientes tres días. Conocimos allí a unas chicas catalanas que organizaban inmersiones, pero no nos cuadraban las fechas por lo que al final contratamos todo a un chico francés que nos explicó todo de maravilla.

Al final optamos por hacer una inmersión de un día en un sitio llamado Koh Bon, un islote perteneciente al archipiélago de las islas Similan donde se podía ver la manta raya gigante con un poco de suerte. De los cuatro que éramos solo Irene y Paula tenían el curso de buceo, por lo que Tere y yo, Victor, solo hicimos dos inmersiones de bautismo con una dive master que nos tranquilizó mucho y nos enseñó los primeros pasos a seguir en el buceo recreativo.

Quedamos muy temprano en la escuela donde nos llevaron al puerto y allí cogimos un comodísimo barco que nos llevaría casi tres horas mar adentro mientras desayunábamos y nos explicaban todo lo necesario para hacer el bautismo. En el barco tuvimos la suerte de conocer a Ana, una chica de Madrid que sería la dive master de Irene y Paula en las dos inmersiones. Ella dejó su vida en Madrid para dedicarse a bucear por el mundo con su novio. En ese momento se encontraban en Tailandia pero pronto cambiarían de destino.

 

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Este es el pequeño islote donde hicimos las dos inmersiones. Sin duda puedo decir que ha sido una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida y desde luego fue el principio de mi vida como buceador.

En la siguiente aventura al fin pude obtener mi titulo Open Water para poder bucear en cualquier parte del mundo. La cantidad y la calidad de la vida submarina que pudimos disfrutar fue increíble, aunque nosotros cuatro no vimos la manta raya gigante. Volveremos a buscarla.

Irene y Paula tuvieron un poco de mala suerte en una de las inmersiones por una mala gestión del barco, que decidió que había que bucear a contracorriente. Se separaron del grupo y acabaron haciendo un ascenso en un lugar alejado del resto de la excursión.  Al final todo quedó en un susto y fuimos a por ellas.

 

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Por la noche hicimos de nuevo las maletas para hacer la segunda excursión desde Khao Lak. Iríamos a visitar el parque natural de las Islas Surin, lo que resultó siendo el verdadero paraíso para nosotros.

 

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