Borneo – Sepilok


Dejamos Kapas con mucha pena porque habíamos pasado unos días geniales allí, pero estábamos muy excitados por llegar a Borneo para bucear en el que se supone que es el mejor punto de Asia: Sipadan. Llevábamos mucho tiempo preparando este buceo. Yo, Víctor, había cuadrado las fechas, lo había reservado con mucha antelación, y había hecho un tetris con todos los demás destinos para ir a Sipadan en el mejor momento. Pero antes, iríamos a ver los orangutanes y los osos solares de Sepilok, también en Borneo. Y como sé que Irene se vuelve loca con los animales, lo hice coincidir con su cumpleaños, para que pasara un gran día rodeada de monitos y osos amorosos. Como soy así de guay, incluso les mandé un email a los del centro de orangutanes para ver si le dejaban darle el biberón a algún bebé como regalo de cumple, pero no me contestó ni perry.

Viaje hasta Borneo

Estábamos en Kuala Terengganu y teníamos que llegar hasta Borneo, lo más cerca posible del centro de recuperación de los orangutanes. Es decir, a la ciudad de Sandakan. También se puede ir desde Kota Kinabalu, pero desde allí eran dos horas de viaje, así que elegimos la otra opción. Compramos dos vuelos con Air Asia, uno desde Kuala Terengganu a Kuala Lumpur, y otro desde allí hasta Sandakan. Una vez más, Air Asia nos lo ponía fácil y barato. Lo único malo fue que entre uno y otro teníamos 8 horas de escala. Pero si hay un aeropuerto perfecto para eso, es el Klia 2 de KL. Tiene Wifi rápido y gratis el tiempo que quieras, restaurantes con comida de todo tipo: india, malaya, tailandesa, abiertos 24 horas, y espacios con sofás donde relajarse. El vuelo a Sandakan duró unas 3 horas,  Irene se cagó de miedo durante la última media hora por una tormenta eléctrica que iluminaba y movía todo el avión, mientras el vecino de asiento roncaba como un cochino jabalí.

Sandakan

Aterrizamos ya de noche, y lo primero que nos sorprendió fue que no era todo verde. Desde el taxi que cogimos por 30 ringgits (a esas horas ya no había bus) que nos llevó al hotel, íbamos viendo urbanizaciones de chalets. Aquello más que una selva, en uno de los lugares más recónditos del planeta, parecía Torremolinos en plena burbuja inmobiliaria.

La isla de Borneo, la tercera mayor del mundo, está dividida en varias regiones: la región de Kalimantan, perteneciente a Indonesia; las regiones de Sabah (cuya capital es Kota Kinabalu) y Sarawak, pertenecientes a Malasia; y el sultanato independiente de Brunéi. En nuestra visita, íbamos a recorrer solo parte del estado de Sabah.

Habíamos reservado un hotel barato por booking en el centro de Sandakan, que por 15 € no estaba mal: el Sandakan Central Hotel. Pero como nos pasa siempre que llegamos de noche a una ciudad, nos pareció un sitio horrible. Calles desoladas, ratas correteando a sus anchas y ni un sitio abierto para cenar. Menos mal que en Asia han abierto un 7-eleven cada cien metros. Así que con dos cubos de noodles instantáneos y más sueño que otra cosa, nos fuimos a dormir esperando ver la ciudad con la luz del día. Seguro que a la mañana siguiente la cosa mejoraba.

Amanecimos bastante tarde y bien descansados. Rápidamente nos fuimos a buscar la estación de autobuses local, ubicada muy cerca de nuestro hotel. Tuvimos que preguntar unas cuantas veces, pero todo el mundo nos respondió con una sonrisa y mucha amabilidad, ¡qué majetes son los malayos!. Alrededor de las estaciones de transporte, siempre se forma un pequeño mercado de puestos callejeros de comida y bebida. Ahí ya estábamos como en casa, volvíamos a sentir todo lo que nos gusta de Asia. A tope de gente comprando y vendiendo todo lo que te puedas imaginar, comida casera hecha por las mismas señoras que luego están en los puestecillos, frutas exóticas y, en general, bullicio y buen rollo. Después de desayunar rambután, té con leche y 3 empanadillas por 1 RM, cogimos el mini bus número 14. Nosotros pillamos el de las 11:30 h., que por 6 RM ( 1,5 €) te lleva hasta Sepilok, donde están los osos y los orangutanes. Normalmente, los turistas se alojan en los resorts de lujo que hay cerca de la entrada del parque, porque en el mercado fuimos la atracción del día, todos nos miraban como si no hubiesen visto a un blanquito en su vida, y mira que yo soy renegrido.

Osos Solares

Como el centro de orangutanes solo abre de 10 a 12 y de 14 a 16 h, aprovechamos entre medias para visitar el centro de conservación de osos solares de Borneo, que está justo en frente y solo cuesta 30 RM (algo más de 6 €). Tiene horario ininterrumpido de 9 a 15h, y fue inaugurado en marzo de 2016.

