Arashiyama y Hakone

Nos levantamos muy tarde el domingo con nuestra primera resaca en Japón, tras la noche que nos habíamos pegado en el karaoke. La verdad es que estábamos hechos polvo. Los cinco. Llevábamos una semana a un ritmo frenético y después de dejarnos la garganta y la vida la noche anterior, ya empezaban a fallarnos las fuerzas. Pero aún así, el equipo Tomoko, como nos habíamos auto apodado, se armaba de energía para ir a visitar el famoso bosque de bambú, en Arashiyama.

wpid-wp-1446658206322.jpg

Arashiyama

Para llegar hasta este barrio de las afueras de Kioto hay que coger un tren cuya línea forma parte del Japan Rail, así que no tienes más que pagar lo que te cueste llegar a la estación central de Kioto. Nosotros, que nos habíamos aficionado a los taxis de aquí, descubrimos el autobús. Era bastante rápido, más económico, y podías ir viendo la cuidad. Se paga con monedas que echas en una maquinita colocada al lado del conductor, justo antes de bajarte en tu parada. En media hora llegábamos allí y diez minutos más tarde estábamos entrando al bosque de bambú.

wpid-wp-1446655761149.jpg

Fuimos un domingo y estaba hasta arriba de gente. Lo que le faltaba a nuestra resaca. El barrio es muy mono, con muchos jardines, templitos y un puente muy bonito, el Togetsukyio, desde donde se pueden observar los cerezos en flor cuando es la época. Pero el día que elegimos no podía ser más agobiante para pasear por las callejuelas. Había miles de tiendas y miles de personas visitando el bosque. La verdad es que nos pareció un poco pequeño y no nos estaba sorprendiendo mucho. Hasta que nos colamos en una parte privada, donde no había nadie, y nos hicimos unas cuantas fotos.  A los pocos minutos apareció un chaval para decirnos que no podíamos estar ahí. Hasta para echarte de sus tierras son educados los japoneses.

Lo que nos llamó mucho la atención fue la cantidad de chicas que iban vestidas con sus trajes tradicionales, los kimonos, y se paseaban por allí, haciéndose posados y echando la tarde. Mis amigas y yo, Irene, nos imaginábamos como sería vestirnos de chulapas un domingo cualquiera e irnos a hacer selfies a la plaza mayor, con bocata de calamares incluido. Seguramente acabaríamos haciéndonos fotos con algún guiri.

wpid-wp-1446657212655.jpg

Empezaba a refrescar, y nosotros, que somos de sangre caliente, llevamos muy mal el frío. Así que decidimos irnos a casa a descansar y pasar nuestra última noche en el maravilloso apartamento de Kioto. ¡Gracias Kite una vez más!

Hakone

Dejamos Kioto y cogimos, previa reserva, un shinkasen (tren bala) que nos llevó hasta Odawara, y de allí un bus hasta Hakone. Hakone es una pequeña ciudad a unos 90 km de Tokio, desde donde se puede ver el monte Fuji. De hecho, la ciudad está dentro del parque nacional Fuji-Hakone-Izu. El autobús que hay que coger no entra en el JR, y es bastante caro. Cuesta 1800 yenes (15 pelotas de arroz).

En realidad fuimos hasta allí porque era zona de descanso, junto a un lago muy bonito, el Lago Ashi; y estaba lleno de riokanes con onsen incluido. Nos hacía mucha ilusión pasar una noche de una manera más tradicional, o simularla al menos. A continuación os explicamos lo que son los riokanes y los onsen.

wpid-wp-1446656881610.jpg

Los riokanes son un tipo de alojamiento tradicional japonés, que se usaba antiguamente para hospedar visitantes a corto plazo. Sin embargo, quedarte en uno de ellos ahora es un lujo. Se trata de una habitación diáfana con tatami para dormir en el suelo y puertas correderas de madera. Lo que te imaginas cuando piensas en un hogar japonés. Para los de nuestra generación, como la casa de Ranma.

