Hampi

Para llegar a Hampi compramos dos billetes en clase sleeper en un buen autobús con aire acondicionado que salía desde Goa al anochecer. Nos gastamos bastante más que otras veces en un medio de transporte pero queríamos ir a gusto y dormir durante el viaje. Pagamos 1000 rupias (unos 13 euros) cada uno y nos lo gestionaron todo en el hotel Palolem Inn. Sin embargo, yo, Irene, tenía un mal presentimiento sobre esos billetes. Víctor me decía que no tenían por qué engañarnos de nuevo, que en el sur de la India no son como en el norte, pero la tripa me decía que en el fondo algo no iba bien.

Trayecto en autobús nocturno

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Llegamos a la parada del bus y nos pusimos a hablar con dos chicas, una española y otra alemana, que habían estado haciendo un curso de yoga en Goa y ahora se quedaban una semana de vacaciones. Les pedí que nos enseñaran sus billetes, no sé por qué, y en ese momento lo vi claro. Tenían los mismos asientos que nosotros. Habían vendido un compartimento doble en clase sleeper dos veces. ¡Maldita India! ¿Qué les pasa en este país? ¿Es que no quieren que haya turismo? ¿Por qué tenemos tan mala suerte con los transportes? ¿Acaso no hemos acumulado suficientes puntos de karma?
Te desesperas porque sabes que nadie lo va arreglar y lo peor es que tampoco puedes comprar los billetes de otra manera. Por internet solo funciona si tienes tarjeta de crédito india. Así que enseñamos los billetes al revisor, que nos dejó pasar como si nada, y una vez que estuvimos los cuatro dentro esperamos a que el bus arrancara para intentar solucionarlo.
Vimos que había un par de camas individuales libres pero una estaba ocupada por la mujer y los hijos del conductor, que obviamente no tenían billete. Y no te vas a poner a echar a los pobres niños. Encima había uno llorando y vomitando a la vez, menudo espectáculo. Total, que acabamos los tres españoles en el compartimento doble. Bien apretaditos. Menos mal que la chica, Ana, era majísima y no fue nada incomodo. Hicimos una de las nuestras y le preguntamos un millón de cosas a la pobre, hasta que nos dijo: “creo que voy a vomitar”. Cuando Víctor y yo nos ponemos a preguntar, somos peores que cualquier redactor del diario de Patricia…
Al final le sacamos el lado positivo pero estamos hartos de que siempre nos pasen estas cosas. Más tarde nos enteramos de que Paulo Travels, la compañía con la que fuimos, no es nada de fiar.

Nuestro primer día en Hampi

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A primera hora de la mañana y bajo la lluvia llegamos a Hampi. Se trata de una pequeña localidad a orillas del río Tungabhadra, ubicada en mitad de la provincia india de Karnataka. Fue la capital del reino de Vijayanagar y está rodeada de montañas, palmeras y rocas gigantes de granito. Fue declarada patrimonio de la humanidad por su conjunto de templos, que suman más de 350. La Lonely Planet lo recomienda casi tanto como el Taj Mahal.
En cuanto a alojamientos es un auténtico desastre. Son todos muy cutres y viejos. Encima llegamos en fin de semana largo y estaba hasta arriba de turistas indios. Lo mejor que puedes hacer es quedarte al otro lado del río. En esta zona hay guest houses más baratos y un pelín menos cutres. Pero solo un pelín… Nosotros estuvimos en el Gopi, a 500 rupias por habitación, nada recomendable. De hecho, es el peor en el que hemos estado. Antes de instalarnos vimos seis habitaciones, pero eran todas igual de malas. Hay un barco que te cruza el río por 10 rupias y el horario es de 8 de la mañana a 6 de la tarde.
Cada vez que llegamos a un destino nuevo nos pasa lo mismo. La primera impresión es algo negativa y no nos acaba de convencer. Pero a medida que avanzan las horas nos empieza a gustar más y más. Después de descansar y dar un paseo por la montaña, nos sentimos mucho mejor en Hampi. Sobre todo tras de ver el atardecer desde unas rocas tomando un vasito de chai que vendían los niños. Estamos un poco en modo “cazadores de sunsets”. Engancha casi tanto como el masala milk tea.

