Bangkok parte II

Esta segunda vez llegamos a Bangkok a altas horas de la noche después de un vuelo low cost desde Camboya. Para dormir elegimos un hotel barato y cerca del aeropuerto que nos sirvió para descasar y darnos una ducha muy agradable.

A la mañana siguiente nos pusimos la mochila al hombro y fuimos a ver el Palacio Real: una explosión de dorados, brillos y turistas de todo el mundo. La entrada es bastante cara para los precios del país y además hay que entrar con pantalón largo y descalzo. Nosotros además teníamos que sumar nuestra mochila a cuestas porque fuimos incapaces de encontrar la consigna que nos dijeron que había a la entrada. En una hora estábamos saturados de tanto bullicio y ostentosidad por lo que nos fuimos a disfrutar del hotelazo que habíamos dejado para nuestra última noche tailandesa.

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Esta es la piscina infinita que había en la planta 14 del hotel Westin, todo un espectáculo donde pasamos todo el tiempo que pudimos en estos dos últimos días. El hotel estaba situado en la zona financiera de Bangkok (Silom). Una zona llena de rascacielos, grúas y ejecutivos con traje a pesar el calor.

De fondo se puede observar el Skytrain, una línea de metro por el exterior que recorre la zona más nueva de Bangkok. El hotel tenía una entrada propia al Skytrain por lo que movernos por los alrededores fue realmente fácil. Nosotros recomendamos ahorrar un poco en el viaje y gastarse algo más en un hotel  del área de Silom la última noche. Merece la pena.

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A la hora de la comida no pudimos resistirnos a probar los ricos puestos de comida callejera que había en los bajos del hotel. Yo, Víctor, me decidí por bolas de calamar (lo más extraño que había), e Irene sucumbió ante el rico y aceitoso pollo frito. Con la tripa llena volvimos a la piscina para una leve siesta y prepararnos para nuestra última noche en la ciudad.

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Cogimos el skytrain que para nuestra sorpresa era mucho más moderno que el metro de Madrid.  La gente aquí parecía que había salido del barrio más moderno de Tokio. Cada uno con su iphone, sus cascos y vestidos de una forma muy occidental, nada que ver con lo conocido en la zona más tradicional de Bangkok.
Quedamos con nuestras amigas para disfrutar de una rica cena y música en directo en unos de los cientos de bares que hay en Kao San Road. Para volver al hotel de nuevo tuvimos que regatear con un conductor que no se quería bajar de su precio de salida, pero el que la sigue la consigue. Recordad siempre que los conductores os van a pedir el doble o más de lo que vale cualquier trayecto y si eres paciente puedes conseguir un mejor precio.

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El último día de vacaciones decidimos hacer una excursión a la cercana ciudad de Ayuttaya, la antigua capital del reino Siam. Para llegar seguimos las instrucciones que daban todos los blogs de viajes: ir a Victory Monument y coger una de las furgonetas que en una hora y media te dejaban en las afueras de la ciudad por unos 60 bahts.
Con las indicaciones de unos turistas llegamos caminando al centro de la ciudad donde pensábamos alquilar unas bicis para recorrer el Parque histórico de Ayutthaya, pero el calor sofocante nos hizo cambiar de opinión por lo que negociamos un tuk  tuk con conductor para una hora y media que nos llevaría a los templos más turísticos del recinto histórico.
La visita mereció mucho la pena y podemos decir que el buen estado de los templos y el entorno hacen de esta excursión una parada imprescindible en cualquier viaje a Tailandia.

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En total paramos en cuatro o cinco templos, cada cual más bonito que el anterior. La joya de la corona es una cara de Buda que hay  incrustada entre raíces de arboles, y que según los locales nadie sabe como ha llegado a estar allí. Nuestro conductor fue muy majo y no pudimos irnos sin hacernos una selfie con él, aunque no tenía muy claro donde debía mirar…

Con tiempo de sobra llegamos de nuevo a Bangkok para darnos una ducha y recoger las mochilas ya que nuestro vuelo a Madrid salía esa misma noche. Lo bueno de tener un hotel de lujo la última noche es que aunque ya hayas tenido que dejar la habitación, te puedes dar una última ducha en el baño de la piscina del hotel.

Tras 14 maravillosos días en Tailandia las vacaciones llegaban a su fin, pero esto era sólo un hasta luego. Volveríamos a Tailandia antes de lo que pensábamos, y si los planes siguen su curso, esta segunda visita no será la última.
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Con este viaje se iniciaba una nueva etapa en nuestras vidas, una etapa que terminará con nuestra vuelta al mundo en 2015-2016 . Un sueño que parece que al final vamos a cumplir.

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