El Nido parte I

Nos levantamos en Manila entusiasmados con la idea de volver a ver playas paradisíacas. Y así de subidón nos fuimos al aeropuerto donde volaríamos hasta Puerto Princesa, la capital de la isla de Palawan. Habíamos comprado unos billetes low cost con la compañía Cebú Pacific, pero si lo llegamos a saber hubiéramos mirado otras opciones. Ha sido la peor compañía con la que hemos viajado en Asia. Sus puntos fuertes son: un caos de organización, vuelos retrasados y aviones diminutos.

En fin, después de una horita de vuelo aterrizamos en Palawan. Nuestra idea era ir directamente a El Nido. Este pueblecito del norte de la isla, había sido desde el principio la razón principal por la que decidimos ir a Filipinas. Habíamos visto mil fotos de sus playas, habíamos leído todo tipo de opiniones en otros blogs y nuestras expectativas eran muy altas, quizás demasiado altas después de haber estado viajando 5 meses por el sudeste asiático. Pero ya no había marcha atrás,  y en breve sabríamos si realmente merece tanto la pena ir a El Nido como dicen. Llegar hasta allí, es fácil pero pesado. Según sales del avión en Puerto Princesa ya te están ofreciendo plazas en furgonetas para 9 personas. Nosotros negociamos 500 pesos cada uno (algo más de 9 €) por recorrer las 5 o 6 horas que separan ambos destinos. Durante el viaje se hace una sola parada, así que id al baño antes, consejo de señora de libro.

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Justo al anochecer estábamos entrando en El Nido. Pero nuestra primera impresión no fue tan buena como esperábamos,  aquello sólo eran pitidos, motos, triciclos, y mucha, mucha gente por la calle.

Buscando una habitación desesperadamente

Todas las furgonetas que llegan a El Nido, paran en la estación de autobuses, y desde allí hay que coger un triciclo hasta la zona de los guest houses. Para dormir hay dos opciones; la playa de Corong-Corong o El Nido centro. Nosotros elegimos la segunda opción  porque se supone que había más opciones de alojamiento y más ambiente mochilero. Conseguimos que nuestro conductor de triciclo nos llevará por el pueblo a los alojamientos que tenían plazas libres. Pero parecía que nos iba a costar mucho encontrar algo decente a un precio asequible. Era temporada alta, y el pueblecito estaba hasta arriba de mochileros y turistas.

Después de buscar en tres o cuatro sitios, pagamos al conductor los 50 pesos (menos de 1€) y con las mochilas, nos pusimos a recorrer las callejuelas que estaban más apartadas como si fuéramos perritos abandonados. Gracias a los puntos que teníamos de karma acumulado y a algo de suerte, dimos con un alojamiento donde había habitaciones triples con desayuno, baño privado, agua caliente y aire acondicionado a un precio algo caro, pero no desorbitado. Así conocimos a nuestra mami filipina, Joana. Una señora que trabaja como una loca en el BNKY guest house para poder sacar a sus hijos adelante después de divorciarse de su marido.

Como no habíamos comido casi nada en todo el día, salimos pitando hacía el centro del pueblo para buscar comida barata y rica. Encontramos un asador de pollos que tenía un banco de madera para sentarse y allá que fuimos a comer como trogloditas. Estaba muy rico y encima era barato, la cosa empezaba a mejorar.

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Como ya teníamos alojamiento y habíamos comido, empezamos la siguiente búsqueda. Saber que íbamos a hacer durante los próximos días. El Nido está lleno de puestos que ofrecen cuatro tipo de excursiones de un día para visitar playas y lagunas. Los han ordenado con letras y se pueden combinar entre ellos. Los más famosos son los tours A y C, pero también hay B, D y E.

Nuestra idea era pasar el máximo tiempo en aguas cristalinas e islas desiertas mientras navegábamos. Y de nuevo tuvimos suerte y dimos con una pequeña agencia, que ofrecía excursiones de dos días con una noche de alojamiento en una isla remota. Después de informarnos y comparar precios, pagamos los 3000 pesos que constaba la excursión. Por unos 55 € por persona, teníamos incluido todo lo siguiente: dos días de barco para hacer los tours A y C, gafas y tubo para hacer snorkel, tasa por entrar al Santuario Marino, todas las comidas y agua de los dos días, noche de alojamiento con tienda de campaña con saco y almohada en una isla, y lo mejor, por la noche ron con coca-cola para beber alrededor de una hoguera. En principio todo pintaba muy bien, además el señor que nos vendió la moto, nos dijo que seríamos un grupo de unas 12 personas, todo gente joven y con ganas de cachondeo. Nos insistió varías veces en que habría ron, pero nosotros no nos creímos mucho la película. Eso sí, fue tan cutre que nos cobró 100 pesos (1 € y poco) a cada uno por el alquiler de las aletas.