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Visita a los templos

El segundo día decidimos pasarlo haciendo una ruta por los templos de Hampi. Al principio pensamos hacerlo en bicicleta pero hacía un calor de muerte y el recinto donde están ubicados todos los templos es enorme, por lo que acabamos contratando un tuk tuk por cuatro horas. El conductor nos pedía 700 rupias por hacernos el tour pero nosotros le apretamos las tuercas hasta que lo sacamos por 400 (6 euros). Tuvimos que hacer varias veces el teatrillo de “pues si no quieres me voy y busco a otro”. Siempre funciona.
Primero fuimos a visitar el templo más famoso y el que está más lejos, el Vittala. Normalmente cuesta entrar en éste 250 rupias (3,3 euros) pero casualmente el 27 de septiembre era el día del turista en Hampi y se podía entrar gratis. ¡Por fin teníamos suerte en algo! ¿Nos lo estaría devolviendo el Karma por lo del autobús?

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La verdad es que nos recordó bastante a los templos de Angkor en Camboya. Lo que tiene de especial esto es el enclave. Las ruinas son muy bonitas pero las palmeras, los arrozales y las rocas que las rodean, le dan un toque muy especial. Es un lugar único.
Son muchos los templos para visitar y te puedes pasar todo el día allí. Hay otro al que también hay que pagar 250 rupias para entrar (menos el día del turista), y el resto son gratis. Da mucha pena ver lo mal conservados que están algunos. Los indios son muy poco respetuosos, lo tocan todo, se suben encima e incluso ponen su nombre en algunos. Por lo demás, esta visita merece mucho la pena, aunque para nosotros cuatro horas a 40 grados fueron más que suficiente.

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La jornada terminó con una fiesta también para celebrar el día del turista. Los locales pintaron mandalas por las calles y el elefante sagrado se paseó por todas ellas al ritmo de los tambores. Víctor no se fue de allí sin probar el “masala dosa”, una especie de burrito relleno de verduras picantes que compramos en un puesto callejero por 60 rupias (menos de 1 euro).
Ese día estábamos ya encantados en Hampi y no nos daba tanta pena haber dejado la playa. A las 6 de la tarde cruzamos al otro lado del río para volver a nuestro guest house.

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Ultimo día en bicicleta

Pasamos nuestro último día en Hampi junto a Ana, la chica española que conocimos en el autobús, que después de haber compartido cama con ella ya era nuestra BFF (Best Friend Forever).
Alquilamos unas bicis, todo en nuestro lado del río, y fuimos a ver el Monkey Temple. Está ubicado en lo alto de una montaña y hay que subir más de 500 escalones. Pero las vistas merecen la pena.

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Después fuimos a refrescarnos a un lago que hay cerca y allí nos quedamos de charla el resto del día. Definitivamente es mucho mejor quedarse a dormir en este lado del río. El paisaje es espectacular. El color tierra de las piedras mezclado con el verde de las palmeras y los arrozales es alucinante. Parece un escenario. Nosotros tuvimos mucha suerte de pillar el final de la época de lluvias y ver estos colores.

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Aunque habíamos empezado con mal pie, al final Hampi nos había dado mucho más de lo que esperábamos. Ahora el reto era llegar a Hospet, la ciudad más cercana, para coger un tren que nos llevaría hasta Chennai desde donde saldría nuestro vuelo a Sri Lanka. Por cierto si algún día vais a Hampi y después tenéis que ir hasta Hospet, olvidaros de los tuk tuks que os piden 200 rupias (2,8 euros) por ir y coged el local bus, que se va estupendamente por 20 rupias (0,27 euros).

 

Pueden ver fotos y vídeos de India, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/india

5 thoughts on “Hampi

    • Irene&Victor Post author

      A nosotros no nos puede pasar lo mismo (todavía) que nos queda mucho mundo por ver. Gracias por leernos!!!

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  1. Pingback: Resumen de India - Madrid ya no nos quiere

  2. Chechu, El Taxidermista

    Al proximo que os time le haceis el baile de:

    Aqui hay un arbol. Aqui hay un rio. Se cae el Arbol….

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    • Irene&Victor Post author

      Jajaja esperemos que no haya próxima vez. Pero hacemos un vídeo y te lo mandamos a ti de regalo

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