Buenos Aires parte I

Abandonamos al fin “Kiwilandia”, en un vuelo fantástico de Air New Zeland que nos llevó directamente hasta Buenos Aires por 400 € por cabeza. Al final resultó que lo mejor del país era su compañía aérea. Encima, Víctor había solicitado días antes por Internet comida india para el avión y le traían todo antes que a nadie. Yo, Irene, tenía que esperar una hora más a que sirvieran el almuerzo al resto de pasajeros mientras veía como él se ponía fino a pollo kurma. Está claro que para comer el primero hay que pedir algún tipo de comida especial, ya sea vegetariana o temática de un país. Despegamos en Auckland a las 6 de la tarde del día 23 de noviembre y el mismo día a las 3 de la tarde ya habíamos aterrizado en Buenos Aires. Es la primera vez en nuestra vida que hemos viajado atrás en el tiempo. Ese día lo íbamos a vivir varias veces. A lo Marty MacFly.


Primer contacto con Buenos Aires

Desde el aeropuerto de Ezeiza, que está en las afueras, hasta el centro de Buenos Aires hay varias opciones: un remis, que es como un taxi, un autobús de línea, o un autocar de la empresa Tienda León, que es más caro que el otro pero más cómodo, seguro y con wifi. Elegimos esta última y pagamos unos 12 € cada uno. Nos dejó en la estación de Retiro, desde donde teníamos que coger otro bus para ir hasta la casa de una amiga en el barrio de Villa Crespo, donde íbamos a pasar la noche. En ese momento aún utilizábamos la expresión “coger el bus”, pero poco a poco tuvimos que ir dejando de usarla porque cuando lo decíamos en alto la gente nos miraba mal. En Argentina “coger” significa “follar”, así que más nos valía ir quitándonos esa palabra de la boca si no queríamos ganarnos la enemistad de todos los argentinos nada más llegar.

Una vez en la estación de Retiro, vivimos un pequeño momento de tensión, porque no dábamos con el bus que nos llevaba hasta nuestro destino. Cuando al fin lo encontramos, el conductor nos dijo que teníamos que comprar la tarjeta “sube” y recargarla, que ya no se podía pagar directamente en el bus. Así que lo tuvimos que dejar pasar. Primero fuimos a sacar dinero, que nos cobraron 96 pesos de comisión; después buscamos un kiosko para comprar la tarjeta, y nos cobraron 25 pesos de más; la recargamos en el metro, que estaba a tomar viento, y más cargando con las mochilas; y con todo el tiempo que perdimos en esta yincana se nos hizo de noche. Encima, por si ya estábamos poco estresados, un policía nos dijo que saliéramos de allí cuanto antes porque por la noche se ponía feo. Entre el cansancio y el miedo que nos metieron en el cuerpo, nos fuimos pitando de esa zona. Menos mal que una hora más tarde estábamos llegando al fin a casa de nuestra amiga.

Julieta y su chico nos recibieron con empanadas y cerveza Argentina. Todo un lujo. Además, después de Nueva Zelanda, estábamos encantados de poder hablar con gente en español. ¡Qué alegría! Ya en el autobús, notamos la diferencia de estar en un país latino a lo que veníamos viviendo meses antes. Preguntamos a una señora por la parada en la que nos teníamos que bajar y acabó opinando todo el colectivo (así se le llama aquí al bus) sobre cuál era la que mejor nos quedaba. Qué gusto daba encontrarse con gente habladora y simpática de nuevo.

El gran encuentro

A la mañana siguiente, nos despedimos de Julieta, Martín y sus dos pequeños. Tomamos (que no cogimos) el metro y un bus para llegar hasta la parada del ferry que nos llevaría hasta el país vecino: Uruguay. Pinchad aquí para saber todo lo que hicimos en Montevideo.

Tres días más tarde, estábamos tomando de nuevo un colectivo para llegar hasta el barrio de Recoleta, donde habíamos alquilado un apartamento por Airbnb con unos súper amigos de Madrid que se unían a nosotros durante 12 días en esta gran aventura. Casi lloramos de la emoción al ver a Nini y Corde.

Lo primero que hicimos, después de darnos mil besos y abrazos, fue ir a tomar cervezas y a comer pizzas y empanadas. No sé que tienen en este país, pero en casi todas partes saben hacer una pizza como dios manda. Encontramos un pequeño restaurante enfrente del parque de las Heras, donde estaba nuestra casa, donde pudimos comer, beber y hablar de lo lindo. A los argentinos, en general, no les gusta mucho la cerveza Quilmes o la Palermo, que son típicas de allí y baratas, pero a nosotros en ese momento nos sabían a gloria.

Entre Recoleta y Palermo

Tras eso, nos fuimos a dar un paseo por nuestro barrio: Recoleta. Era domingo, “feriado” como dicen por aquí, y había mucho ambiente por la calle. Había hasta una convención de zombies. No los zombies a los que siempre nos referimos en el viaje, gente que va en masa en una excursión organizada a apoderarse de los sitios más turísticos para sacar la mejor foto. Eso No, sino chavales disfrazados de zombies de verdad y muy currados. También estuvimos visitando el mercadillo de Recoleta, donde estuvimos con Adriana, una argentina a la que habíamos conocido exactamente un año antes en la excursión de Halong Bay desde Cat ba. Estuvo genial el día que pasamos con Nini y Corde por el que sería nuestro barrio durante los próximos cuatro días.

