Hoi An

Tras pasar la noche en el hotel de Mui Ne y disfrutar un ratito de la piscina, teníamos que coger dos autobuses de la misma compañía, Sinh Tourist, para llegar a la que se supone que es la ciudad más bonita de Vietnam, Hoi An. Primero íbamos a hacer un trayecto de cuatro horas hasta Nha Trang, y allí cogeríamos el segundo bus, nocturno, hasta el destino final. ¿Sería Hoi An tan bonita como dicen?

Parada en Nha Trang

Esta ciudad es uno de los destinos turísticos de Vietnam y una de las paradas que aparecen en el itinerario del Open Bus Ticket. A nosotros nos pareció una especie de Benidorm con toques asiáticos, y lleno de rusos. Estuvimos apenas una hora pero vimos lo suficiente para saber que habíamos hecho bien en no contemplarlo dentro de nuestro viaje.

Lo que sí hicimos fue cenar allí, en el sitio más cutre que encontramos y donde más locales había. Aquí se lleva mucho lo de tener un puesto de comida y poner alrededor mesitas y sillas como de guardería. Diminutas. Allí comimos un plato de carne con patatas y pan, porque aquí toman pan igual que nosotros, por 50.000 dongs (2€). Y estaba muy rico, aunque escaso para el hambre que teníamos. No sabemos por qué, pero de repente estamos súper hambrientos, solo pensamos en comer. Durante los últimos días en Japón ya se nos había ido la olla con las pelotas de atún con mayonesa. Pero aquí en Vietnam nos habíamos vuelto auténticos depredadores. Zombies de la comida vietnamita. Como diría una que yo me sé, esto pasaba ya de pescado oscuro.

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Cogimos el segundo bus, nocturno, y a las 8 de la tarde ya te estaban apagando las luces y no te quedaba otra que dormir. Pero a esas horas a nosotros nos resultaba imposible, queríamos leer. Porque ver una serie en la tablet estaba descartado al ser asientos individuales, separados unos de otros. Al final lo solucionamos con la linterna del móvil, pero aconsejamos a los futuros viajeros comprar una pinza de esas con lamparita para enganchar en el libro. Viene muy bien para situaciones como ésta.

Llegada a Hoi An

Finalmente nos quedamos dormimos y a las 5 de la mañana nos estaban despertando porque habíamos llegado antes de lo esperado. Era aún de noche y veíamos a todos los guiris desorientados, con los ojos llenos de legañas, sin saber muy bien cómo reaccionar. Nosotros fuimos hasta nuestro hotel, el Thanh Van, a esperar a que abrieran a las 6. Una vez allí, nos ofrecieron desayunar por 2€ cada uno, y nos pusimos finos a comer. Además nos dejaron entrar antes en la habitación. Muy majos. Esta es una foto de la piscina del interior del hotel, que estaba helada y yo, Irene, fui incapaz de meterme. A Víctor eso no le detiene, se baña en todas.

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Descansamos unas horas y fuimos a conocer la ciudad, a ver si era tan bonita como decía todo el mundo. Hoi An no es que tenga algo imprescindible que ver, lo que mola de allí es pasear por el centro, localizado a orillas del río Thu Bon, y visitar los templos, las tiendas, pasar por los puentes que cruzan el río, perderte en el mercado, y probar la gastronomía local.

Hay algunos templos que son de pago y otros gratis, y no puedes pagar directamente allí, en el que te gustaría ver; tienes que comprar un ticket valido para entrar en los cinco sitios que tú elijas ver en la cuidad, incluyendo los museos. Nosotros no lo compramos y entrábamos en los que nos dejaban, o los veíamos por fuera. Prácticamente todos eran budistas, aunque en Vietnam hay mezcla de un montón de religiones: católica, budista, taoísta, protestante, islamista y caodaista. Esta última es autóctona. Aquí nos encontramos con algo que no habíamos visto hasta ahora. Una figura femenina parecida a la virgen María. Su nombre es Guan Yin y los budistas se refieren a ella “como la que oye los lamentos del mundo”.

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En efecto Hoi An es una ciudad preciosa. Fue declarada patrimonio de la humanidad en 1999. Las casitas son antiguas, algunas siguen en pie desde el siglo XVII, todas del mismo estilo, color, y adornadas con miles de farolillos. La guerra no afectó mucho a esta zona así que se conservan muy bien. El río esta lleno de adornos y las calles están limpias. Incluso los cafés y restaurantes son más monos que en cualquier otro sitio. Se lo han currado mucho para mantener una ciudad que sea atractiva para los turistas.

Y eso es lo que menos nos gustó precisamente, que nos pareció muy poco auténtica. Era como un gran parque temático para turistas. Todo muy bonito sí, pero hecho a medida para que nos gastemos los cuartos allí.

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Decidimos que lo mejor era dejarnos llevar y dedicarnos a beber cerveza y probar todos los platos locales que pudiésemos. La cerveza está muy barata en Hoi An, más que en cualquier otro sitio de Vietnam. Cruzando el río, los restaurantes te captan ofreciéndote vasos de cerveza a 4000 dongs, ¡0,16 €! Así cualquiera se deja captar.

Visitamos varios, nos íbamos tomando un vaso en cada uno y probando platos de la zona. Aquí los típicos son: el cao lau, fideos de arroz con cerdo y hierba, pero sin caldo; los white rose, que son saquitos de masa de harina de arroz con relleno; y el wanton, tortitas fritas de trigo con pollo y vegetales encima. Por supuesto también hay sopa Pho y rollitos.

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Hacia el atardecer, y un poco atontados por la cerveza, fuimos a dar un paseo por el mercado local. Es parecido al de Ho Chi Minh pero más pequeño. Este sitio sí que era más auténtico. Había mucho jaleo, motos, locales comprando y vendiendo, y muchos puestos de comida en la zona techada, fuera e incluso en el suelo. ¡Qué nos gusta un mercado! Nos quedamos un buen rato allí aunque no compramos nada.

Otra de las cosas que más nos llamó la atención fue la cantidad de sastrerías que había, de esas que te hacen un traje para una boda en menos de un día. Yo no pude resistirme y me acabe comprando dos vestidos, que me quedaban grandes, y me arreglaron en menos de dos horas. Estos no son tan baratos, porque te dicen que la tela es buena, y se enfadan si regateas. Me compré dos, no de boda, por 40 €.

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Se hizo de noche y las calles se pusieron más bonitas aún, porque se encendieron todos los farolillos que había colgados en todas partes. En las casas, las tiendas, los puentes y los árboles. Pasamos el resto de la tarde/noche comiendo, como no, y bebiendo cerveza barata. La verdad es que fue todo un planazo, teniendo en cuenta que veníamos de otros países donde beberte una cerveza era prohibitivo por el precio que tenían.

Y esto es lo que tiene Hoi An. Nosotros sólo nos quedamos una noche, pero si te quedas otra más, puedes ir a la playa, que está a 3 km; o visitar las ruinas de My Son. Sí, así se llaman, “my son”. Si al leerlo te has imaginado la enorme cabeza de Jor-el repitiendo esas palabras, eres de los míos.

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Nos despedimos con este tema, que estamos contentos y tenemos ganas de festival.

 

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