Jujuy

Una vez terminada Patagonia, y puesto que llevábamos ya muchos días en Argentina, decidimos que el tiempo restante que nos quedaba en el país lo íbamos a pasar, primero visitando a unos amigos en la pequeña ciudad de Trenque Lauquen, y luego conociendo la región de Jujuy. Así cambiaríamos totalmente de paisaje e iríamos subiendo tranquilamente hacia Bolivia, aclimatándonos a la altura.

Trenque Lauquen

Se trata de una ciudad pequeñita entre las provincias de Pampa y Buenos Aires, con un paisaje llano, árido y abarrotado de campos de cultivo. Lo que viene siendo nuestra Castilla La Mancha, pero en gigante. Decidimos pasar unos días allí antes de subir hacia el norte y así visitar a una pareja de amigos que hacía tiempo que no veíamos.

Para llegar fuimos en un bus con la compañía “Vía Bariloche”, que es el mejor que hemos tomado en todo Argentina. Una vez en Trenque Lauquen, pasamos cuatro días de relax con nuestros amigos, Miguel “el alemán” y Mayte, que nos trataron como reyes alimentándonos a base de carne riquísima de la zona. Disfrutamos de la piscina de su quinta (así es como llaman allí a las parcelas), de rica cerveza, de buenas conversaciones y de todos los animalitos que tienen. Incluso hay un grupo de lechuzas en la quinta de al lado que parecen uno más de la familia , todos los días van a saludarles con sus ojos amarillos que parecen de mentira.

Estábamos tan relajados allí que no queríamos movernos. Era la primera vez en esta segunda parte del viaje que parábamos de verdad en un sitio, de vez en cuando el cuerpo te pide algo así.  Además, Mayte es fotógrafa y nos hizo fotos preciosas como esta en la laguna que está a una cuadra de la quinta. ¡Lo que nos gusta un posado robado!

De Trenque a Jujuy

Tras el relax total, comenzó el viaje del infierno. Más de 35 horas en varios autobuses incluyendo cambios de vehículos y larguísimas esperas en estaciones. Primero fuimos de Trenque a Santa Rosa en un bus regular, no cama. Allí tomamos uno cama hasta Rosario, después cambiamos a otro hasta Jujuy y allí, esperamos hasta las 7 de la mañana (desde las 4 o así) a que saliera uno hacia el pueblo de Purmamarca. Cuando llegamos al destino final, no sabíamos ni cómo nos llamábamos. Las distancias en Argentina son una auténtica locura, y eso que los autobuses de larga distancia funcionan fenomenal.

Purmamarca

Por fin llegamos al pueblo, que molaba mogollón porque parecía un decorado de una película del oeste. Lo primero que hicimos fue buscar alojamiento, como manda el manual del buen mochilero. Nos costó un poco, porque era muy temprano y estaba todo cerrado, pero finalmente nos quedamos en el Inti hostel, donde nos dejaban una habitación por 400 pesos sin desayuno ni toallas. Con estas dos cosas eran 200 pesos más. Negociamos todo lo que pudimos. Una vez instalados, fuimos al mirador que hay allí mismo para ver el famoso cerro de los siete colores. Había un chaval en la mini entrada que nos cobró solo 5 pesos por persona. Nos encantó. Lo suyo es ir a primera hora de la mañana para que pillar la mejor luz para las fotos. No os recomendamos ver el atardecer desde allí porque el sol pilla totalmente a contraluz, una auténtica pena.

Tras eso, atravesamos el pueblo y  cruzamos el río (que estaba totalmente seco) para subir al “cerro morado” y ver el paisaje con todas las montañas que hay alrededor. Solo hay que seguir un caminito que está más o menos marcado y flipar con las vistas. Montañas rojas, el cerro de colorines al fondo, miles de cactus gigantes por todas partes y una vista panorámica de Purmamarca espectacular. Habíamos cambiado radicalmente de paisaje y estábamos encantados con el calorcito.