Poco a poco nos íbamos sintiendo más cómodos en este pueblecito, así que para ver el ambiente nocturno nos fuimos a la playa donde había garitos con música en directo y cerveza Red Horse, nuestra favorita de Filipinas. Pero ojo con esta birra,  ya en la etiqueta pone que es ultra fuerte, y ésta no miente. Estos de San Miguel han hecho muy bien en Filipinas al vender cerveza, rica, barata y con consistencia.

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Nos vamos de excursión

A las 9 de la mañana ya estábamos desayunados y listos para dejar nuestras mochilas con Joana y ponernos a navegar durante 48 horas. Al llegar al puerto conocimos a los que serían nuestros compañeros de excursión, muchos franceses, muchos holandeses, la tripulación filipina y nosotros tres españoles. Parece un chiste de los noventa, pero así nos sentimos al principio. Poco a poco fuimos entrando en el barco pero allí los únicos que hablábamos éramos nosotros. Los españoles no paramos de rajar en todo momento y la gente parecía bastante aburrida a primeras. En estas excursiones siempre es cuestión de suerte, así hemos conocido a gente maravillosa pero también te puede tocar el grupo coñazo, como esta vez. El capitán, que como mucho tenía 18 años, nos dijo que hasta nuestra primera parada teníamos una hora de navegación. Así que ya podíamos sacar fotos y disfrutar de las vistas. Por el camino, vimos bancos de atunes, peces voladores y paisajes increíbles.

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La primera parada fue Secret beach, una playa secreta por la que se sólo se puede acceder por una pequeña gruta. El sitio es bastante bonito, pero el agua estaba llena de medusas, de esas que te dan una pequeña descarga eléctrica. Pasar por el agujero en la pared fue muy divertido porque todo el mundo iba gritando al sentir las medusas por todas partes del cuerpo. Allí estuvimos una media hora, hasta que nos fuimos al primer punto de snorkel.

Un lugar con agua cristalina pero fresca. Yo, Víctor, estuve buceando como un loco y no paré hasta que encontré una pequeña tortuga que había por la zona. El coral era precioso y había miles de peces pequeños. Mientras tanto en el barco, los locales, estaban preparando la comida. Cuando estuvo lista, nos avisaron y nos pusimos las botas a comer pescado a la brasa, torreznos, gambas, arroz y frutas.

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Después de comer fuimos a visitar el templo de Mantiloc, una pequeña capilla construida en mitad de la nada y abandonada sin haber sido terminada. El sitio en sí, tenía un rollo misterioso. Parecía un decorado de la serie Perdidos. Estaba rodeado de playas increíbles aunque no pudimos disfrutar mucho de ellas porque todas los barcos paran en este punto y estaban bastante masificadas.

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Y la última parada fue la playa donde se había grabado el programa Supervivientes de algún país europeo. Una maravilla de sitio con peces tropicales, palmeras, arena blanca y piedras calizas. Pero cuando te lo pasas genial, el tiempo va muy rápido y sin darnos cuenta estaba empezando a caer el sol. Le pedimos a capitán que nos llevara a dormir a alguna isla desde donde se pudiera ver el atardecer. Decidió que pasaríamos la noche en Love Island (la isla del amor) y allí nos dejó a todos mientras el barco volvía al pueblo a por las tiendas de campaña y lo necesario para pasar la noche.

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El sitio era espectacular, y lo mejor de todo es que era totalmente virgen. No había nada construido, ni nadie que viviera allí. Se trataba de nuestra propia isla privada. Disfrutamos cada momento en esas aguas azules. Sólo tenía una cosa mala, al atardecer vino una plaga de jejenes (mosquitos diminutos) que nos pusieron finos a picotazos. Justo cuando ya pensábamos que nos habían dejado allí abandonados para siempre, el barco volvió con todas las provisiones. La tripulación se encargó de montar las tiendas, encender una hoguera y preparar la cena. Cuando la noche cayó, uno de los grupos de franceses sacó una botella de ron barato que habían comprado y poco a poco nos fuimos sentando alrededor de ellos para charlar. Parecía que al fin íbamos a interactuar entre nosotros.

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Y así comenzó una de las noches más divertidas que hemos vivido en Filipinas. Sólo podemos adelantar que el señor de la agencia no mentía sobre el ron con coca-cola y que no todos en la excursión eran unos sosos y aburridos. ¡Menuda fiesta acabamos montando esa noche!

Continuará…

Esta entrada se la dedicamos a todas las señoras del mundo, y en especial a nuestras madres y a la señora más graciosa y buena de El Nido. Joana, va por ti.

One thought on “El Nido parte I

  1. Maria

    Hola, vamos a ir a el Nido a finales de año y nos gustaría tener la misma suerte que vosotros de poder pasar una noche en una playa virgen bajo única luz de las estrellas. ¿Recuerdas el nombre de esa pequeña agencia o del operador que lo organizaba? Un saludo y espero disfrutar tanto como vosotros.

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