Buenos Aires parte II 

​Cuando acabamos de comer en el pintoresco restaurante de La Boca, decidimos ir andando hasta el barrio de San Telmo, el más antiguo de Buenos Aires y famoso por los espectáculos de tango que ofrecen a los turistas. Este barrio tampoco nos dijo mucho. Igual porque se nos parecía demasiado a las calles del centro de Madrid, y no nos llamaba la atención. Muchas tiendas cuquis, callecitas pequeñas con casas antiguas, algún que otro maleante intentando robar a los viandantes, el famoso mercado, y lo mejor de todo, la cafetería Iceland en la Plaza Dorrego con unos helados que sabían a gloria. Los argentinos son únicos para los choripanes y los helados artesanales.


Centro de Buenos Aires

Después de callejear por San Telmo, y mientras tatareábamos una canción horrible de bachata (o reguetón, o cumbia, o merengue, somos incapaces de distinguirlo) que se nos había pegado, aparecimos en la zona de Microcentro. En esta parte de la ciudad es donde están todas las líneas de metro (subte) y las avenidas enormes, plazas, edificios señoriales y gubernamentales.

Entre la Avenida Corrientes y, la más ancha del mundo, la Avenida del 9 de Julio, donde está situado el obelisco, símbolo de la ciudad desde 1936 con sus más de 67 m de altura. Nos sentamos un rato allí y fuimos testigos de dos espectáculos muy peculiares. Primero, cuatro señores vestidos de soldados de época, aparecieron desfilando y tocando un tambor. Se pararon en medio de la plaza y cuando acabaron con la serenata, bajaron la bandera, suponemos, para llevarla a la lavandería. No sabemos cada cuanto lo hacen, pero al ser solo cuatro daban un poco de penita. Que les hubiese costado poner unos cuantos más soldaditos y que les luciera un poco más el coso. Sí, hemos dicho coso, porque para los argentinos todo es un coso. Que van a ver un espectáculo: “estuvo genial el coso”, que necesitas abrir una botella de vino: “acércame el coso”, que vas a la tienda a por una pieza para la lavadora: “vengo a por el cosito del coso”. Y ellos se entienden perfectamente.

El segundo espectáculo fue un poco más bochornoso. Un grupo de teenagers decidieron hacer una especie de flashmob pachanguero para todos los que estaban allí. O estaban ensayando, o necesitaban hacerlo más, porque fue un bochorno. De esos momentos, en los que la vergüenza ajena te invade de tal forma que no sabes dónde mirar. Menos mal que nos duraba un poco el efecto de la Quilmes en nuestro cuerpo y teníamos la risa floja.

Después fuimos hasta la Plaza de Mayo, donde las madres se reunían antiguamente para reclamar a sus hijos desaparecidos durante la dictadura militar. Nos gustó mucho. Estaba llena de grafitis reivindicativos y rodeada de palacetes. Allí también se encuentra la Casa Rosada, que es la sede del gobierno, y la peculiar Catedral Metropolitana.

La tarde acabó en la Avenida Callao, que es algo así como la Gran Vía de Madrid, pero con un sitio llamado “La Americana” donde hacen unas empanadas de llorar. No sabemos cómo la gente no es obesa en Argentina, nosotros no podíamos parar de comer pizza, empanadas y choripanes. Arriba los hidratos!.

Cementerio de Recoleta

Este cementerio es de obligada visita si pasas por Buenos Aires. Es gratis y merece la pena darse una vuelta entre las tumbas y los mausoleos. Allí está enterrada la famosa Eva Perón, aunque su panteón familiar no es ni mucho menos el más bonito. Aunque teniendo en cuenta que ella era la representante del pueblo, tiene sentido que no sea nada ostentoso. Aún así, hemos intentando que nos explicaran varias veces la política argentina, pero ha sido en vano. Es imposible de entender. Entre los peronistas, resulta que hay de derechas y de izquierdas, y los Kirchner, que unos dicen que son los sucesores de los peronistas y otros no, dieron un buen empujón al país, pero al final se lo cargaron más. Esto es más o menos el resumen de lo que nos cuenta la gente, pero no acabamos de entenderlo. Hagan lo que hagan, siempre acaban perdiendo los más desfavorecidos.

Puerto Madero

Desde Recoleta llegamos hasta la zona de Puerto Madero, que es una buena caminata. Parecía que estábamos en un país completamente diferente. Primero pasamos por unos edificios de ladrillo rojo muy londinenses, y de repente estábamos en un puente de Calatrava (Puente de las mujeres), que cruzaba unos inmensos canales llenos de barcos, y a sus pies, rascacielos tipo Miami y Dubai. Nada que ver con lo que habíamos visto hasta ahora en Buenos Aires. Este barrio residencial posee el metro cuadrado más caro de la ciudad y tiene la fama de ser el más seguro, gracias a la prefectura naval argentina (policía naval).

