Bangkok parte I

Aunque ya llevábamos más de una semana en Tailandia, aún no habíamos conocido la capital de este país, la ciudad de Bangkok. Para nosotros esta ciudad es muy especial ya que guardamos muy buenos recuerdos de todas las veces que hemos estado. En este caso solamente estaríamos un día y por eso decidimos alojarnos en la zona mochilera por excelencia, Kao San Road. Digo que solo íbamos a estar un día porque de ahí cogimos un avión a Camboya para pasar un par de días en Siem Reap. Volveríamos a Bangkok después de visitar los templos de Angkor y pasaríamos allí un día más.

La zona antigua de Bangkok, donde se encuentra Kao San es una mezcla entre tradición y capitalismo. Hay templos, puestos de comida y bebida a partes iguales, todo mezclado con un tráfico horrible gracias a las miles de motos y tuk tuks que recorren sus calles.

Tras un breve paseo por la zona, una mujer consiguió engatusarnos para subirnos en un tuk tuk y recorrer algunos templos a cambio de ir a una tienda de telas para que el conductor pudiera ganar unos cupones de gasolina y nosotros pudiéramos comprar un encargo que nos habían hecho desde Madrid.

Esto lo van a intentar con todos los turistas y puedes librarte de ello, pero si tienes que ir a comprar tela por alguna razón o quieres hacerte un traje en un día, le haces un favor a los conductores que se ganan los cupones. La experiencia fue bastante satisfactoria y por 40 bahts recorrimos parte de la ciudad, pequeños templos y nos echamos una risas negociando con los señores de la tienda de trajes.

Los lunes cierran el palacio real y los grandes templos por lo que si quieres hacer algo de turismo, es una buena opción contratar estos servicios tan baratos.

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Tras un duro regateo conseguimos la tela que nos habían encargado y decidimos disfrutar de la piscina que tenía nuestro hotel. Se trataba de un oasis en mitad del caos de la ciudad. Una piscina en la azotea con hamacas, bordes infinitos y de fondo el bullicio de esta increíble ciudad.

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El hotel Chillax, donde nos alojamos, creemos que es uno de los mejores hoteles de esta zona. La relación calidad precio y el trato del personal fueron muy buenos. La decoración de las habitaciones es bastante curiosa. Era una mezcla entre las mil y un noches y Aladín, eso sí, con un jacuzzi privado en mitad de la habitación y un baño completamente de cristal que dejaba poca intimidad… toda una experiencia.

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 Con las pilas recargadas gracias a la piscina y la original habitación, nos propusimos recorrer la noche de esta ciudad que nunca duerme. Esta vez la realidad superó a la ficción. Fue una noche de locura y risas a partes iguales. Lo podemos definir como un cóctel de comida, cervezas, escorpiones, nuevos amigos y un estudio de tatuajes donde terminamos nuestra noche…

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Tras dormir unas pocas horas y con una resaca considerable, nos levantamos a las 6 de la mañana para coger un transfer al aeropuerto que el día anterior habíamos contratado en una pequeña agencia de viajes. Para encontrar una de estas agencias no hay ningún problema. Tailandia en general es un país que está muy preparado para los turistas y es facilísimo contratar cualquier cosa en cualquier punto del país.

Salimos muy temprano porque por aquella época la ciudad estaba plagada de revueltas y protestas de los ciudadanos por temas políticos. En la agencia temían que cortaran algunas calles y nos citaron con mucha antelación. Al final llegamos con tiempo de sobra al aeropuerto donde pudimos desayunar y comprar crema cicatrizante para tatuajes…

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