Bali parte I

Nos quedaban seis días en Indonesia y decidimos pasarlos en Bali. Al principio teníamos nuestras dudas porque mucha gente nos había dicho que era demasiado turístico, pero nuestras amigas de Gili Air nos aconsejaron que alquiláramos un coche y recorriéramos la isla a nuestro rollo, huyendo de las zonas más concurridas. Nos pasaron el contacto de una empresa local (móvil +6287860131999) y conseguimos alquilar por 12 € al día un “Jimmy”, un pequeño 4X4 que estaba viejo y hecho polvo, pero que nos haría un buen apaño. Vaya si lo hizo…

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Sanur

Aterrizamos a las 5 de la tarde en Bali y reservamos un hotel en la zona de Sanur, desde donde empezaría nuestro road trip por la isla. Para llegar hasta allí teníamos que coger un taxi, pero con la aplicación Grab (primahermana de Uber) sale mucho más barato el trayecto. El problema es que no dejan pasar a los coches de Grab al aeropuerto, por lo que encontrar al conductor fue toda una odisea. Estuvimos más de media hora cargados con las mochilas hasta que dimos con nuestro hombre. Esos momentos son los que más te desesperan cuando estás de viaje. Menos mal que yo, Victor, no discuto ni aunque esté al borde del desmayo por cansancio extremo.

Finalmente llegamos a Sanur y en ese momento nos pareció estar en Magaluf, rodeados de guiris que parecían sacados de un parque de caravanas de Estados Unidos, de miles de tiendas de souvenirs y de restaurantes a los que jamás entraríamos a cenar. Pero por lo menos había un par de cosas buenas. Lo primero, el hotel, Little Pond, con una habitación decente y piscina por 175.000 rupias (11 € y algo). Y lo segundo, el mercado nocturno. No hay nada que nos guste más que la comida callejera en Asia. Nos pusimos finos a pollo frito, una especie de tortilla-quiché que hacían al instante, brochetas de pollo a la barbacoa, un pan del tamaño de un brazo de gitano untado en Nutella y “onde onde”, un postre malayo hecho de pasta de arroz y relleno de azúcar de palma y coco rallado, al que soy completamente adicto. Es difícil de encontrar, así que cuando llego a un mercado local, lo primero que hago es buscarlo y comerme todos los que pueda por si pillo una época de hambruna.

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Sidemen

Habíamos quedado con el del coche a las 11 de la mañana para que nos lo trajera al hotel, pero cuando las cosas son baratas, también son informales, y para empezar, llegó una hora tarde. Cuando por fin apareció, nos pusimos a revisar el coche y nos dimos cuenta de que no tenía cinturones de seguridad. ¿Perdona? El cari de la compañía nos decía que daba igual, que si veíamos a la policía que hiciéramos como que lo llevábamos puesto, que no había peligro por Bali. Todo el mundo que haya viajado al sudeste asiático sabe como funciona el tráfico, como para ir sin cinturón… Obviamente le mandamos a Parla y le dijimos que queríamos otro coche. Así que nos tocó esperar otras 2 horas más. Aprovechamos para ver Sanur de día y su playa, rollo levante con tumbonas y sombrillas. Cuando al fin apareció un “Jimmy” con cinturones pusimos rumbo hacia el noreste de Bali.

Nuestro destino final ese día era Amed, pero nos desviamos un poco del camino para pasar por Sidemen, y ver el paisaje de campos de arroz, montañas y pueblecitos perdidos que había por el camino. Ese era el Bali con encanto que queríamos ver y no el de los guiris borrachos. Pasamos también por una aldea en mitad de la nada y cero turística, donde los locales estaban preparando una ceremonia en un templo. Nos enseñaron el columpio gigante que habían construido para los niños, nos mostraron sus trajes tradicionales y se hicieron fotos con nosotros. ¡Qué gente más simpática!

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Amed

Al final del día llegamos a Amed, un pueblecito famoso por el buceo y por tener playas de arena negra volcánica. Nuestra intención allí era hacer snorkel por la zona y sobre todo, ver el famoso pecio “Liberty”. Este carguero de la armada americana fue disparado en la Segunda Guerra Mundial por un torpedo japonés. Sin hundirse consiguió llegar hasta la playa de Tulamben, pero tras la erupción del volcán Agung en 1963, fue desplazado unos veinte metros hacia el interior del mar donde actualmente reposa. Pero antes de verlo, teníamos que buscar alojamiento, una tarea difícil debido a la cantidad de oferta que encontramos en Booking y Agoda. Elegimos el “Acarya” y fuimos hasta allí a negociar el precio. Conseguimos con mucho esfuerzo y paciencia, una habitación enorme por 200.000 rupias (14 €) y vimos el atardecer desde la piscina infinita con vistas al mar. Nos estaba gustando Bali cada vez más.

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Al día siguiente, preguntamos en el hotel por la mejor zona donde hacer snorkel y nos dijeron que teníamos que ir a ver un barco hundido japonés de la segunda guerra mundial, que aunque era más pequeño que el Liberty, estaba menos profundo y se podía ver mejor haciendo snorkel. Como lo conocía menos gente, nos pareció una idea genial. Y así fue. Era la primera vez que veníamos un pecio en nuestra vida. Y lo mejor, gratis, a dos metros de la orilla, y con una visibilidad asombrosa.

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También fuimos a ver el Liberty y a la zona de Jemeluk corals, pero ninguno de los dos sitios fueron tan guays como el barco hundido japonés. Además había más gente que peces. Nos llamó la atención la cantidad de abuelos que estaba allí aprendiendo a bucear.

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Volcán Batur

A la mañana siguiente, cogimos de nuevo el coche y pusimos rumbo a Ubud. Como no queríamos ir por el mismo camino por el que habíamos venido, decidimos subir por el volcán Batur, comer por allí, y volver a bajar la montaña hasta llegar al hotel que teníamos reservado para las dos noches siguientes. El GPS nos decía todo el rato que por ese camino no se podía ir, pero yo me puse burro en ir por ahí igualmente. Y mira, si la señorita robot del maps.me tenía razón. Qué miedo pasamos. Fueron 17 kilómetros por una carretera súper estrecha de dos sentidos con boquetes y muy empinada, tanto, que el pobre “Jimmy” casi no podía ni subirla en primera. Hubo momentos tensos con sudores inguinales incluidos, en los que pensamos que nos teníamos que dar la vuelta, y otros, en los que no sabíamos ni qué hacer para que el coche subiera, porque se calaba y no funcionaba el freno de mano. Fue una aventura de las que no se olvidan. Finalmente llegamos sanos y salvos para ver el interior del volcán Batur con su lago enorme y sus campos de color verde intenso.

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Tras una buena paliza de coche y con el culo carpeta, llegamos al Tini Villas en Ubud, el hotel más maravilloso en el que hemos estado en nuestra vida, y tan solo por 27 €  dormir y desayuno. Pero nuestra llegada hasta este paraíso en medio de los arrozales, fue todo lo contrario a triunfal. La lié pardisima en la entrada. Pero eso lo contaremos en el siguiente post. Os dejamos con esta foto de la maravillosa piscina del hotel en la que estuvimos prácticamente solos los dos días.

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3 thoughts on “Bali parte I

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