Gran Barrera de Coral

Australia

Nuestro paso por Australia fue una auténtica aventura. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Para empezar, llegamos sin los deberes hechos. Australia es un país civilizado y cuadriculado, donde la gente planifica sus vacaciones con meses de adelanto. Nosotros teníamos claro que queríamos recorrer la costa este desde Cairns hasta Melbourne en 23 días, parando en algunos sitios para hacer excursiones. Lo primero era que habíamos destinado poco tiempo a hacerlo, y lo segundo, que todo teníamos que haberlo reservado con tiempo. Veníamos de Asia que allí es todo “aquí te pillo, aquí te mato”, y claro, nos dimos de bruces con la cruda realidad del primer mundo. Yo, Irene, doy comienzo oficialmente al relato de nuestro particular “road trip” por la tierra de los canguros y los koalas. Una amiga me dijo hace poco, que lo mejor de viajar por Australia no es lo que ves, si no el viaje en sí mismo. Vaya si tenía razón!.

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Llegada a Cairns

La salida de Indonesia hacia Australia fue todo un desastre. Llegamos tarde al aeropuerto de Bali por culpa del tráfico, nos cobraron por hacernos la ETA para entrar al país, que es gratis, porque no la habíamos hecho y sin ella no nos podían dar el billete de avión, y encima salimos con mucho retraso. Cuando aterrizamos en Cairns a las 8 de la mañana, nuestro careto era todo un poema. Pensábamos que por las malas pintas nos iban a parar en el control de aduanas y nos la iban a liar, como en el programa de Discovery. Pero no. Nuestra entrada al país fluyó de la manera más tranquila del mundo. El golpe duro vino después, cuando nos cobraron 22 dólares por el autobús que te lleva hasta el centro de Cairns. Que si vienes de Europa, aún tiene un pase y no te sorprendes, pero después de tanto tiempo en Asia, que es todo tan barato, duele más que un puñal en el corazón. Después de esperar más de una hora, al fin llegamos a la primera ciudad que veríamos en Oceanía.

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Nos costaba mucho ir asimilando el precio de la vida en nuestro nuevo destino. En un montón de ciudades asiáticas habíamos disfrutado de un hotelazo con piscina por 20 euros, y aquí un hostel cutre, con habitación compartida y una puntuación horrible en Booking, nos costaba más del doble. Al final acabamos reservando el “Geckos Backpackers”, que estaba un poco retirado del centro, pero teníamos una habitación privada, aunque sin baño, por 45 dólares (34 €). La verdad es que estuvimos muy bien allí, todo limpio, el resto de mochileros no demasiado maleducados, y mucho espacio común, incluyendo una cocina. Porque claro, si queríamos no pasarnos mucho del presupuesto de toda la vuelta al mundo, ya nos podíamos ir olvidando de comer o cenar en restaurantes.

Contratar excursión Gran Barrera de Coral – Campervan

No teníamos mucho tiempo, así que lo primero era contratar un excursión para bucear en la Gran Barrera de Coral para el día siguiente, cosa que ya habíamos intentado por mail y no había plazas; y también conseguir una caravana para el resto del viaje. Los dos días anteriores también habíamos contactado con varias empresas de alquiler de campervan, pero todo estaba ya reservado. No iba a ser tarea fácil. A correr por todo Cairns. Como siempre.

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Esta ciudad nos pareció que no tenía mucho encanto, la verdad. Era algo así como un pueblo del levante español, pero sin playa. A pesar de tener costa, en toda esa zona no te puedes bañar porque te comen los cocodrilos. Y no es coña. Por lo visto hacía unos meses se habían merendado a una señora. Menuda gracia. Tener el mar a dos pasos de tu casa y no poder meterte en el agua porque vas directo a una muerte segura. Menos mal que han construido una piscina pública enorme, a modo de playa artificial, donde la gente va a bañarse. Todo rodeado de parques con mesas de picnic y barbacoas eléctricas. Ya hablaremos más detenidamente de este tema porque es lo más. Nos dio la sensación de que los australianos son ingleses que quieren ser americanos. Vimos también durante nuestro paseo, a un montón de aborígenes, que contrastan muchísimo con la población rubia de piel rosita.

Seguíamos con nuestra misión de contratar la excursión y la caravana. La ciudad de Cairns está llena de agencias de viajes, y esto no es como en Asia que regateas por todo, aquí tienen más o menos los mismos precios en todas. Nosotros entramos en una que nos dio buen rollo y allí contratamos la excursión. Después de barajar todas las opciones que teníamos, decidimos tirar la casa por la ventana y contratar un “vida a bordo” de dos días, con 6 inmersiones, por 555 dólares cada uno. Casi nada. Pero en ese momento pensábamos, ¿cuántas veces más vamos a tener la oportunidad de bucear en la Gran Barrera de Coral? Fue una cagada. Luego os contaré por qué.

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En cuanto al coche, fuimos hasta las oficinas de Wicked Campervan, una empresa famosa por haber restaurado furgonetas antiguas llenándolas de grafitis por fuera y acomodándolas por dentro para poder dormir. Nos habían dicho que los vehículos estaban hechos polvo, y que mejor lo contratáramos con otra empresa, pero era la única que parecía que tenía alguno disponible. Allí, un señor y una señora muy majos nos enseñaron una de las furgos, que efectivamente estaba destrozada y hasta tenía un cartel de que había que parar cuando se calentara demasiado. Y entonces, por el mismo precio, 1400 dólares (1000 €) para 20 días con el máximo seguro, nos ofrecieron un cochecito con una tienda de campaña incorporada en el techo. Que si hubiéramos tenido más días, seguramente nos hubiéramos quedado la furgoneta, porque nos hubiera dado igual ir a 70. Pero teníamos poco tiempo y había que correr. Así que decidimos que el coche nos haría mejor servicio.

