Moalboal

Isla de Cebú

Con mucha pena pero huyendo de la lluvia, dejamos Malapascua para seguir recorriendo la isla de Cebú. Como nuestro amigo Paco sólo tenía dos días más en Filipinas, buscamos un destino que no estuviera lejísimos del aeropuerto y que fuera diferente a lo que ya habíamos visto. Y así encontramos las cascadas de Kawasan y decidimos instalar el campamento base en Moalboal, un pequeño pueblo en la costa sudoeste de la isla de Cebú. Para llegar, tuvimos que coger un bus de seis horas desde Malapascua a Cebú City, después un taxi a la estación sur de autobuses de la ciudad y allí volver a pillar un bus local dirección Moalboal. Al llegar a la estación alucinamos con la cantidad de gente que estaba esperando en la parada. Menos mal que un señor se puso a pelearse con la chavalada y consiguió reservarnos unos asientos, sin tampoco consultárnoslo antes. Al final, por supuesto, nos pidió dinero por ello. Y así nos metimos tres millones de personas, con equipaje incluido, en un pequeño autobús, como si fuéramos sardinas en lata y sin aire acondicionado. Allí olía a humanidad que tiraba para atrás, pero aún así fue divertido. Sólo había un problema. Como siempre, en Filipinas el autobús iba a tardar más de la cuenta en llegar al destino y no teníamos nada reservado para dormir, ni siquiera nada mirado por Internet. La idea era llegar a la playa de Panagsama, donde habíamos leído que había bastantes opciones de alojamiento. Pero a las once de la noche en Filipinas, la mayoría de las familias están en la cama porque madrugan mucho. Así que ya teníamos otra aventura preparada. Os avanzamos que fue una de las búsquedas más difíciles que hemos vivido en más de cinco meses, y que casi lloramos.

wp-1456918345174.jpg
Leer más →

Malapascua

Filipinas es uno de los mejores destinos del mundo para bucear, y nosotros después de mucho leer e informarnos, decidimos ir a la isla de Malapascua para sacarnos el certificado avanzado de buceo. Esta pequeña isla de 1,6 km de largo y 1 km de ancho, está situada al norte de la Isla de Cebú. El nombre se lo pusieron los colonizadores españoles en 1520 después de se quedaran atrapados allí el día de Navidad, debido al mal tiempo. Solamente se puede llegar por barco y en ella, hay hasta ocho aldeas diferentes. Nosotros cogimos un vuelo desde Puerto Princesa hasta Cebú City, y luego un taxi hasta la estación Norte de autobuses. Allí nos montamos en el último bus local, sobre las 6 y media de la tarde, por 160 pesos (3 €) cada uno. Iba tan lleno de gente que por un momento nos vimos durmiendo en la estación, pero donde caben cien personas, caben ciento tres. Eso sí, tardamos más de tres horas en pillar un asiento libre, menos mal que aún nos quedaban otras tres horas de ir sentados. El trayecto se hace muy pesado porque el conductor va parando en todos los pueblecitos por los que pasa. Menos mal que tenían de banda sonora baladas de los noventa, y nos partimos de risa escuchando como el conductor cantaba como si estuviera en un concurso de televisión.

Llegamos a la última parada en el pueblo de Maya, sobre las doce de la noche, sin poder llegar a Malapascua y sin alojamiento. En el bus habíamos conocido a una guiri rubia, la Vero, que se vino con nosotros en busca de un sitio donde dormir. Encontramos el Abba Family Logde, uno de los peores sitios en los que hemos dormido. Prácticamente sin luz ni agua en el baño compartido, y unas habitaciones de peli de terror, pero claro, pagamos 150 pesos cada uno (menos de 3 €). Lo mejor de la noche fue cuando Paco escuchó como la Vero practicaba frases de ligoteo en español con el móvil. No sé dónde se pensaba que estaba, pero lo de: “¿Quieres ir a un sitio más tranquilo?” debe funcionar a escala mundial.

wp-1456144578855.jpg

Leer más →

El Nido parte II

Entre hogueras, ron y estrellas

Tal y como os hemos contado en El Nido parte I, nos encontrábamos 14 personas más la tripulación del barco, en una isla desierta, con tiendas de campaña y una hoguera. Cuando terminamos de cenar, el capitán abrió la veda del ron y apareció con una nevera de plástico, con un toque muy ochentero, llena hasta arriba de botellas de ron y coca-cola. Allí no había ni vasos, ni hielo, ni pajitas. Pero nos dio exactamente igual a todos. Para coger confianza, Paco, propuso un juego musical donde uno decía una palabra y los demás debían adivinar la canción. Todo esto en inglés, obviamente. Aquello fue una guerra de gritos, desafines, risas y muuucho ron. Estuvo graciosísimo y nos sirvió para conocer más al resto de personas. Así descubrimos a una chica holandesa con acento americano que viajaba sola por Asia y jugaba de manera profesional al póker; a un chico parisino, que después de trabajar con la gente más rica de su país, había decidido viajar por el mundo para cambiar el rumbo de su vida; y a otra pareja de franceses muy graciosos. El resto se fueron a dormir pronto, porque eran todos un rollo, pero aquellos cuatro resultaron ser muy guays. Nos lo pasamos genial y aprovechamos para hacer una sesión de fotos nocturas de las estrellas. Y alrededor del fuego pasamos la noche, cantando, bebiendo, y hablando cada uno de su vida.

wp-1456065943269.jpg

Leer más →