Los osos solares de Borneo son la especie de oso más pequeña del planeta. Son ágiles, tienen una lengua muy larga y se distinguen por una marca rubia en forma de U que tienen en el pecho. Sus enormes garras les permiten trepar con facilidad por los árboles para buscar frutos o insectos para comer, o simplemente para jugar. Te puedes pasar horas mirándolos porque son adorables.

Básicamente han construido una pasarela elevada, desde donde puedes ver fácilmente a los osos. La verdad es que nosotros tuvimos suerte y vimos un montón, sobre todo a los más pequeños, que estaban en lo alto de los árboles.

Por mis principios, yo no suelo entrar en ningún sitio donde haya animales encerrados, me da muchísima pena verlos en jaulas. Muchas veces discuto con Irene por este tema porque ella quiere pensar que hay zoos donde están bien cuidados pero yo creo que no pueden estar bien si están encerrados. En este lugar los osos están en semilibertad, tienen un espacio grande de selva para ellos, y según nos contaron, han sido rescatados de circos o lugares donde los cazaban. Actualmente el oso solar no es una especie en peligro de extinción, pero es susceptible de llegar a serlo.

Orangutanes

Sudando como pollos salimos de ver a los osos y según íbamos a buscar un sitio con aire acondicionado para comer algo, vivimos el momento más gracioso del día. En medio de la carretera que separa las dos entradas de los centros, vimos un orangután que había aparecido de la selva y se había postrado enfrente de un grupo de 3 jóvenes malayas que lo miraban con cara de terror absoluto. De repente, el simio decidió que quería llevarse el bolso de una de ellas y lo agarró muchísima fuerza. Las amigas de la susodicha, gritaban como locas mientras se escondían detrás de nosotros, que estábamos flipando un poco porque nos había pillado todo el espectáculo de improviso. Nos moríamos de la risa, aunque hemos de reconocer que un orangután enfadado a menos de un metro impone mucho. En unos segundos aquello se convirtió en una pelea en toda regla, la malaya golpeaba con el bolso al orangután y éste agarraba a la chica del brazo.

De repente, una de las trabajadoras del centro, vino corriendo y empezó a gritarle al animal algo así como: ¡Rosa! ¡Tira para casa y deja de robar a los turistas! La situación era de coña. El simio resultó ser una hembra de orangután con el nombre de Rosa, que pronto desistió del intento de robo pero decidió quedarse en la misma zona. Otro de los trabajadores nos dijo que en realidad esa es su casa. Ella no se había escapado de ningún sitio porque es su hábitat natural. Al no estar encerrados, pueden hacer lo que quieran por donde quieran. Somos nosotros, los humanos, los que estamos invadiendo su hogar. No obstante, a Rosa se le pasó el cabreo y decidió regalarnos desde un árbol unos posados, al mismo nivel que los de la mismísima Obregón.


Después de este momento surrealista, nos comimos un plato muy barato y rico en la cafetería y entramos por fin al santuario. Como habíamos disfrutado mucho viendo a Rosa, no íbamos tampoco con la necesidad de ver más. Si estaban, bien, y sino daríamos un paseo por la selva y listo. Era bastante frondosa y pensábamos que iba a ser muy difícil verlos con claridad. Pero no, resulta que a los simios les encanta ir paseando por el caminito de madera que han dispuesto para que los humanos recorran la selva, y se pasean por él como uno más. Al fin y al cabo, estos animales comparten el 94,5% del ADN con nosotros, y no tienen porqué ser menos. Eso sí, cuando pasan a medio metro de ti, te cagas un poco de miedo. Piensas: “este me mete un manotazo que me deja monguel”, así que en un momento que nos cruzamos con uno bastante grandecito, hicimos la técnica del empanado: hacer como que no le habíamos visto y nunca mirarle directamente a los ojos. Fueron unos segundos bastante tensos, pero el animal pasó completamente de nosotros. Obviamente le importamos un pimiento. A las 15h, les dan algo de comer sobre una plataforma habilitada para ello. Según cuentan en el centro, les dan solo un poco de comida para que los simios no se acostumbren y vayan a buscarse la vida por la selva. Allí estaban todos los turistas en silencio, sacando miles de fotos, esa parte nos pareció un poco lo peor, ¡con lo genial que es verles columpiándose entre las ramas de los árboles!

De cumpleaños

A las 4 de la tarde, cogimos el último bus de vuelta a la ciudad. Había sido un día muy divertido y para terminar, fuimos a comer a un restaurante local, el Buhari Curry House, con unos rotis de llorar de buenos. Los restaurantes malayos son muy curiosos, porque te ponen comida india, pero te sirve una malaya con chándal y su velo musulmán de colorines. El punto final lo puso el pastel de cumpleaños de chocolate, con un par de velas que compramos en una pastelería. En Malasia les encantan las tartas, hay una bakery cada 100 metros. Y como no encontramos el número 3, y lo de partir un 8 en dos fue un fracaso, Irene decidió comprar el 2, y cumplir 10 años menos.

3 thoughts on “Borneo – Sepilok

  1. Pingback: Resumen de Malasia parte II - Madrid Ya No Nos Quiere

Deja un comentario