Copenhague

World tour volumen 2

Comenzaba la segunda etapa de nuestra aventura y queríamos empezar por la parte que nos habíamos dejado de Malasia: la isla de Kapas al norte y Borneo. Para ello, hicimos un barrido por internet investigando las líneas low cost que vuelan a Asia desde Europa y dimos con un vuelo de tan solo 170 euros, desde Copenhague hasta Bangkok. !Bingo! Pasaríamos un par de días conociendo la ciudad danesa antes de volver a Asia. Añadimos un vuelo de 50 euros desde Madrid con Iberia Express y allá que fuimos con nuestras ya conocidas mochilas de 10 kilos cada una. Daba comienzo oficialmente la segunda parte de nuestra vuelta al mundo en el momento que aterrizábamos en el aeropuerto de Copenhague.

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La llegada a Copenhague

Copenhague es una ciudad pequeña, y es ultra fácil y rapidísimo llegar al centro desde el aeropuerto en metro. El billete se puede comprar  en las máquinas de la entrada por 5 euros cada uno, y aunque no hay torniquetes, lo de colarse no era una opción para nosotros. Acabábamos en empezar el viaje y teníamos que acumular puntos de Karma para que las cosas nos salieran igual de bien que el año anterior. Los vagones del metro eran pequeños y sin conductor. Nos faltó tiempo para salir corriendo como niños pequeños y sentarnos en primera fila para disfrutar del paisaje. Al menos las cuatro o cinco paradas que fuimos por la superficie.

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Nuestro alojamiento se encontraba en plena zona turística de Nyhavn, el canal principal de la ciudad, lleno de restaurantes, barcos impresionantes y gente sentada al sol disfrutando de su bebida. Porque en Copenhague señores, ¡se puede beber en la calle!. Pero de eso hablaremos más tarde, lo primero era llegar al hotel. Nos había costado mucho encontrar un sitio relativamente barato, para ser Europa, donde poder pasar dos días sin arruinarnos. Y es que los alojamientos en esta ciudad son completamente prohibitivos para mochileros. Acabamos en el Bedwood Hostel compartiendo habitación con otras 10 personas más, y el baño con otras 20 más por lo menos. Y todo por el módico precio de 75 euros por noche. !Tócate las narices! !Qué viva Asia y sus hostales a 10 euros! El sitio por fuera tenía mucho rollo y la zona común era un bar con bastante ambiente. Pero pensábamos que por ese precio iba a estar mejor, la verdad. Las habitaciones eran barracones y el chico que nos atendió un auténtico sieso. No recomendamos este sitio para nada.

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Christiania – el distrito hippie

Dejamos las mochilas y buscando un supermercado barato donde comprar algo de comida y bebida, nos dimos de bruces con el barrio de Christiania, el famoso distrito que los hippies ocuparon en los 70. Ahora hay menos hippies y un poco más de postureo, lleno de gente rubia, hispter y tatuada, fumando marihuana como si no hubiera un mañana. Es entre un festival de música y el mercado de motores de Madrid, a caballo entre lo perroflauta y lo fashion. La verdad es que las casitas son muy monas, llenas de grafitis, flores y bicicletas por todas partes. Nos contaron que en esa zona está permitido vender y fumar marihuana, es una especie de lugar sin ley, y aunque estaba todo el mundo fumadísimo, se respiraba muy buen ambiente. Tranquilo y respetuoso. Ni un grito, nadie pasado de rosca y todo el mundo feliz. Hombre, algún Jonathan que otro había, pero allí estaban caminando como zombies sin hacer daño a nadie. Christiania además da a un canal lleno de vegetación, parecido a un lago, donde te puedes tumbar tranquilamente a beber, comer y fumar. Todo como muy zen. Te podías encontrar desde una familia con hijos pequeños hasta a gente mayor, pasando por los jóvenes más modernos de su portal. Y guapos, aquí son todos muy guapos.

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Ciudad de los picnics

Cuando salimos de Christiania, en la zona de Christianhavn, fuimos a hacer lo mismo que todo el mundo: comer y beber en la calle. A pesar de que los restaurantes están llenos, al menos en esta época del año, te encuentras a cientos de personas de todas las edades sentadas en los parquecitos o a pie de lago, haciendo picnics de todo tipo. Unos solo están bebiendo cerveza, otros se llevan hasta la cesta de mimbre y el mantel de cuadros, y otros, algo que vimos mucho en estos dos días, están bebiendo vino o champang en vasos de chupito. Entre el sol de agosto, las cervezas, la marihuana, los barcos navegando por los canales, y la calidad de vida que tiene la gente en esta ciudad, nos aventuramos a decir que posiblemente Copenhague sea la ciudad más feliz de Europa. Para más inri, acabamos la noche en un concierto de jazz gratis, donde te podías recostar en unas tumbonas llevando tu propia bebida, sin necesidad de comprarla en el bar que las había dispuesto. Cervezas a 14 coronas (2 €) y ensalada de patata al mismo precio. Y es que si uno lo lleva dentro, ¡se puede mochilear en cualquier parte!

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En busca de la sirenita

Amanecimos al día siguiente descansados y emprendimos el camino hacia el emblemático monumento y símbolo de la ciudad: la sirenita. Por el camino, pasamos por el palacio real (Amalienborg), bastante impresionante, donde todo el mundo estaba esperando para ver el cambio de guardia. Tipo Londres. También pasamos por la iglesia de mármol, el Churchill Park, y el Kastellet, antigua ciudadela y hoy, sede de la agencia de inteligencia danesa.

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Finalmente encontramos a la famosa sirena. Un estatua a tamaño real, colocada encima de unas rocas y situada en un sitio bastante feo de Copenhague. A ver, no es tan guay como Ariel, pero también es una sirena famosa. Allí vimos como hordas de señoras turistas se jugaban la vida para acercarse lo más posible a ella y hacerse la foto pertinente. Vamos, un cuadro. Nosotros nos conformamos con retratarla desde lejos y no pelearnos con la marabunta.

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Perderse por las calles

El día continuó con un paseo por el centro. Y es que la ciudad entera es preciosa. Mires donde mires, las fachadas de las casas son bonitas, hay palacios por todas partes, fuentes, esculturas y parques para tumbarse y hacer picnic. Nosotros elegimos para comer el jardín de la Gliptoteca Ny Carlsberg, al lado del parque de atracciones Tivoli, con wifi gratis y miles de avispas. Algo malo tenía que tener. También nos dimos una vuelta por la famosa tienda Lego, que dicen que es la más grande de Europa, y acabamos haciendo botellón con la chavalada, en los jardines Kongens Have y con el castillo Rosenborg de fondo. Y es que en esta ciudad “beben sin parar”, y donde fueres, haz lo que vieres.

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Ha sido solo un día y medio en la pequeña capital danesa, pero ha merecido la pena. Eso sí, salir del país fue un horror porque el control del aeropuerto era insufrible, y casi no llegamos a tiempo de coger el avión. ¡No pudimos ni comprar agua! Y cuando viajas con Norwegian en clase económica, no te dan ni las gracias. Eso sí, los aviones están genial, cada uno con su tablet individual. Te puedes morir de sed pero puedes ver The Force Awakens a buena calidad. Aunque a nosotros en ese momento nos daba todo igual porque volvíamos a Asia, ¡y aún teníamos 6 meses por delante! Qué bien se está cuando se está bien.

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Y como era de esperar…

6 thoughts on “Copenhague

  1. Soco

    Veleros, bicis, picnics, casas guays y en invierno nieve… Si por algo me flipan Los países nórdicos!!!! (Ah y gente muy guapa Jajajaj)

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