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Tour por la Gran Barrera de Coral

Nos levantamos muy tranquilos al día siguiente, con la sensación de tener la vida más apañada para el resto del viaje y con muchas ganas de disfrutar de los dos próximos días buceando en la Gran Barrera de Coral. Los de la empresa CDC divers, nos recogieron en el Geckos, después de llamarles varias veces porque se habían olvidado de nosotros, y nos llevaron hasta el puerto. Allí un barco más pequeño navegaría durante dos horas hasta llevarnos al grande, desde donde haríamos las inmersiones. La tripulación del barco era jovencísima y se veía que tenían como máxima, ser los más simpáticos y más guays de todo Australia. Se respiraba muy buen rollo y según ellos, todo era maravilloso. Cada frase que decían la terminaban con una gran sonrisa y un “beautiful!”, “cool!”, “aswesome!”, que llegó un momento que más que un barco de buceo parecía un show de Leticia Sabater. Me faltó el canto de un duro para, después de un “briefing”, levantarme y gritar: “¡a medio día, alegría! En el barco conocimos a una pareja de españoles, Arturo y Susana, con los que nos estuvimos riendo a tope del “buenrollismo australiano”, porque parece que se desayunan un oso amoroso cada mañana.

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El buen rollo se nos pasó un poco en cuanto hicimos la primera inmersión. Qué decepción madre mía. Casi nada de vida animal y muchísimo coral muerto. El buceo estaba siendo tan malo, que uno de los jóvenes divemaster que iba con nosotros se puso un pepino gigante de mar en la cabeza a modo de cresta para animar el cotarro. ¿Perdona? El punto de buceo se llamaba “East Timor”, pero nosotros enseguida empezamos a llamarlo “es un timor”. Pero lo peor de todo fue que las siguientes tres inmersiones, incluyendo la nocturna, iban a ser en ese mismo lugar. En el puñetero timo. Resulta que cada escuela tiene asignado unos pocos puntos de buceo, y se mueven entre ellos lo menos posible. Por viento, dicen, pero es lo de siempre, cuanto menos gasten, mejor. Arturo, Susana, Víctor y yo estábamos bastante indignados con el tema, pero no podíamos hacer nada. Así que decidimos disfrutar todo lo que pudiésemos. Al menos la comida estaba riquísima y nos pusimos finitos de Córdoba.

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Además de que el punto de buceo fuera un timo, en la excursión solo te entraba divemaster (guía de buceo) en la primera inmersión, y en el resto te las tenías que apañar a tu bola o pagar 15 dólares más. Que, a ver, Víctor y yo podemos bucear perfectamente solos, pero con nuestra orientación bajo el agua igual podíamos volver a salir a la superficie en Papúa Nueva Guinea. Menos mal que Arturo es instructor de buceo, y yendo con él nos sentimos más seguros. La inmersión que más nos gustó ese primer día fue la nocturna, donde al menos vimos a una tortuguita que se preparaba para ir a dormir, calamares diminutos, y nudibranquios rarísimos.

Dormimos genial eso sí, en nuestro camarote con baño privado, y nos levantamos para bucear al amanecer. Ese día cambiamos de lugar, y fuimos al punto “5 ways” que tenía un coral mil veces más bonito, y un montón de cuevas por las que meterse. Algo divertido al menos.

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Estábamos muy decepcionados en la Gran Barrera con el buceo la verdad, no era lo que esperábamos. Pero bueno, al estar los cuatro juntos no nos recreamos en el fracaso y nos lo pasamos bastante bien durante los dos días, compartiendo batallitas de los viajes. Viéndolo después, sin duda, lo que teníamos que haber hecho era contratar solo un día de snorkel, porque no hace falta más, y el otro hacer el tour aéreo, que por lo visto es impresionante. Si vais, no lo dudéis y contratadlo. Nosotros nos arrepentimos de no haberlo hecho. La Gran Barrera mola más desde el aire que bajo el mar.

Barbacoa nocturna

Cuando volvimos de la excursión, fuimos hasta el Woolworth, un supermercado que tiene wifi, a comprar salchichas y hamburguesas para hacer una barbacoa de despedida. Esto es a lo que me refería antes. En Australia hay barbacoas eléctricas y mesas de picnic para uso público por todas partes. Además, la carne es muy barata. Olvídate de comer tomates porque están a precio de oro, pero te puedes poner hasta arriba de carnaza de vaca australiana por muy poco dinero. Esto es muy guay. En el súper, conocimos a otra pareja española y les incorporamos al guateque. Nos lo pasamos genial, disfrutamos de la comida y flipamos con los pájaros. En Australia el tamaño de las aves es directamente proporcional a la extensión del terreno. Todas enormes. Mientras hacíamos la barbacoa, ahí los teníamos alrededor, con sus garras y sus picos gigantes, intentando cazar algo de chicha.

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Y para terminar la noche, después de contarnos mil historias y echarnos unas risas, nos metimos un buen susto con un murciélago; que aquí no son pequeños, ¡aquí tienen el tamaño del mismísimo Bruce Wayne!!

Y con Batman nos despedimos en este post.

2 thoughts on “Gran Barrera de Coral

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