Con la locura de los autobuses, apenas habíamos comido nada, así que en cuanto vimos una tendecita compramos  pan y embutido (muchísimo más barato ya), nos hicimos unos bocatas y nos sentamos en la plaza del pueblo mientras disfrutábamos de la vida local. Puestecitos de artesanía, algunos turistas paseando, niños jugando y perros callejeros buscando algo de comer. Era como estar en verano en un pueblo de España hace 30 años. Está foto tan bonita nos la hizo Iris Rangil, una viajera y bloguera que ganó el concurso de Latam y andaba por esos lares haciendo sus vídeos y escribiendo su blog.

Casi al atardecer, hicimos una pequeña ruta a la que llaman “el camino de los colorados“, que nos gustó más aún que lo que habíamos visto por la mañana. Lo único que no pudimos hacer, fue la excursión a las Salinas Grandes que hay allí cerca, porque si lo chóferes no llenan los coches de gente, no salen, y en esta época había pocos turistas. Los conductores te llevan por 250 pesos por persona siendo cuatro pasajeros. Si no encuentras gente puedes pagar el coche entero. Nosotros no estábamos para tirar cohetes, después de todo lo que habíamos gastado en Argentina.

Humahuaca

Al día siguiente nos subimos en un bus de nuevo y nos fuimos a Humahuaca. Nos saltamos Tilcara, otro pueblo con ruinas para visitar y un montón de ambiente, porque hay muchos hippies de Buenos Aires que lo dejaron todo y se fueron allí, abriendo guest houses y bares; pero si queríamos seguir el plan previsto teníamos que ir pensando en llegar a Bolivia.

En Humahuaca nos alojamos en el hostel Gira Mundo, con buen ambiente hippie, lleno de mochileros de todo el mundo y unos anfitriones majisimos, pero allí tuvimos mala suerte y nos llevamos un regalito del que no fuimos conscientes hasta que no llegamos a Bolivia al día siguiente. Lo desvelaremos entonces.

Siempre que llegamos a un hostel, lo primero que hacemos es preguntar dónde va la gente local a comer para poder ir nosotros. No nos gusta nada ir al típico sitio para guiris donde los precios están inflados, y muchas veces las recomendaciones funcionan. En este caso así fue. Comimos en un lugar llamado “Casa Vicky” que estaba rico y era barato.

Por la tarde fuimos al puente que cruza el río, dónde están los 4×4 que te llevan al gran hit de allí que es la “Serranía del Hornocal“, por 200 pesos cada uno. Aquí también hay que esperar a que se llene el coche, si no quieres pagarlo entero, pero esta vez tuvimos suerte y apareció una pareja.

Era parecido a lo que habíamos visto en Purmamarca pero a lo grande. Allí hicimos una pequeña caminata y al subir, ya empezamos a notar los efectos de la altura. Estábamos a más de 4000 m y nos faltaba el aire. Pero estaba bien ir aclimatandonos poco a poco, al fin de al cabo, después de eso íbamos a pasar un par de semanas en un país que no bajaba de los 3000 m.

Nosotros solo estuvimos una noche, pero si te quedas más tiempo, puedes hacer el trekking de “la quebrada de las señoritas” que también tiene muy buena pinta.
Nos quedamos también sin ir a Salta, donde hay un parque nacional lleno de cactus gigantes que debe ser precioso, y sin conocer Córdoba, donde unos amigos argentinos que conocimos en Malasia han abierto un guest house en Capilla del Monte llamado “Villa Margarita”, que tiene muy buena pinta. Pero no se puede hacer todo y aún teníamos por delante parte de Bolivia y todo Perú.

Hasta aquí nuestro paso por Argentina, el destino más caro de toda la vuelta al mundo y uno de lo que más paisajes naturales alucinantes tiene.

Aquí tienen la web amiga de Rafa. En este caso, Argentina, http://micamara.es/argentina/, sus viajes, con sus fotos y vídeos que ha realizado.

2 thoughts on “Jujuy

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