Bangkok parte III

La llegada a Bangkok no fue como esperábamos. El bus de vuelta se nos hizo muy pesado y tardó más de la cuenta y el resultado fue que aparecimos a las 2 de la mañana en el centro de la ciudad sin tener muy claro donde estaba situado el alojamiento que habíamos reservado por booking hacía 2 días. Cargados con las mochilas y con un sueño considerable pudimos encontrar el dichoso hostal. Para nuestra sorpresa el chico de la recepción nos dice que ha habido un problema y que no tenemos habitación, que vayamos al hostal de al lado a ver si queda hueco. Así empezó una lucha dialéctica entre nosotros, los de recepción de ambos hostales y el teleoperador de ayuda de booking. El resultado final acabó a las tres de la mañana con nosotros en una habitación cutre del otro hostal al mismo precio que habíamos acordado para la primera reserva, una bonita factura de teléfono gracias a booking y un enfado considerable por nuestra parte…

Tras  escasas horas de sueño nos fuimos de ese tugurio para hacer un pequeño crucero por el río Chao Phraya y los templos que hay alrededor de este. Pero antes desayunamos por última vez cerca de Kao San observando como el barrio iba despertando y tomando forma.

Por el río circulan varias líneas de barcos-buses y con un plano es muy sencillo ir a cualquier zona que tenga parada. Nosotros fuimos a ver el templo del amanecer, uno de los más conocidos de la ciudad pero por desgracia se encontraba en fase de restauración y los andamios no nos dejaron disfrutar de él.

 

 

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Para la penúltima noche reservamos un hotel de gama media-alta en el financiero barrio de Silom con una estupenda piscina en la azotea que era lo mejor del hotel junto con el desayuno. Lo que nos gusta estar a remojo…  y si tienes este decorado de fondo mejor que mejor.

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Ya después de pegarnos un chapuzón fuimos a pasear por la ciudad y llegamos andando al centro comercial Mbk. Todo el mundo hace una parada obligatoria para comprar aquí pero sinceramente a nosotros nos pareció una pérdida de tiempo. En el centro comercial encuentras lo mismo que se vende en los millones de puestos de la ciudad, es decir, comida, imitaciones, ropa, oro y una sola planta para temas tecnológicos. Salimos pitando de allí para volver a disfrutar de la noche de Bangkok. De nuevo comida callejera, música en directo y regateo con los conductores de tuk tuks.

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Este es el ambiente que se respira cada noche en la ciudad, da igual el día de la semana que sea. Nosotros nos decidimos para cenar por un pad thai con huevo en un puesto callejero  que no estaba a la altura de los que nos habían enseñado a cocinar en el curso de Chiang Mai… Ahora tenemos con qué comparar. Eso si, el precio no llegaba ni a 80 céntimos de euro.

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Para nuestra última noche hicimos lo mismo que el año anterior, reservar un hotelazo donde disfrutar de la piscina y sus instalaciones ya que al día siguiente el vuelo salía a media noche. Pero este año la elección fue aún mejor, recomendamos con toda tranquilidad el hotel Mode Sathorn.

Nuestra habitación en la planta 31 era una mezcla entre una nave espacial y un loft de diseño de NYC. Nos quedamos tan impresionados con la habitación que no podíamos parar de tocar todos los botones que había. Pero lo mejor de nuevo fue la piscina, camas con burbujas, vistas increíbles y hamacas dentro del agua… Sólo hay que ver la cara de Irene en la foto.

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En cuanto empezó a bajar un poco el calor nos pusimos de nuevo a recorrer la ciudad. Para esta noche habíamos dejado uno de los barrios en el que nunca antes habíamos estado, Sukhumvit. Esta zona digamos que es la parte más moderna y pija de Bangkok y está bastante alejada del centro. Pero para ver el atardecer decidimos seguir las indicaciones que nos habían dado las amigas con las que vinimos el año pasado a Tailandia y subir a ver la puesta de sol en la torre más alta de la ciudad, Baiyoke II. Llegamos con el tiempo justo, pero después de coger dos ascensores interminables llegamos al último piso a tiempo de ver como el sol se iba escondiendo a la vez que los neones de la ciudad despertaban. Además puedes tomarte un cóctel en la barra que hay en la penúltima planta mientras miras a través de las ventanas de vidrio que envuelven el bar.

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Para cenar nos habían recomendado un sitio bastante diferente a lo que estábamos acostumbrados, el restaurante se llama algo así como “Cabañas y condones”. La decoración está toda hecha con condones de colores y te puedes encontrar desde un ciervo a un Papá Noel. Además de la decoración podemos decir que la comida estaba muy rica y no era demasiado cara. Eso sí, al terminar no puedes dejar de mirar todas las cosas que se pueden hacer con condones, todo un mundo.

Y ya para rematar la noche nos dijeron que teníamos que conocer un garito que estaba relativamente cerca del hotel ambientado en el Shangai de los años 30. Encontrarlo no fue nada fácil ya que es un sitio medio clandestino. Se entra desde el restaurante que se ve en la foto, pero al abrir la cortina todo cambia… Esa noche había fiesta de ambiente con drags y actuaciones en directo que nos dejaron con la boca abierta.

 

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Con mucha pena llegamos al último día de viaje. Tras un desayuno de lujo que pudimos probar en el hotel nos pusimos cómodos  para pasar todo el día fuera. La idea era llegar lo más cansados posible al aeropuerto para intentar dormir toda la noche del tirón y llegar a Madrid con menos jet lag.

Planificamos en día para conocer en primer lugar el Central Park de Bangkok, Lumpini Park. Se trata de un parque gigante con lagos en mitad de la ciudad y rodeado de rascacielos. A diferencia con lo que te puedes encontrar en Nueva York, aquí todo está lleno de palmeras y lagartos. Por lo visto es bastante común cruzarse por el parque con lagartos gigantes que viven tan tranquilos y que se alimentan de peces y aves de los lagos. El primero que vimos nos asustó un poco, pero después de ver varios te das cuenta que son inofensivos y muy graciosos. Además pudimos comprobar que las personas aquí también dan de comer a los animales en los parques. A diferencia de España que le damos pan a los patos, aquí alimentan a los peces gatos y lagartos con restos de comida asiática.

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Después del parque seguimos caminando y caminando por la ciudad hasta llegar a Chinatown. Estando allí nos enteramos que quedaba una semana para la celebración del nuevo año chino y todo el barrio se estaba preparando con farolillos rojos y dorados para el acontecimiento. Como hacía tanto calor y había tanto agobio de gente, decidimos parar a comer en un hotel antes de meternos por las callejuelas. Es dificil de explicar la extensión del barrio chino en Bangkok, nosotros caminamos más de 2 horas y no recorrimos ni un tercio (según Google). Aquí se vende todo lo que te puedas imaginar, algas, muñecos, lentillas, frutas, pescado, decoración….

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Cuando empezamos a sentir que ya no podíamos con nuestras vidas, decidimos volver al hotel para poder darnos un chapuzón en la piscina antes de ir al aeropuerto. Que bien sienta una ducha fresquita antes de un vuelo de 13 horas y eso que ya habíamos dejado la habitación… pero es lo bueno de coger un hotel de lujo el último día.

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 Con estás líneas cerramos la crónica de nuestra experiencia asiática hasta la fecha. El siguiente post será el comienzo de una nueva etapa para nosotros. Vivir viajando o viajar viviendo durante 1 año de nuestras vidas.

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