En realidad la casa también estaba muy cerca del barrio de Palermo alto, donde fuimos a cenar, y donde probamos el primer choripan de Buenos Aires. En ese momento, se convirtió en una obsesión para mí, Irene, que iba buscando choripanes por la cuidad como si me fuera la vida en ello. El de esa noche no fue el mejor que probé ni mucho menos. Además, hasta el mismo dueño del lugar nos dijo que para comer uno bueno teníamos que ir mejor a la Costanera, que eran más baratos. Por no decir directamente que nos estaban timando con la mierda de choripan que nos había puesto… Aunque a nosotros nos daba igual, éramos súper felices.

Acabamos la noche viendo una película de Terminator en la tele doblada con acento sudamericano. A nosotros, esto nos hace mucha gracia porque nos recuerda a las pelis de Disney que veíamos de pequeños; y por mucho que Schwarzenegger dijera “Sayonara Baby”, nosotros solo podíamos escuchar: “no subas a la superficie Ariel”.

A la mañana siguiente, fuimos a hacer la compra al supermercado Día, que se suponía que era el más barato, pero a nosotros nos pareció igualmente caro. Es increíble la inflación de este país y lo cara que es la comida. Mucho más que en España. Al igual que en Uruguay, nos quedamos impactados con los precios y nos preguntábamos como podía vivir la gente así. También intentamos cambiar dinero en un banco para nuestros amigos pero para extranjeros solo lo hacen en casas de cambio especializadas. Lo mejor de todo fue cuando nuestra amiga Nini entró en el banco y gritó desde la puerta: “¿Dónde se coge número?”. La gente mayor le lanzó tantos rayos con los ojos que se le quitaron las ganas de volver a usar ese verbo. Y es difícil porque los españoles usamos el “coger” para todo.

Por cierto, esto es importante. Para los que viajáis sacando dinero de los cajeros como Víctor y yo: en Argentina, en todos los cajeros cobran una comisión de entre 94 y 96 pesos, así que lo mejor es sacar lo máximo posible cada vez. Y este máximo para extranjeros es 2400 pesos. Un auténtico timo. No nos ha pasado en ningún otro país del mundo. Joder con los bancos argentinos… Y encima eso de que Evo no te cobra comisión es una engañifa, porque no te cobra su comisión, pero la de los otros no te la cubre, como hacen otros bancos online europeos.
Y después de este momento de indignación, prosigamos.

Barrio de La Boca

Estábamos deseando conocer el barrio de La Boca, famoso por el estadio de fútbol y sus calles decoradas con miles de colores. La zona más conocida es el llamado ” El caminito” y aunque está lleno de turistas, es imprescindible dar un paseo por allí. Es súper pintoresco, y al ser feriado, que no festivo, tenía mucho ambiente. Además, se podía ir bebiendo cervecita por la calle. Estábamos encantados. Haciendo mil fotos, tomando, que no bebiendo, y disfrutando de la vida. Que más podíamos pedir!.

Nos habían advertido de que si te alejas de la zona turística, el barrio puede ser un poco peligroso. De hecho, hemos conocido gente que le han intentado robar allí, pero nosotros no tuvimos ningún problema. Aunque nos llamó mucho la atención ver a los policías allí equipados con chalecos antibalas. Daba un poco de yuyu. Sí que vimos la realidad de ese lugar cuando fuimos de camino hasta el estadio de El Boca “la bombonera”, con gente más humilde, casas bastante destrozadas, y un ambiente más raruno. Pero nos encantó igualmente. Una vez en el estadio, el que más disfrutó fue nuestro amigo Corde, porque Víctor y yo no conocemos a ningún futbolista ni tenemos ni idea de fútbol. Bastante tenemos con saber quiénes son Messi y Maradona.

Y llegó la hora de comer. Todos los restaurantes eran para guiris, obviamente, con todo el show que conllevaba aquello. Asados a precio desorbitado y locales decorados al puro estilo argentino folclórico. También había parejas bailando tango, o en otros casos, señores tristes cantando los tangos más conocidos y todas las canciones latinas que se les ocurrían. No sé si sería la cerveza, pero todo aquello nos parecía lo más de lo más. Que supongo que será lo mismo que si nos vamos a Sevilla a bailar flamenco, una topicazo, pero en ese momento todo nos hacía mucha gracia y queríamos formar parte de ello.

Elegimos uno de los restaurantes y negociamos con su dueño, Ángel, que tenía pinta de ser un pieza, un precio para cuatro choripanes con patatas y varios litros de cerveza. Mientras nos los comíamos con placer, el extraño cantante nos dedicó unos temas de Enrique Iglesias, que se debía pensar que como éramos españoles, nos tenía que gustar. Eso ocurre en todo el mundo. Si supieran que, en el fondo, los españoles pensamos que el hijo de Julito es un poco toli… pero no le íbamos a quitar la ilusión. Así que le seguimos la corriente y nos entregamos a la causa.

Seguiremos hablando de Buenos Aires en el próximo post. En esta ocasión la canción la eligen Nini y Corde, los amantes de las cantaditas de los 90.

Aquí tienen la web amiga de Rafa. En este caso, Argentina, http://micamara.es/argentina/, sus viajes, con sus fotos y vídeos que ha realizado.

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