Nosotros encontramos un hotel con habitaciones que simulaban un riokan, y nos salía más económico. El hotel Musashiya, que nos costó unos 44 euros por cabeza, tenía además onsen privado. Éstos son los típicos baños japoneses de aguas termales en los que hay que entrar completamente desnudo y están separados para hombres y mujeres.

wpid-wp-1446657042829.jpg

Llegamos al hotel y fuimos directos a nuestra habitación/riokan para ver qué teníamos que hacer exactamente. Allí estaba una señora ultra mega graciosa preparándonos el té en una mesita con sillas sin patas. Nos explicó en japonés que teníamos que ponernos una bata y sentarnos para tomar un té verde, que estaba malísimo. Algo mágico ocurrió en ese momento porque le entendíamos perfectamente todo lo que estaba diciendo. Además, nosotros le contestábamos en español, ¡y ella también nos entendía! Creemos que hemos desarrollado una especie de superpoder de traducción instantánea. Ya era hora.

Tras el té, y antes de darnos un baño en el onsen, nos fuimos a aprovechar los últimos rayos de sol y con un poco de suerte, ver el monte Fuji. Estaba bastante nublado y no teníamos muchas esperanzas puestas en ello. Pero bajamos al lago y allí estaba, frente a nosotros en gran volcán japonés con su forma triangular perfecta. No olvidaremos nunca ese momento.

wpid-wp-1446656610761.jpg

Nos quedaba por darnos el baño en el onsen. Lo malo es que Víctor no podían venir con nosotras porque al tener que entrar desnudos, esta prohibidísimo mezclar géneros. Hay otro tema que también está prohibido en los onsen y que nos tenía muy preocupados: los tatuajes. Se supone que no puedes entrar en uno si estás tatuado, y nosotros, que tenemos todo el cuerpo lleno, nos veíamos llenos de esparadrapo intentando disimular algo.

Al final nadie nos dijo nada y nos metimos en los onsen. Víctor en el de hombres, y nosotras en el nuestro, que no había nadie. Antes de meterte en la piscina de agua termal tienes que lavarte a conciencia. Es obligatorio. Nosotras nos pusimos a ello y según nos sentamos en las sillitas que hay delante de las duchas, me caí de culo para atrás y me quedé espatarrada con las piernas para arriba como una cucaracha. Menos mal que estábamos solas, aunque se nos debían oír las risas por todo el hotel.

Nos lavamos, a fondo, todo con productos de la marca Shiseido, (amo Japón), y nos metimos en el agua que estaba a unos 40 grados. Qué dolor de cuerpo. Nos sentíamos como gyozas cocinándose al vapor. Aguantamos un rato pero es complicado porque te baja muchísimo la tensión. En este hotel había dos piscinas, una que está al aire libre y otra interior, con cristalera para ver el paisaje. La exterior mola mucho porque te arde el cuerpo pero notas el frío en la cara.

wpid-wp-1446688963200.jpg

Había sido un día muy completito aunque lo de cenar se nos complicó un poco. Era tarde y no había nada abierto así que acabamos tomando pizza en el único sitio que vimos. No es normal que no haya sitios abiertos en Japón. Pasó en Hakone porque ya era temporada baja, pero si no encuentras nada, siempre te queda la opción de ir a un supermercado y comer sándwiches, bolas de arroz o platos preparados. Encima en todos hay wifi gratis, para los que no alquiléis el wifi portátil.

Ha llegado el momento de que os expliquemos bien qué son esas pelotas de arroz que nos vuelven tan locos. Se trata de un triángulo de arroz rodeado por alga nori seca (tipo temaki) y esta relleno de algo. Los hay de atún con mayonesa, que es mi favorito; de algas; de cerdo picante; de verdura; de huevas; de tortilla… De todo lo que te puedas imaginar. Tiene un abre-fácil y cuesta entre 110 y 140 yenes (1 euro aprox). Es frío y está ultra rico. Podríamos vivir de ellos, y de hecho lo estamos haciendo.

wpid-wp-1446688956861.jpg

El caso es que siempre nos acabamos enganchando a algo. En este país han sido las pelotas de arroz. Esta vez el vicio ha sido más sano que nunca.

Pueden ver fotos y vídeos de Japón, en la web amiga del viajero Rafa, clicando en este enlace http://micamara.es/japón

One thought on “Arashiyama y Hakone

  1. Pingback: Resumen de Japón - Blog de viajes - Madrid ya no nos quiere

Deja un comentario