Ella

En Sri Lanka es genial viajar en tren. Es cómodo, el paisaje que ves es alucinante, es súper barato y te evitas todos los pitidos de la carretera. Peeeero, porque siempre hay algún pero, tardas muchísimo en hacer cualquier trayecto. Las vías van por las montañas y dan muchos rodeos. Tardamos en hacer los 80 km. que separan Kandy de Ella, más de seis horas. Menos mal que había dos chinas vestidas de la casa de la pradera haciéndose mil posados para entretenernos. Aún así la experiencia mereció mucho la pena y por menos de 2€ por persona.

Llegada a Ella

Yo, Víctor, no me encontraba 100% a gusto en Sri Lanka. Esperaba encontrar una naturaleza mucho más brutal que no había visto hasta ahora. No había venido aquí a ver templos ni ciudades, razón por la que nos habíamos saltado Anuradhapura y Polonnaruwa (después de India teníamos sobredosis de ruinas). Quería ver algo que me dejara con la boca abierta, y eso lo pude experimentar desde el tren. Empezamos con un paisaje muy tropical, lleno de palmeras y según nos metíamos en las montañas íbamos pasando por bosques templados, con coníferas, campos de té y cascadas. Encima la gente era muy amable y te saludaba al pasar aunque estuvieran trabajando en la recolección de té. En ese momento le dije a Irene, “ahora sí que me está gustando Sri Lanka.

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Llegamos a Ella a eso de las 17:30 de la tarde, ya casi de noche. Normalmente cuando llegas a un sitio tan tarde no te gusta nada, pero Ella es diferente. Es súper turístico, sí, pero tiene mucho rollo y ambiente mochilero. Según llegas lo que más te apetece es tomarte una cerveza en una terraza, que fue lo que hicimos. La de aquí se llama cerveza Lion y esta bastante amarga. ¡Cómo echamos de menos las yonky latas verdes de Mahou!
Habíamos mirado algún que otro alojamiento en booking, pero nos pasó algo que no nos había ocurrido hasta ahora. Nos captó un señor en la calle principal para llevarnos a su hotel. Nos enseñó la habitación por 2000 rupias (12 euros), y nos pareció bien así de primeras. Como nunca nos gusta algo tan rápido, no supimos reaccionar y le dijimos que teníamos que ver más para comparar. Dicho esto, él se fue corriendo escaleras abajo. Salimos nosotros detrás de él en plan, ¿pero qué hemos dicho? ¿Te has enfadado con nosotros? Él se partió de risa y nos dijo que no, que iba a la caza de más turistas en plan zombie hambriento. Después de este absurdo momento decidimos quedarnos. Y acertamos, en booking tenía una puntuación de 7 y valía 29 euros.

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Se trataba del Pasla hotel. Las habitaciones estaban limpias y eran grandes, se notaba que no era un guest house. El restaurante no era tan cuqui como otros del pueblo, que eran de madera y estaban llenos de lucecitas, pero la comida estaba rica aunque cara. En general comer aquí te sale por un ojo de la cara, turistada total. Menos mal que no te cobran por disfrutar de la naturaleza, por lo menos de momento.

Little Adam’s Peak

Por la mañana nos levantamos, no demasiado temprano la verdad, para subir a una de las dos montañas de la zona. Por un lado está Ella Rock, que cuesta llegar y los guías te cobran una pasta; y por otro Little Adam’s peak, con un camino fácil y marcado. Hay otro Adam’s Peak en Sri Lanka, que no es little, y es donde suben todos los viajeros a ver el amanecer. Ya decidiremos si vamos más adelante.

Para llegar a la montañita tienes que seguir la carretera principal y luego desviarte a la derecha por un camino, no tiene pérdida. Tras eso empiezan las escaleras. En este país les encanta ponerle escaleras a las montañas. La subida es moderada y acabamos sudando pero no es un trayecto largo. Además, por el camino vas viendo campos de té, que es lo más típico de la zona. Llegamos a la cima y esto es lo que vimos.

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Aquí olvídate de estar solo porque está lleno de turistas de todo tipo. Mochileros, parejas mayores, chinas con tacones y paraguas… Pero merece la pena subir. Y es gratis. Hay un momento que tienes que bajar por una zona algo más complicada y vas oyendo como se van cayendo los chinos detrás. Cuidado con reírte que el karma te lo devuelve cayéndote tú también de culo. Eso dicen.
Nos pasamos un buen rato en Little Adam’s peak. Hacía sol, a pesar de ser temporada de lluvias y nos sentamos en una piedra que sobresalía a disfrutar del paisaje. En ese momento, un guiri nos dijo que si nos podía hacer una foto de espaldas, que estábamos de postal. Nosotros posamos encantados para la causa, con lo que nos gusta.

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Al final conseguimos quedarnos casi solos, junto con la china del paraguas y su novio, para disfrutar de las vistas mientras planeábamos las próximas etapas del viaje. Por cierto, como muchos nos preguntáis por privado, vamos a responder por aquí.  Sé que viajamos muy rápido y que parece una gincana, pero no estamos nada cansados. De hecho, nos da tiempo a relajarnos, morrearnos y ver series. Yo estoy super enganchado a top chef, vaya personajazos que han metido este año.

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Nine Archs Bridge

Después de comer decidimos recorrer las vías del tren para ir a ver el puente de los nueve arcos, pero lo mejor fue el paseo hasta allí. Este momento sí que fue “Stand by me” a tope. Hasta había sanguijuelas. ¡Qué recuerdos del treking de Nepal! Menos mal que un chino nos había avisado antes enseñándonos todas sus picaduras y habíamos tomado las precauciones pertinentes. No sé qué pasó este día que nos encontrábamos chinos por todas partes. Fue un paseo genial de media horita entre vacas, montañas y niebla.

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Una vez allí, un chaval empezó a hablar con nosotros y a hacernos preguntas sobre nuestra vida. Cuando alguien empieza así ya sabes que te va a pedir algo, pero nos cayó bien y nos dejamos llevar. Resulta que el chaval vive junto a sus cuatro hermanos y su padre en una casita con unas vistas privilegiadas del puente. Lo que hacen es captar gente en las vías y ofrecerles té de jengibre y plátanos a cambio de la voluntad.
A nosotros nos pareció genial esta idea porque en cualquier local de Ella tomarte un té te cuesta unas 300 rupias, que es bastante caro. Los chicos nos decían que no tenían licencia para montar un bar, pero que su madre había muerto y tenían que ganarse la vida. La verdad es que estuvimos allí genial con ellos. Hasta te dan un libro de visitas para que les escribas algo. Si vais, buscad nuestra dedicatoria que no tiene desperdicio. Sólo digo que dibujar no es lo mío…

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Aquí a las 7 de la tarde ya es noche cerrada y todo el mundo está cenando en sus respectivas casas. Madrugan mucho y se acuestan muy temprano. Para que os hagáis una idea, los niños empiezan el cole a las 7:30 de la mañana. Nosotros compramos algo en el supermercado y nos fuimos a la habitación corriendo a ver Top chef. Lo de acostarnos pronto no se nos ha pegado de ellos.
En Ella hemos estado muy cómodos, pero para nosotros dos noches han sido suficiente. Nos ha faltado darnos un bañito en alguna cascada, pero el tiempo no nos acompañó. Así que hasta que no vayamos a la playa no habrá chapuzón. Estamos deseándolo.

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