Allí también está la famosa Costanera Sur, un paseo gigante por la ribera de la reserva ecológica del mismo nombre, a orillas del río de la Plata. Hasta 1980 fue un balneario pero hoy en día es lugar para hacer deporte, caminar y ver aves. Y aquí viene lo bueno. Este paseo está lleno de carritos de comida que venden bocadillos de carne de ternera o cerdo, bebidas, y como no, choripanes. Además, estos son los buenos. Estuvimos investigando en Internet y un famoso chef argentino había ido a probarlos todos y había confeccionado una lista con los mejores. El choripan ganador era el de un carrito llamado “Qué Parrillón”, y allá que fuimos a comerlo. Estaba delicioso. Para encontrarlo hay que buscar la estatua de Messi. Toda la Costanera está llena de estatuas de deportistas famosos, para los que sepan del tema, claro. Tuvimos la suerte de que el choripan ganador estuviera al lado de uno que conocíamos. Menos mal.

Y como viene sucediendo a menudo en nuestra vuelta al mundo, allí quedamos con Tom, un chico al que conocimos en una isla de Tailandia, Ko Tao, con el que Víctor se sacó el Open Water en febrero de 2015, y casi dos años después, volvíamos a verle. Estos encuentros molan todo cuando viajas.

La noche terminó de la mejor manera posible: comiendo más choripanes. Bueno, y muchas cosas más. Resulta que Julieta y Martín, los amigos de Villa Crespo, nos invitaron a un asado en la terraza de su casa, muy típico de los argentinos. Comimos carne de ternera, pollo y cerdo, morcilla, chorizo, costillas… Se nos hace la boca agua solo de pensarlo. Bien de cervecita argentina y de postre, flan casero con dulce de leche. Está claro que no se vive del todo Buenos Aires hasta que no te invitan a un asado en una casa como dios manda. En ese momento empezó la adicción de Víctor por el dulce de leche. Y le duraría más de tres países…

Para volver a casa, tomamos (que no cogimos) un Uber. Julieta nos contó que solo funcionan con tarjetas extranjeras, que ellos no pueden, pero para los mochileros como nosotros es una gran opción, porque cuesta casi la mitad de precio que un taxi normal. Y si se comparte entre cuatro sale casi igual que el autobús.

Excursión a Tigre

El último día lo dedicamos a ir de excursión al delta del Río de la Plata, lo que llaman “la Venecia Porteña”. Lo que hicimos fue tomar un bus desde nuestra casa al barrio de Belgrano, y allí pillar un tren hasta Tigre. Os habréis fijado en qué arte tenemos ya para el evitar el verbo “coger”. El trayecto dura una hora y con la tarjeta “sube” sale baratísimo. También se puede ir desde la estación de Retiro.

Una vez en el pueblo de Tigre, lo que todo el mundo hace es ir andando hasta el puerto fluvial y allí puedes comprar un billete de barco para hacer un pequeño crucero por la zona. Hay varias opciones, uno que es solo el paseíto, y otro que te dejan en un pueblito del delta, y cuando te apetezca tomas el barco de vuelta. Eso fue lo que hicimos nosotros y la compañía que elegimos fue “Interisleña”. Íbamos por el río flipando. Acabábamos de salir de una mega urbe y de repente parecía que estábamos en Laos.

Este sitio es muy curioso. Por un lado están todas las casas de fin de semana de los que tienen pasta, y por otro, viviendas tipo chabolas de gente sin recursos. Estuvimos dando un paseo muy agradable por allí, y acabamos tomando cervezas en “El Hornero”, que es un restaurante pero en realidad lo que parece es el típico bar de piscina de la sierra de Madrid. Y como no queríamos pagar los cuatro cubiertos que te exigen, nos dimos solo a la cerveza y al aperitivo, que consistía en patatas fritas bien grasientas. Madre mía la que nos esperaba con Corde y Nini. Llevábamos cuatro días con ellos y ya nos habíamos puesto finos de cerveza y nos habíamos inflado a fritorreo. Qué viva la amistad y las carnes prietas.

Volvimos a casa en tren pasando por el curioso China Town de Belgrano, y no sabemos cómo, nuestra “sube” se quedó en números rojos. Un dato a tener en cuenta: la “sube” te permite viajar hasta con 20 pesos a deber. Así que como nos habían timado al comprarla, esa fue nuestra compensación. Karma.

Delta del Río de la Plata

Os dejamos con una foto aérea del delta del río, que hicimos al salir de Buenos Aires.

Canción

Y con la canción reguetonera que no se nos iba de la cabeza. El siguiente destino es sorpresa, pero os adelantamos que ha sido uno de los paisajes más impactantes de nuestra vida.

Aquí tienen la web amiga de Rafa. En este caso, Argentina, http://micamara.es/argentina/, sus viajes, con sus fotos y vídeos que ha realizado.

3 thoughts on “Buenos Aires parte II 

  1. Pingback: Resumen de Argentina - Madrid Ya No Nos Quiere

  2. danilora

    Hola amigos queridos. Tengo varias cosas que comentar:
    – Vais a volver gordis
    – Tenéis mucho arte para evitar el verbo “coger”, pero debéis saber que tampoco se puede decir “pillar un tren hasta Tigre” ya que en argento, “pillar” es “mear”.
    – Me gustaría meter mano a Tom

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    • Irene&Victor Post author

      Jajajaja, deberías seguir a Tom en instagram, ya verás como te entran más ganas aún de meterle mano…

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